- …..¡AYYYYYY; ACEPTOOOOO!!!!,…
Ya estaba hecho y no había forma de poder evitarlo. Mi novio gozaba de su momento de triunfo sobre mí, mientras miraba al techo del cuarto, precisando las condiciones: me la ponía muy difícil,… sólo dos semanas para organizar una fiestita, en la cual Renato me cogería a mí y a cuatro de mis amigas,… todo lo inverso a la vez anterior. Luego Renato escogió a quienes debía yo llevar – con engaños o como sea-,… me turbó cuando escogió de entre mis amigas como quien pide un menú; las elegidas fueron: Ana Paula, mi mejor amiga de la infancia; piel blanca, melena y ojos azabache y una espigada figura de modelo. El que mi novio escogiese a Ana Paula fue lo que más me dolió: sabía yo que mi amiga había visto con mucho interés a Renato cuando lo conoció y aún él no era mi novio. La siguiente elegida fue Marisol, una tímida vecina mía, delgadita, bajita, con cara de niña buena, tetitas diminutas y culito estrecho. Mis celos se encendieron cuando Renato pidió también a Liliana, una joven doctora, compañera mía del tiempo de universidad y que era deseada por mi enamorado y todos sus amigos y no era para menos: labios gruesos y excitantes, ojos color caramelo, piernas bien torneadas, caderas anchas, una cintura de colegiala y unos senos parados y duros como piedra.
La última fué la que podía yo esperar: Cristina, la de las enormes tetas,… la más desenfadada de entre mi círculo de amigas, ¡seguro que si a ella le contaba todo, la muy marrana se anotaría de inmediato!,… aunque a decir verdad, Cristina era una elección que yo también hubiese hecho; su belleza me había ocasionado –desde que la conocí-, que surgiesen en mí deseos lésbicos que jamás había yo imaginado tener; mi amiga era toda carne deseosa: unos senos inmensos que paraban el tráfico, cada vez que se ponía remeras ajustadas, lo cual, unido a su piel canela, sus ojos de devoradora de hombres y un culo de campeonato, la hacían ser el objeto del deseo de todo el vecindario.
La primera semana del plazo establecido no avancé casi nada: lo único que pude es derrumbarme una noche, llorando como una criatura sobre las piernas de Ana Paula, contándole todo de cabo a rabo (menos claro, que había hecho con Renato y sus amigos); tras consolarme, mi amiga me demostró a qué punto su amistad para conmigo era inmensa:
- …(Suspiro) Está bien, Esther: lo haré contigo y tu novio,… ¡mierda, en los líos que te metes por orgullosa!,…
Conforme me acercaba a otro fin de semana, estaba yo a punto de explotar: les había dicho a mis amigas que celebraríamos un año más de novios con Renato, con una fiestecita en su depa,… pero nada más; ¡mierda!, ¿cómo le iba a hacer para que el resto accedan???,… desesperada como estaba salí a comprar lo que sea, como una loca: somníferos, hipnógenos, afrodisíacos,… ¡como no sabía yo nada de eso, cuántas veces me habrán estafado!,… ya faltando un día para la fiesta, apelé al consejo de la empleada de mi mamá: había una bebida, de la selva del Perú, que según ella "enciende hasta los muertos"; nunca olvidaré su nombre: Guanarpo Negro. Como yo no sabía del asunto, ella me lo fué a comprar "…no vaya a ser que le den gato por liebre, señorita,…", me dijo. Finalmente la empleada de mi mamá vino trayéndome la bebida esa de su tierra: un botellón de 5 litros, de un aguardiente negro, en el cual al fondo maceraban unas raíces y cortezas. Todo listo: o cumplo mi palabra empeñada, o pierdo para siempre a cuatro buenas amigas: qué sea lo que Dios quiera, pensé.
Sábado en la noche, una vez más. Mi cuerpo estaba de nuevo vibrando a mil por hora, mientras me alistaba para dar inicio a la fiesta. A pedido de Renato, me comencé a calzar el mismo atuendo que usé con los chicos: el vestido negro de una pieza, de mangas largas, con una faldita de vuelos, panties negras con liguero, zapatos de tacón y en esta ocasión, sin bragas. Mientras recogía mi cabellera en una cola francesa, mirándome al espejo, pensaba en yo si Cristina me consideraría atractiva, mientras sentía mi rajita humedecerse, imaginándome a mis amigas desnudas. Cuando el timbre del depa de Renato sonó, mi enamorado se acercó a mí, dándome a guardar algo bajo la cama: ¡se me escarapeló el cuerpo por completo al tenerlo en mi mano!; era un dildo,… un pene rígido, negro, con protuberancias redondas en la base –dizque para dar placer-, con rudas correas de cuero, ¡pero era inmenso: mi mano apenas abarcaba su grosor y de largo tenía, mínimo, unos 18 centímetros!!!,… me puse pálida, con angustia le ví desesperada, pensando en que me mataría, si me intentaba meter eso por la concha o por mi culito. Renato adivinó mi desazón: