| Denunciante Popular
| Respuesta: Amor Bicentenario "Las parejas más representativas." Mariano Ospina y Bertha Hernández. Amor en el poder  Pocas parejas fueron tan activas en materia política como la formada por Mariano Ospina Pérez –presidente de la República entre 1946 y 1950–, y Bertha Hernández. Nacidos ambos en Medellín, se casaron el 18 de julio de 1926 y estuvieron juntos durante 50 años, hasta el fallecimiento de Ospina en 1976. La pareja contrajo nupcias justo en el momento en que el futuro mandatario comenzaba el ascenso de su carrera política y había dejado atrás sus amores con Helena Ospina Vásquez, hija de su tío Pedro Nel Ospina, también presidente de Colombia. Fruto de la unión nacieron Mariano, Rodrigo, Fernando, Gonzalo y María Clara Ospina Hernández. Ignacio Torres y María Cano. Amor rebelde  La primera líder política en Colombia que luchó por los derechos de los trabajadores –y fue proclamada por ellos como “La Flor del Trabajo”–, tuvo una relación intensa a lo largo de su vida con Ignacio Torres, el líder sindical antioqueño que la siguió durante varios años en sus giras políticas alrededor de diferentes zonas obreras del país. En 1925, Torres la describió así: “Menudita, ágil y de bien distribuidas formas. De talle fino y manos y pies pequeñitos, blanca aperlada, de cara ya marchita”. Pese a que fueron detenidos y encarcelados en varias oportunidades, se mantuvieron juntos en la lucha por los derechos obreros y en 1926 fundaron el Partido Socialista Revolucionario (PSR). Eduardo Santos y Lorencita Villegas  Sellaron su promesa de amor en la iglesia de La Veracruz en Bogotá, cuatro años después de que Santos le comprara al hermano de Lorencita el diario El Tiempo. Ella fue la primera en acompañar a su esposo a las correrías políticas que lo llevarían a la Presidencia en 1938 y marcó un estilo de primera dama muy activa en labores sociales, pero siempre al lado de su marido. Era una pareja elegante, inteligente y discreta, que de manera abnegada aceptó la muerte prematura de su única hija, Clara. En su memoria doña Lorencita levantó decenas de obras sociales por todo el país que don Eduardo continuó después de su muerte temprana. Doris Gil y Helmut Bickenbach. Amor hasta la muerte  Desde que se conocieron en una feria ganadera en Buga a mediados de los cincuenta, Doris Gil y Helmut Bickenbach no se separaron. Su amor era tan fuerte que cuatro meses después de que la paisa se llevara el título de Señorita Colombia en 1957 por el departamento de Antioquia, ella decidió cederle la corona a la virreina Luz Marina Zuluaga para poder casarse con el empresario de ascendencia alemana. El 8 de noviembre de 1958 la pareja se casó frente a 500 invitados, incluidos los ex presidentes Alfonso López Pumarejo y Alberto Lleras Camargo. Cuarenta y cuatro años de matrimonio fueron suficientes para dejar con la boca cerrada a quienes criticaron su decisión. En junio de 2003 la pareja fue asesinada por las Farc tras siete meses de secuestro. Lizardo Díaz y Raquel Ércole . Amor de espectáculo  Más de 50 años de matrimonio confirman a Raquel Ércole y Lizardo Díaz como una de las parejas más sólidas en el mundo del espectáculo. Se conocieron en un Reinado del Café, en Manizales; Lizardo –el popular Felipe del dúo Los Tolimenses– tenía 28 años y Raquel, 16. Pese a la diferencia de edad, el flechazo fue inmediato: cuando regresó a Bogotá Díaz averiguó su teléfono y comenzó a llamarla. Se casaron en 1957 y, hasta la fecha, ambos aseguran que jamás se les ha pasado por la cabeza la idea de separarse. El matrimonio dio tres hijos (Guido, César Augusto y Patricia) y siete nietos. Amor peregrino. Gabriel García Márquez y Mercedes Barcha  Hace 11 años, durante el Foro Iberoamérica celebrado en México, Gabriel García Márquez se presentó: “Yo soy el marido de Mercedes”. Así de simple y así de cierto. Se casaron en 1958, cuando Gabo era apenas un aprendiz de escritor, cuando ni siquiera vislumbraba la gloria. Mayor virtud para Mercedes Barcha, que desde entonces ha sido su soporte en las buenas y en las malas. Célebres son las deudas que adquirió con el carnicero de la esquina para sostener a la familia en México mientras Gabo escribía Cien años de soledad; y célebre también es la frase que pronunció cuando ambos enviaron la novela por correo a Buenos Aires, en busca de un editor: “Solo falta que sea mala”. Gaba, como se le conoce cariñosamente a Mercedes, es la que le organiza las finanzas a Gabo y la que da el visto bueno para las inversiones… y para los amigos. Mercedes no solo es su gran amor; también su conciencia. Los suicidas del Sisga.
Amor inmortal La imagen no puede ser más elocuente ni más estremecedora: la de una pareja de campesinos que decide tomarse una última foto antes de lanzarse a la muerte en las aguas de la laguna del Sisga. Sucedió en 1965 y le sirvió a Beatriz González, una de las artistas más sobresalientes de Colombia, para elaborar una obra de intensidad sobrecogedora, uno de los hitos del arte nacional. Ella misma dice que no le interesaba la historia de la pareja, sino la imagen. Pero la imagen dejó sentada la historia: una foto casi matrimonial, un testimonio de un amor que, por imposible, sería eterno. Florentino Ariza y Fermina Daza. Amor paciente  Inspirado en la historia de amor de sus propios padres, García Márquez traza en El amor en los tiempos del cólera una epopeya de la romántica espera: la que Florentino Ariza sufre gracias a su amor por Fermina Daza. Un amor imposible, un amor intenso, un amor eterno, un amor paciente ajeno al tiempo y al espacio que García Márquez cose con la genialidad de alguien que ha sabido amar. Los protagonistas, ya épicos, desbordaron la novela y hasta cobraron vida propia en el cine en las figuras de Javier Bardem y Giovanna Mezzogiorno, en la película de Mike Newell estrenada en 2006. Lucho Bermúdez y Matilde Díaz. Amor de fiesta  Las nuevas generaciones no lo saben, pero hace cincuenta años era imposible hablar de Lucho Bermúdez sin asociarlo con Matilde Díaz. Y viceversa: hablar de Matilde Díaz derivaba inmediatamente en Lucho Bermúdez, uno de los compositores colombianos más prolífico. El maestro construyó su gloria, en muy buena medida, gracias a la voz de esa cantante excelsa que conoció a mediados de los años cuarenta y que armonizaría perfectamente con la orquesta que organizaba entonces. La fusión no solo fue melódica: terminaría en un romance que duró 18 años y que dejó como fruto varios discos inmortales y una hija: Gloria María. Las giras, los compromisos y los fandangos hicieron inevitable la ruptura, pero ya habían pasado a la historia. Judy Henríquez y Bernardo Romero Pereiro. Amor sin melodrama  Cuando Judy conoció a Bernardo, ella estaba protagonizando su primera telenovela: Destino: la ciudad. De entrada, no la impresionó y su corazón pertenecía al actor Carlos Duplat. Pero Bernardo no se rindió y cuando Duplat se fue a estudiar a Europa, la conquistó. En 1968 se casaron, estuvieron juntos por 37 años y tuvieron dos hijas. Ella actuó en algunas de las historias que él escribió, como Camelias al desayuno, Escalona, Las Juanas y Señora Isabel. Hace cinco años murió Bernardo y Judy sigue frente a las cámaras, con una historia de amor sin final porque asegura que él sigue acompañándola.
Última edición por Wikus; 23-07-2010 a las 11:50:31 |