¿CÓMO LLEGARON A ESTA INSTANCIA?
Brasil y Uruguay deberían disputar el último partido del cuadrangular, ya que éste fue el único Mundial que la definición fue entre cuatro equipos, en el recién inaugurado estadio “Maracaná”, el más grande del mundo. Brasil, por ser el dueño de casa y por la excelente campaña realizada antes y durante el Mundial, eran los favoritos, incluso ninguno de los 200.000 espectadores presentes desde las diez de la mañana (la máxima audiencia para un partido de fútbol en la historia de la humanidad) ni ningún brasileño podían siquiera pensar en una derrota.
Como se trataba de un cuadrangular y el seleccionado anfitrión había ganado sus dos partidos anteriores, mientras que los charrúas habían empatado el primero en dos tantos frente a España y ganaron el segundo por 3 a 2 contra Suecia, con un empate en la final, los dueños de casa se adjudicarían la Copa. 







Confianza que le dicen
Los jugadores brasileños en vistas a lo hecho hasta ese partido y minutos antes de rodar la pelota, le fueron entregados en los vestuarios un reloj de oro para cada uno, que en el dorso, estaban grabados con la siguiente consigna: “Para los campeones del Mundo”.
A la salida del estadio se encontraban once limusinas listas para llevar a cada uno de los jugadores brasileños a sus hogares.
Los principales diarios de Brasil ya tenían sus primeras planas impresas, las carrozas de carnaval estaban preparadas para encabezar el carnaval de los festejos y ya se habían vendido mas de 500.000 camisetas con la inscripción de: “Brasil Campeao 1950”, el estadio se encontraba decorado con pancartas que decían: “Homenaje a los Campeones del Mundo”, además la Casa de la Moneda había acuñado monedas conmemorativas con los nombres de los jugadores brasileños, la banda de músicos presente en el estadio, quienes al finalizar el cotejo debían tocar el himno del ganador, no tenían la partitura del Himno Uruguayo.
Incluso el mismo presidente de la F.I.F.A., Jules Rimet, estaba convencido del triunfo local, en el bolsillo derecho de su saco llevaba un discurso en homenaje a los campeones brasileños, escrito en portugués.
Maracaná = Vietnam
Roque Máspoli, integrante del seleccionado visitante, recuerda algunas de las hostilidades recibidas por la “torcida” brasileña: “Llegamos al Maracaná al mediodía. Y nos habían acercado unos colchones para descansar hasta la hora del partido. Pero el estadio no estaba totalmente terminado, y por algunos huecos en las paredes del vestuario nos molestaban tirando petardos. Parecía que era la guerra y nosotros esquivábamos las granadas”.
Ante la espectacular campaña realizada por el local, los dirigentes uruguayos le pidieron a los jugadores que aunque sea traten de perder por poco para evitar el papelón y que con ese pedido ya estaban hechos, más precisamente les dijeron: “guante blanco (en señal de juego limpio o nuestro Fair Play), ya estamos cumplidos con haber llegado y poder jugar la final”, a lo que Obdulio Varela concluyó con una arenga a sus compañeros diciéndoles: ”no piensen en toda esa gente, no miren para arriba, el partido se juega abajo y si ganamos no va a pasar nada, nunca pasó nada”. El dirigente uruguayo Jacobo, le recomendó especialmente al defensor “cotorra” Míguez que: “traten de no comerse seis, con cuatro estamos cumplidos”, a lo que su compañero Schubert Gambetta respondió: “los de afuera son de palo” y el mediocampista Obdulio Varela les respondió a los dirigentes: “Hechos un carajo, hechos solamente si ganamos...si entramos vencidos es mejor ni salir al campo de juego, no vamos a perder ese partido, y si la hacemos no será por cuatro goles”.
Antes de comenzado el partido, el arquero uruguayo Roque Máspoli, le realizó un expreso pedido al director técnico de su país, Juan López: “los defensores nuestros deben apretar bien a los punteros de Brasil, para que no tiren centros”. A lo que el entrenador respondió con la única indicación de la corta charla técnica: “Bueno muchachos, ahora un huevo en cada zapato y vamos para arriba”. Todavía en los vestuarios, Obdulio Varela juntó a sus compañeros y los aconsejó: “muchachos, si los respetamos a los brasileños, nos caminan por arriba, así que nada de esquemas conservadores, vamos a salir a ganar al partido”.
Una vez en el campo de juego, todos los fotógrafos, retrataban al seleccionado local, así que Eusebio Tejera, con un dejo de clarividencia les gritó: “¡Vengan para acá, que el campeón está acá!”.