Denunciante Popular
| Amor Bicentenario "Las parejas más representativas."
Calificación: de
5,00 | se dirá en defensa de la existencia de otros amores Porque siempre habrá amores imposibles, de los platónicos. Y hay amores ridículos todavía y amores intrépidos e inconclusos; imposibles e inconducentes. Habrá hasta el fin de la vida amores otoñales y amores remisos y primeros amores. Y amores perros. Sobrevivirá por siempre jamás el amor al arte. Y algunos –no todos– mantendrán el amor por la camiseta. Sí han cambiado límites y soberanías, pues el amor –tan frágil y tan veleidoso, tan efímero y tan caprichoso– se ha modificado en muchas de sus formas y esencias. Amor revolucionario. Policarpa Salavarrieta y Alejo Sabaraín  Todo estaba listo para que se casaran a mediados de 1810, pero se les atravesó la noticia del grito de independencia el 20 de julio. Desde ese día, su destino quedaría marcado para siempre por una vida de clandestinidad, intrigas y espionaje al servicio de la causa independentista. Fue un amor a distancia: ella desde Bogotá, infiltrada como costurera en las familias españolas, y él dirigiendo el conflicto entre Honda y Ambalema. Cuando Alejo cayó preso, vivieron su romance en cortas y conspirativas visitas en la cárcel. La captura de él daría pistas para la captura de ella, la noche del 10 de noviembre de 1817. Cuatro días después, los dos serían ejecutados. Simón Bolívar y Manuelita Sáenz. Amor patriota  Ella tenía 27 años y un matrimonio a cuestas cuando quedó flechada por el “halo del héroe magnífico y su indudable esplendor”. Desde ese domingo de junio de 1822, cuando Bolívar entró triunfante a Quito, Manuelita decidió dejarlo todo por él. Lo acompañó en el frente de guerra, fue su confidente y soporte en los momentos tristes cuando la Gran Colombia, su gran sueño, amenazaba con derrumbarse. Ni los odios ni las envidias hicieron mella en este romance que por momentos tuvo que vivirse a través de intensas cartas de amor. Ella sobrevivió con el dolor de no verlo morir, de cargar con el odio de todos sus enemigos y de sufrir el destierro y el abandono. Esta historia fue llevada varias veces al cine y la televisión, como en la serie Manuelita Saénz, en 1978. Rafael Núñez y Soledad Román. Amor de escándalo  Él, político liberal reconocido, y ella, hija de una familia acaudalada, decidieron ignorar los preceptos morales de la sociedad colombiana de finales del siglo XIX y se divorciaron de sus respectivas parejas para unirse en una boda civil el 14 de julio de 1877 en París. Su amor sobrevivió a los ataques de los enemigos políticos de él y a los más funestos chismes contra ella hasta que, como en una romántica historia de novela, su unión fue bendecida por monseñor Biffi, justo cuando Núñez era presidente. Tras librar varias batallas políticas Núñez se retiró al lado de su amada en Cartagena, tierra natal de los dos. Efraín y María Amor idílico  Esta pareja, quizá la más famosa de la literatura colombiana, representó el amor puro e intenso, un amor imposible, secreto, atravesado por la incertidumbre y el dolor. Un amor entre dos primos que no pudo realizarse plenamente pero que traspasaría las fronteras en forma de libro y los convertiría en mortales (hombre y mujer de carne y hueso) y a la vez inmortales. Efraín y María y su romance inconcluso fueron los protagonistas de la exitosa novela de Jorge Isaacs, María, publicada en 1867. Una historia que comprobaría que es posible morir de amor. Amor voraz. Arturo Cova y Alicia Barrera (La Vorágine)  Los protagonistas de una de las novelas más importantes en la historia de la literatura colombiana (La Vorágine, de José Eustasio Rivera), personifican una historia de amor tan compleja como apasionada. Arturo, quien huye con Alicia al ver que sus padres desean casarla con un terrateniente, pronto se da cuenta de que su carácter contradictorio será el principal obstáculo para su felicidad. Mujeriego e inestable, Cova decide abandonarla y vuelve a encontrarla tiempo después, luego de que varias mujeres han pasado por su vida. Basta mirar la primera frase de la novela para encontrar la clave de su carácter: “Antes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”.  |