No sirves para mujer de poeta,
pues inspiras a los hombres
lo que Atenea hacia en aquellos
que le rendían culto: los llevaba a un
sueño profundo donde las vírgenes partenas
los agasajaban y los hacían sentirse como dioses.
No sirves para mujer de poeta,
encegueces con la mirada cual doncella medieval
nublaba la mirada de los caballeros
que dispuestos a morir por ellas
entregaban sus armaduras en sacrificios.
Sin embargo, de poeta
yo tampoco tengo
nada.
Samuel Salazar Blandon.