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#1 |
Denunciante Notable
| Telekinesis.
Calificación: de
5,00 | Para Lina, Dalia, Juliana Y Jessica. Mujeres eléctricas. -Déjala ser, déjala sacudirse bien –le digo a Felipe quien trata de acapárala. -Ella vino conmigo, así que no hay trampa en esto. -Esa nena baila tan rico, con tanta electricidad que las paredes se pueden caer –grita Andrés-. -Pipe ¡no esperes más de mí! –le dice la nena eléctrica- hoy vine con todos, yo decido con quien hacer las cosas. Separa su cuerpo de Felipe, se desprende de él y comienza a bailar sola, libre, celebramos su decisión y tratamos de acercárnosle. Me arriesgo, le bailo por detrás, tratando de alcanzar su cuerpo por atrás, a la vez Felipe se le acerca por delante, ella, mientras tanto, con su mano derecha agarra mi cabello y su izquierda toca sus pechos por encima de la camisa amarilla que lleva puesta, luego la va bajando lentamente por su abdomen, llegando a su sexo; empuja a Felipe y volteándose pone sus manos en mi trasero. -Esto es una telekinesis Samuel; ¡vamos! No te detengas, frótalo contra mi vagina, pero recuerda Samuel: no esperes más de mí. -No espero nada de ti –le digo al tiempo que voy sintiendo mi jean apretarme- solo que la noche lo determinara con cual de nosotros te quedas. -No te lleves esa idea Samuelito, tú no lo vas a ser, ni siquiera Pipe. -Jajaja… Ceci, eso es lo que tu crees. Mira, baila con él que quieras, sedúcelo, excítalo, si quieres –y estas en todo tu derecho- lo puedes besar, pero te juro que al terminar la noche, o antes, habré levantado tu falda y saciado mis ansias de ti. Cecilia ríe, yo simplemente la dejo ser, la dejo que se sacuda y que se mueva como ella lo hace, mas tarde su cuerpo se abrirá y va a querer que le levante la falda, para que cuando termine dentro de ella me toque decirle: -Cecilia, mejor es que seas tu la que mejor no esperes mas de mi –como suele acontecer siempre que nos encontramos. Samuel Salazar Blandon. 
__________________ Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni a la psicología ni la retorica. Jorge Luis Borges. |
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