Dejando a un lado el hecho en que el coronel Plazas o el General Arias sean o no culpables, ese proceso está pegado con babas y nos encontramos frente a un flagrante violación del derecho colombiano: El debido proceso, la presunción de inocencia y el in dubio pro reo fueron echados a la caneca de la basura.
Testigo de Palacio de Justicia se estaba vengando, dice defensa del general (r) Arias Cabrales
Hay varias declaraciones que desvirtúan el testimonio de uno de los testigos clave de la Fiscalía.
Según la defensa, el testigo pretende endilgarles a las Fuerzas Militares hechos delictivos porque fue despojado de su libertad condicional, en una petición anterior del coronel (r) Alfonso Plazas Vega.
La Defensa del general (r) Jesús Armando Arias Cabrales reiteró la versión que han sostenido varios militares investigados por los 11 desaparecidos del Palacio de Justicia, en la que desvirtúan el testimonio de uno de los testigos claves de la Fiscalía en esta investigación.
Uno de los que ha desvirtuado este testimonio es el coronel (r), condenado en primera instancia a 30 años por estos hechos, Alfonso Plazas Vega.
En la diligencia, la defensa del general Arias Cabrales sostuvo que el cabo segundo, Tirso Sáenz Acero, no estuvo en los hechos del Palacio de Justicia como declaró, ni manejó uno de los tanques que entró al Palacio.
Por medio de una presentación audiovisual, la defensa aseguró que Sáenz no estuvo presente en los hechos del Palacio, ocurridos el 6 y 7 de noviembre de 1985, porque estaba detenido, con 12 meses de prisión impuestos en un Consejo de Guerra, por haberse robado un dinero en un allanamiento.
Agregó que Sáenz miente en su versión porque asegura haber empleado una ametralladora cuyo calibre no existe. "Esta arma no existe en Colombia ni en el mundo" dijo la defensa del general. "También es contradictorio que el declarante haya dicho que tomó un curso de blindado, pero no recuerda la fecha ni coincide con el lapso que toma esta preparación" añadió.
Por otro lado, rechazó la versión de Sáenz, quien aseguró haber conducido un tanque Ururutú, en el que fueron transportados por los menos seis civiles desde el Palacio al Cantón Norte.
Según Tirso Sáenz él pertenecía a la Escuela de Caballería en 1985, condujo uno de los tanques que entró al Palacio y tuvo conocimiento de que varios civiles fueron llevados a la Escuela de Caballería, a quienes luego de ser sometidos a interrogatorios que incluyeron torturas, fueron asesinados.