- …Lo usarás con tus amiguitas – me dijo sonriendo-, quiero que tú también te las comas,…
Aquel comentario me encendió por completo: jamás lo había hecho con una chica,… pero dentro de mí crecía un deseo incontrolable de vivir esa nueva experiencia; como nunca para una simple reunión en casa, me esmeré en maquillarme y perfumarme, antes de salir del cuarto y reunirme con mis amigas. Ana Paula estaba muy seria, algo tensa a decir verdad, pero supo mantener el aplomo; yo por mi parte, preferí evitar mirarla, ya que por dentro me consumían los celos: ¡mi mejor amiga, se había vestido cual puta!; zapatos de tacón aguja, pantyes a media pierna color carne, una apretada minifalda y una blusa también blancas,… y que transparentaban que abajo llevaba apenas un escandaloso hilo dental negro y un notorio sostén rojo (¡ni hacer juego siquiera se le ocurrió!); Marisol vino vestida como era su estilo, muy recatada: pantalón de vestir color café, una blusa beige y botas cortas. Liliana estaba divina luciendo un elegante conjunto de blusa y pantalón color melón, y en cuanto a Cristina,… como siempre "vestida para matar": jeans apretadísimos, casi explotando por el enorme culo que se maneja y un escotado top color vino, abierto también atrás, y que sin sostén abajo, exhibía sus descomunales tetas, así como sus grandes pezones erectos; mientras conversábamos y escogíamos música, yo prefería, tras ver un instante los ojos ansiosos con los que Ana Paula veía a Renato de cuando en cuando, girar y posar mi vista en Cristina, quién jugueteando con su melena ondulada, hasta incluso con el delicioso aroma de su perfume (que se notaba donde ella estuviese), ya me tenía totalmente turbada, haciendo que, consciente o no, yo me frotase las piernas una contra la otra, a cada rato.
Conforme avanzaba la velada, se iba aproximando el momento de "motivar" a mis amigas a algo más: tras dar cuenta entre todas (junto con Renato), de unas 3 jarras de ponche de ron, me metí en la cocina, para preparar un cóctel "más motivador". Parada frente a la mesa de la cocina, yo dudaba sobre qué hacer: no sabía yo si echarle a la bebida todas las pastillas que tenía, una sola o qué hacer; además, temía que Liliana o alguna de las chicas descubriese lo que les daba: en ese momento entró Renato, enviado por mis amigas ya que me demoraba yo con las bebidas. Tras explicarle mis dudas, mi enamorado me soltó una imprecación hiriente:
- …¡Bah; nunca sabes tú nada!,…
La desazón que tenía yo por la forma como me trataba desapareció de pronto, al quedarme yo turbada por lo que comenzó a hacer: ¡como un experto escogió varias pastillas al ojo, para luego molerlas con sus manos, agregándolas a la bebida!,… por un instante comencé a preguntarme si Renato tal vez me había dado algo, cuando me entregué a sus amigos; pero no tuve tiempo para preguntármelo: salí de la cocina rumbo a la sala, siguiéndolo.
Las chicas no se percataron de nada: como si nada dieron cuenta de esa y otras tres jarras de licor preparadas por mi novio; no sé si por efecto del cóctel con droga o qué, pero las chicas comenzaron a reír de toda ocurrencia que pasaba. Yo también bebí algunos vasos de esa bebida, pero tal vez por que sabía yo lo que vendría, solo sentía lo mismo que en la fiestita anterior: todo mi cuerpo vibraba hasta casi no poder controlarme: es más, cada vez que por cualquier motivo, alguna de mis amigas, por efecto de la borrachera, se topaba conmigo, casi me mojaba yo sin remedio; tal era mi ansiedad que el más mínimo roce con la piel de alguna de las chicas, hacía que mi coñito casi me ardiese de la calentura. Hice hasta lo imposible por no ir al baño junto con alguna de ellas: temía que terminase yo haciendo una locura, al tener ante mis ojos sus rajitas húmedas,… mmm,…
Una vez terminadas las bebidas que teníamos, ya medio chispeada, les anuncié a mis amigas "que me habían regalado un licor exótico"; tras explicarles las supuestas propiedades de tal bebida, todas soltaron una sonora carcajada: definitivamente ya estaban bien ebrias,… y tal vez algo más:
- …¡Pues tráelo hija!,… - dijo eufórica Cristina-, ¡vamos a ver si es verdad tanta belleza, JAJAJAJA!!!,…
- …Pero,… ¿y si nos hace efecto? –, dijo entonces Ana Paula, algo preocupada.
- ¡Bah: si es así, el que saldrá perdiendo será Renato, jajajaja!!! – exclamó Cris muy suelta de huesos, mientras que a Ana Paula se le encendía el rostro de felicidad. Quería yo matar a mi amiga,…
- …No sé,… no,… -intervino entonces Marisol. Ya estaba ebria-, …yo ya estoy borracha,… creo que me voy a mi casa,…
- Tranquila Mari,… -dijo entonces mi enamorado, para ella y para todas-, quédate un rato más y si les da sueño, se acuestan en mi cama: yo dormiré en el sofá,…
Tras la presión de las demás, Marisol accedió a quedarse y no se habló más del asunto; en verdad, todas nos estábamos divirtiendo mucho: riendo con los chistes colorados de Cristina, bebiendo, bailando entre nosotras y con Renato; poco a poco, se fueron notando varios cambios entre las chicas: todas comenzaron a mostrar sus rostros muy encendidos; sudaban a mares y también comenzó a notarse que, atontadas, hacían caso a cualquier cosa que se les sugiriese: como cuando Renato sugirió que Liliana y Ana Paula se sentasen en sus piernas al mismo tiempo, para tomarse una foto. Asimismo, cada vez que las chicas bailaban entre sí –o conmigo-, acercaban sus cuerpos más y más, mostrando en sus contoneos, una lascivia que se acrecentaba a cada segundo: yo sentía cómo mis pezones se me erectaban de solo verlas actuar así, mientras que mi enamorado disfrutaba de verlas, acariciándose por encima del pantalón, su aparato ya duro, esperando pacientemente el momento que tanto deseaba. También las chicas tardaban cada vez más, cuando iban al baño: tal era el ardor de excitación que sentían en todo el cuerpo, que corrían a refrescarse, regresando tambaleantes, y con la ropa empapada.
Marisol fue la primera en "enterrar el pico": sin la costumbre de beber tanto, se derrumbó en el sofá, ebria a más no poder; como ida, la cargamos entre todas, y la acostamos en la cama de Renato. Liliana trataba de mostrar autocontrol, pero se notaba que luchaba contra la situación: estaba completamente atontada, y sudaba tanto que parecía que se abrasaba, dudando de rato en rato si abrirse la blusa o no. Disimulando, nos dijo que iba al dormitorio, "a ver si Marisol estaba bien".