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Antiguo 16-05-2010 , 15:20:07   #1730
Μαδt
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Predeterminado Respuesta: Ateismo - Topic Oficial

SIMPLICIDAD Y TRASCENDENCIA DE DIOS

La simplicidad es el atributo más característico o radical de Dios, la nota que lo distingue más radicalmente de lo que no es Dios. O, en otros términos, la nota más característica y radical de las creaturas en comparación con Dios en su complejidad o composición; la perfección de Dios es simple; la de las creaturas es compleja. De ahí que al tratar de la simplicidad de Dios como de su atributo primario, se trata a la vez de la trascendencia de Dios sobre todas las creaturas.

El modo de entender la simplicidad de Dios será, conforme al método indicado, ir negando en él los diversos modos de composición que encontramos en las creaturas, que son, de menor a mayor interioridad, los siguientes: composición extrínseca (adunación de cosas distintas) y composición intrínseca (interior a cada cosa), y ésta puede ser accidental (de los accidentes entre sí o de los accidentes con la sustancia) o sustancial, que a su vez puede ser lógica (bien de género con diferencia específica o de lo esencial con lo accidental predicable) o real, y ésta puede ser física (tanto de partes dimensivas como de partes esenciales) o metafísicas (composición de naturaleza y persona, y composición de esencia y existencia). Iremos, pues, viendo ordenadamente la simplicidad y trascendencia de Dios sobre los diversos órdenes de composición, con lo cual irá quedando también patente la unidad de simplicidad en contraposición a la unidad de composición de las cosas distintas de Dios.

1) Inmaterialidad y espiritualidad de Dios. Que Dios sea completamente simple, en contraposición a los seres compuestos de materia y forma, es decir, que sea totalmente inmaterial o espiritual, es fácilmente comprobable fijándose en el término de las cinco vías de acceso a Dios.

Al ser primer motor inmóvil, no puede ser material, porque lo material mueve moviéndose o, al menos, es movible, por ser algo potencial y determinable. Al ser primera causa, agente por esencia, no puede ser material, porque lo material es pasible por naturaleza. Al ser necesario y a la perfección por esencia le repugna la composición de materia y forma, porque ello supondría limitación o participación. Tampoco la primera inteligencia, ordenadora universal, puede ser material, tanto por razón de su intelectualidad como por razón de su universalidad causal.

Este concepto trascendente de Dios (no siempre logrado, singularmente en la idolatría y en el panteísmo) no tiene por qué resultar intelectualmente difícil. Sin embargo, el lenguaje humano sobre Dios difícilmente puede prescindir de expresiones antropomórficas, tan frecuentes incluso en una religión positiva tan elevada como es la judeo-cristiana.

2) Simplicidad metafísica de Dios. Dios trasciende a todo espíritu creado, sobre todo por su mayor simplicidad en la perfección: Dios está por encima de la «composición metafísica» de todos los seres creados; en Dios no se da composición de naturaleza y persona, ni de esencia y existencia.

Resulta, pues, claro en que consiste, en última instancia, la trascendencia absoluta de Dios, su constitutivo formal y su distinción última respecto de todo lo que no es Dios. Esencia o naturaleza significa el principio ontológico (o síntesis de principios) que constituye a una cosa en determinada especie, la hace sujeto de propiedades y operaciones, y la diferencia radicalmente de las demás. Persona (= sujeto, supuesto, individuo) es el individuo subsistente de naturaleza intelectual (Santo Tomás) o sustancia individual de naturaleza racional (Boecio).

Existencia significa el acto de ser, la perfección intensiva última de todo lo real que es más que el mero perdurar temporal. Que Dios sea una naturaleza o esencia (divinidad), que sea persona, y que sea existente o existencia es fácil de advertir con mirar al término de las demostraciones de la existencia de Dios: no sólo es existente y principio de toda existencia, sino ser necesario por naturaleza, fuente de toda perfección e inteligencia ordenadora de todas las cosas; es decir, naturaleza suprema fuente de todo existir.

Con igual rigor se puede concluir que en Dios no se da distinción real alguna entre naturaleza, persona y existencia, y en eso precisamente esta su más radical distinción respecto de las creaturas.

No distinción entre naturaleza y persona, porque esta distinción, reconocida en el hombre, presupone otra complejidad en que se funda: el hecho de la individuación por la materia, con la consiguiente distinción entre lo específico y lo individual en cada naturaleza existente. La distinción entre lo accidental o transitorio y lo sustancial y permanente; la distinción entre la naturaleza y su actuación existencial.

De ahí que la persona humana no sea naturaleza, ni sea accidentes, ni sea existencia, sino que tiene naturaleza, tiene accidentes, tiene existencia. Dios, en cambio, en quien no hay composición de materia y forma, ni de sustancia y accidentes, ni de esencia y existencia (como veremos), no tiene existencia, sino que es existencia, no tiene divinidad, sino que es divinidad, y ni tiene ni es materia o accidentes.

Por otra parte, de mediar tal distinción real y suponer composición de naturaleza y persona, ambas partes se limitarían mutuamente y la naturaleza tendría razón de forma en el conjunto, todo lo cual repugna a Dios, Acto puro y Subsistente, según quedó descubierto en el término de las vías, que nos llevaron a la «natura naturans», naturaleza subsistente y operativa.

No distinción real entre naturaleza y existencia, no solo porque el existir de Dios es esencial (tercera vía), sino porque la distinción real y consiguiente composición de esencia y existencia implicaría dependencia de la existencia respecto de la esencia o de un tercer principio distinto (lo cual repugna a Dios como Primera Causa incausada), y que la existencia (que es «forma de las formas») actuaría la potencialidad correlativa de la esencia, lo cual repugna a Dios. Acto puro.

En conclusión, la existencia es esencial a Dios (no a creatura alguna), y la esencia de Dios es su existir. Dios es el «ipsum esse subsistens».

3) Inmiscuibilidad de Dios con el mundo. No habiendo en Dios composición interna a nivel entitativo ni a nivel sustancial, es fácil concluir que no cabe hacer sobre El composiciones lógicas de género y diferencia, de especie y accidentes predicables. A Dios no se le puede «comprender» en una «definición». Siendo, además, subsistente por esencia, es claro que en Dios no se dan accidentes de ningún orden (ni materiales, ni espirituales, ni estáticos, ni dinámicos). Ello ha de ser tenido muy en cuenta al querer entender las relaciones temporales de Dios con el mundo, o mejor, del mundo con Dios. Con esto tenemos despejado el tema de la simplicidad de Dios en sí mismo. Dios no tiene partes. Pero, ¿es o puede ser Dios parte de un todo con el mundo? Queda esto por dilucidar.

No se trata propiamente de rechazar el panteísmo, que queda suficientemente descartado al constarnos la existencia de un Dios trascendente y personal, completamente simple, y, por tanto, radicalmente distinto de este mundo tan complejo. Tampoco se pueden negar relaciones extrínsecas del mundo con Dios, dada la real y total dependencia que todas las cosas tienen de Dios, que es justamente lo que ha hecho posible el acceso gnoseológico a El. La pregunta es sobre una hipotética composición real e interna de Dios y el mundo, formando un todo unitario. La historia del pensamiento registra, a lo largo de su evolución, ideas muy singulares al respecto.

Recordemos, en primer lugar, como extremo de referencia, la identificación de Dios y el mundo, bien por absorción del mundo en Dios (= acosmismo-panteísta), o bien por absorción de Dios en el mundo (= ateísmo o pancosmismo). Ambas concepciones han revestido históricamente o la forma monista (un solo ser eterno, sea inmutable o en continua transformación), o la forma pluralista, que admite multiplicidad de seres como manifestaciones o emanaciones de un ser único y eterno (Dios o la materia).

La idea de la composición Dios-mundo (mal llamada «semipanteísta», que suena a medio-total) que tratamos de analizar aquí, ha revestido también históricamente dos formas: bien de composición estática, suponiendo que Dios es el alma o elemento formal del mundo (Estoicos, Amalrico de Bene, J. T. Robinson) o incluso su materia prima (David de Dinant), o bien de composición dinámica, y esto o en forma descendente (el alma, emanación sustancial de Dios: Prisciliano, Juan Oria), o en forma ascendente (el alma llega a divinizarse, según las explicaciones de Eckart, M. Molinos y T. de Chardin).

La verdad es que Dios no puede entrar en composición interna con las cosas, ni las cosas con El. En primer lugar, por ser Dios la causa eficiente primera y análoga de todas las cosas, no puede entrar en composición interna con ellas, ni como principio informable ni como principio informante. La causa eficiente, y máxime siendo primera y análoga, difiere completamente del efecto. Además, siendo Dios agente personal, no puede ser parte de un todo unitario, puesto que la condición de parte es incompatible con el ser personal. Igual imposibilidad resulta de considerar que Dios es el primer ser, es decir, ser por esencia (no por participación) y acto puro, pues las partes de un compuesto no son por esencia, sino por participación; y lo que entra en composición deja de ser acto puro sin más.

La vinculación extrínseca del mundo a Dios y la similitud analógica entre ambos términos tiene suficiente explicación en la causalidad eficiente de Dios sobre todas las cosas sin incidir en el panteísmo ni en la confusión o mixtura cosmoteísta.


Última edición por Μαδt; 16-05-2010 a las 15:24:29
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