Su nombre era Susana, y era la mujer mas hermosa que había visto hasta entonces, sus ojos eran alargados, azules y su pupila de un negro intenso; sus labios grandes y carnosos. Su cabello era negro y algo ondulado, no le llegaba hasta mas abajo de sus hombros; sus pechos voluptuosos se ocultaban tras del abultado saco del colegio.
Las medias eran cortas y siempre utilizaba la falda hasta mucho mas arriba de la rodilla, siempre esperaba por un ventarrón para poder verle parte de sus calzones, pero nunca se los podía ver. Fue mi obsesión durante los últimos dos años del colegio y nunca le dije nada. Andaba siempre con cuatro o cinco chicas; los rumores decían que odiaban a los estudiantes como yo y solo andaban con universitarios. Los chicos les caían a sus pies pero ellas miraban por encima de sus cabezas.
Al acercarse el día de la graduación todo el mundo andaba revoloteando por el colegio y al final del año escolar todos debíamos ordenar los bienes y posesiones de la institución. Uno de los profesores me ordenó ir al cuarto de archivo a llevar una documentación sobre el último balance escolar.
El cuarto de archivo se encontraba olvidado en el cuarto piso; era la antigua biblioteca así que parecía un laberinto de armarios y estantes. El balance no estaba muy escondido y lo encontré sobre el primer escritorio que vi; escuche unos ruidos de papeles al fondo y fui a ver quien se encontraba ahí. Mis ojos se sorprendieron al ver a Susana con su corta falda, buscando unos archivos de quien sabe que.
- ¿Necesitas ayuda?- le pregunté, y le hable por primera vez en mi vida.
- Si necesitara ayuda no me hubieran mandado sola - me respondió volteándome a mirar.
Le di la vuelta, haciendo como si buscaba algo, esperando que me hablara. Me dedique a pensar como era posible que me atrajera una mujer tan brusca y descortés. De repente, empezó a frotar mi entrepierna y ese deseo en mi interior inicio a crecer, me tomó de la mano y comenzó a restregarla contra su falda, mientras me miraba dulcemente; le acaricie su monte de venus mientras dos de mis dedos empezaban a colarse dentro de su vagina, haciendo a un lado su ropa interior mojada.
Me empujó hacia una silla y sacando mi pene, se sentó sobre el y sentí con cada golpe de sus caderas como su miel salía despedida de su vagina mientras yo le mordisqueaba los senos que se encontraban ocultos tras su saco. Su ritmo era tan intenso que decidí levantarla de ahí, cuando lo hice, no pude soportar más y los chorros calientes de mi interior empezaron a llenar sus ropas, salpicando su uniforme de colegiala.
- ¡Oye! se suponía que no podías acabar ahora
- Lo siento, pero no aguante.
- ¡Mira como me volviste!
Sus dedos tomaron mi pegajosa sustancia y lo único que pude ofrecerle fue mi pañuelo.
- Tengo que utilizarlo mañana, espero que no quede manchado.
- Eso espero yo también.
- Pero hiciste bien, no te preocupes. Hubiera sido peor si hubieras terminado dentro de mí, aunque me hubiera gustado. No me gustaría quedar embarazada tan joven. Te daré un consejo, cuando vayas a acabar sácalo rápidamente y viértelo en otra parte, bueno.
- Es que yo no lo hago muy seguido
- Lastima, por que hombres como tu hacen que las chicas cambien de ropa interior seguido.
- No te entiendo.
- Si no tuviera novio te aclararía.
Me devolvió el pañuelo, se quitó su ropa interior y la guardó en uno de los bolsillos de la falda; se arreglo el cabello brevemente mientras sonreía.
- Si tienes novio por que lo hicimos
- Porque te he observado durante lo que va del año, y me he dado cuenta que me tenias ganas, y pense, por que no. Este fue mi regalo de grado para ti. Es mejor que regresemos antes de que nos echen de menos. Saldré yo primero y al rato tú, ¿está bien?- mostrándome su dentadura con una gran sonrisa.
Asentí con la cabeza.
En la noche estaba pensando en ella constantemente, arrepintiéndome del por que me había venido tan pronto y no haberla gozado mas.