Las balizas de letras.
Estas son estaciones de radio que emiten constantemente una letra en código Morse (en su versión cirílica), siempre la misma, una y otra vez. Aparentemente no hacen nada más, o al menos no hacen nada que la comunidad amateur haya logrado entender; y algunos cuentan con equipos y conocimientos francamente sofisticados. Por eso y porque se confunden fácilmente con las radiobalizas aeronáuticas NDB que también transmiten su identificador en Morse (aunque no en onda corta), han venido a denominarse balizas de letras.
Aquí las especulaciones son mucho más variadas, puesto que nadie parece entender su verdadera función. Muchas de ellas han sido trazadas a bases navales de la flota antes soviética y ahora rusa. Unos creen que constituyen marcadores de propagación, para saber qué frecuencias responden mejor en cada momento determinado. Otros, que se trata de indicadores para canales de transmisión naval relacionados con la flota de superficie, submarina e incluso fluvial. Los de aquí, que en realidad sirven para el seguimiento de satélites. Los de allá, que son para la defensa civil. Vaya, que nadie tiene ni idea. Al menos, nadie que esté dispuesto a publicarlo.
Hay al menos doce balizas de letras, todas ellas ubicadas en territorio de la antigua Unión Soviética y la mayor parte en Rusia. Convencionalmente se agrupan en dos categorías: las agrupadas y las solitarias. Las agrupadas se llaman así porque transmiten en frecuencias muy próximas, separadas exactamente cien hertzios entre sí. Y las solitarias reciben su nombre por hacerlo en frecuencias propias, que no parecen relacionadas con las demás. A veces, alguna de estas (notoriamente la "P") interrumpe su emisión para transmitir una rápida secuencia en código Morse o de tipo digital. Por lo demás, ahí están, comunicando al mundo día y noche una única letra una y otra vez.
El zumbador.
Otras personas han deducido otros posibles usos más siniestros para estas oscuras emisoras; sobre todo, a partir de la aparición de otra denominada el timbre, el zumbador o UVB-76. Como su apodo indica, suena como un timbre o zumbador pitando veinticinco veces por minuto, 24 horas al día, 365 días al año, en 4625 kHz y otras frecuencias próximas. Durante unos cincuenta minutos al día, de 7:00 a 7:50, transmite con menor potencia; se postula que le hacen el mantenimiento en ese rato. Ha sido trazada hasta una instalación militar en Povarovo, cuarenta kilómetros al noroeste de Moscú.
Si las balizas de letras ya son raras e incomprensibles, el zumbador resulta marciano por completo. Fue detectado por primera vez en 1982, aunque probablemente ya llevaba emitiendo una buena temporada. Muy ocasionalmente, la transmisión se ha interrumpido para pronunciar unas palabras en clave. Con más frecuencia se han escuchado voces y ruidos de fondo, como si hubiera un micrófono abierto todo el tiempo o buena parte de él. De hecho, parece que el pitido no se inyecta directamente en el circuito, sino que se capta del sonido ambiente en el misterioso estudio. Su sonido característico ha cambiado en al menos dos ocasiones; la más reciente, el mes pasado (junio de 2010), después de una serie de transmisiones en Morse y politonos.
Los rumores y especulaciones sobre este zumbador son extensos y variados. Generalmente se le vincula al Estado Mayor Ruso, y no son pocos quienes piensan que está relacionado con el mecanismo de mano del hombre muerto Perimetr; vamos, que si este zumbido cesara (en solitario o junto a otras señales desconocidas), todo el sistema ruso de represalia termonuclear se activaría. Otros, menos temibles, opinan que puede ser una variante sobre las más conocidas estaciones de números, un sistema de telecomunicaciones para el Distrito Militar de Moscú e incluso un sistema de investigación ionosférica similar al HAARP.
Existió durante muchos años una versión occidental de Zumbador, llamada la emisora de música hacia atrás por los extraños sonidos que transmitía; estuvo trazada a los Estados Unidos y el Reino Unido, pero aparentemente desapareció en 2004. Se comenta que se han pasado a Internet, ahora que está ya controlada por completo, o a redes más seguras. Zumbador, en cambio, continúa activo y cualquiera diría que sigue siendo actualizado y modernizado, sea para lo que sea que haga.
Estaciones de números, balizas de letras, Zumbador: emisoras secretas que nadie reconoce, que el mundo ignora y que indudablemente forman parte de los mecanismos más secretos y delicados de las naciones. Quizá habrá que esperar a que nos lo cuente la historia pues, en casi medio siglo, nadie parece haber estado dispuesto a salir y hablar.