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Antiguo 21-07-2010 , 20:04:58   #3
german200322
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german200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputaciongerman200322 conoce todos los secretos de la reputacion
  
Predeterminado Respuesta: Por bocona me dieron con todo

- …..¡AYYYYYY; ACEPTOOOOO!!!!,…

Ya estaba hecho y no había forma de poder evitarlo. Mi novio gozaba de su momento de triunfo sobre mí, mientras miraba al techo del cuarto, precisando las condiciones: me la ponía muy difícil,… sólo dos semanas para organizar una fiestita, en la cual Renato me cogería a mí y a cuatro de mis amigas,… todo lo inverso a la vez anterior. Luego Renato escogió a quienes debía yo llevar – con engaños o como sea-,… me turbó cuando escogió de entre mis amigas como quien pide un menú; las elegidas fueron: Ana Paula, mi mejor amiga de la infancia; piel blanca, melena y ojos azabache y una espigada figura de modelo. El que mi novio escogiese a Ana Paula fue lo que más me dolió: sabía yo que mi amiga había visto con mucho interés a Renato cuando lo conoció y aún él no era mi novio. La siguiente elegida fue Marisol, una tímida vecina mía, delgadita, bajita, con cara de niña buena, tetitas diminutas y culito estrecho. Mis celos se encendieron cuando Renato pidió también a Liliana, una joven doctora, compañera mía del tiempo de universidad y que era deseada por mi enamorado y todos sus amigos y no era para menos: labios gruesos y excitantes, ojos color caramelo, piernas bien torneadas, caderas anchas, una cintura de colegiala y unos senos parados y duros como piedra.

La última fué la que podía yo esperar: Cristina, la de las enormes tetas,… la más desenfadada de entre mi círculo de amigas, ¡seguro que si a ella le contaba todo, la muy marrana se anotaría de inmediato!,… aunque a decir verdad, Cristina era una elección que yo también hubiese hecho; su belleza me había ocasionado –desde que la conocí-, que surgiesen en mí deseos lésbicos que jamás había yo imaginado tener; mi amiga era toda carne deseosa: unos senos inmensos que paraban el tráfico, cada vez que se ponía remeras ajustadas, lo cual, unido a su piel canela, sus ojos de devoradora de hombres y un culo de campeonato, la hacían ser el objeto del deseo de todo el vecindario.

La primera semana del plazo establecido no avancé casi nada: lo único que pude es derrumbarme una noche, llorando como una criatura sobre las piernas de Ana Paula, contándole todo de cabo a rabo (menos claro, que había hecho con Renato y sus amigos); tras consolarme, mi amiga me demostró a qué punto su amistad para conmigo era inmensa:

- …(Suspiro) Está bien, Esther: lo haré contigo y tu novio,… ¡mierda, en los líos que te metes por orgullosa!,…

Conforme me acercaba a otro fin de semana, estaba yo a punto de explotar: les había dicho a mis amigas que celebraríamos un año más de novios con Renato, con una fiestecita en su depa,… pero nada más; ¡mierda!, ¿cómo le iba a hacer para que el resto accedan???,… desesperada como estaba salí a comprar lo que sea, como una loca: somníferos, hipnógenos, afrodisíacos,… ¡como no sabía yo nada de eso, cuántas veces me habrán estafado!,… ya faltando un día para la fiesta, apelé al consejo de la empleada de mi mamá: había una bebida, de la selva del Perú, que según ella "enciende hasta los muertos"; nunca olvidaré su nombre: Guanarpo Negro. Como yo no sabía del asunto, ella me lo fué a comprar "…no vaya a ser que le den gato por liebre, señorita,…", me dijo. Finalmente la empleada de mi mamá vino trayéndome la bebida esa de su tierra: un botellón de 5 litros, de un aguardiente negro, en el cual al fondo maceraban unas raíces y cortezas. Todo listo: o cumplo mi palabra empeñada, o pierdo para siempre a cuatro buenas amigas: qué sea lo que Dios quiera, pensé.

Sábado en la noche, una vez más. Mi cuerpo estaba de nuevo vibrando a mil por hora, mientras me alistaba para dar inicio a la fiesta. A pedido de Renato, me comencé a calzar el mismo atuendo que usé con los chicos: el vestido negro de una pieza, de mangas largas, con una faldita de vuelos, panties negras con liguero, zapatos de tacón y en esta ocasión, sin bragas. Mientras recogía mi cabellera en una cola francesa, mirándome al espejo, pensaba en yo si Cristina me consideraría atractiva, mientras sentía mi rajita humedecerse, imaginándome a mis amigas desnudas. Cuando el timbre del depa de Renato sonó, mi enamorado se acercó a mí, dándome a guardar algo bajo la cama: ¡se me escarapeló el cuerpo por completo al tenerlo en mi mano!; era un dildo,… un pene rígido, negro, con protuberancias redondas en la base –dizque para dar placer-, con rudas correas de cuero, ¡pero era inmenso: mi mano apenas abarcaba su grosor y de largo tenía, mínimo, unos 18 centímetros!!!,… me puse pálida, con angustia le ví desesperada, pensando en que me mataría, si me intentaba meter eso por la concha o por mi culito. Renato adivinó mi desazón:

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