Doloroso despertar,
olor a carne podrida inunda la extraña sala poco iluminada, veo alrededor solo para aterrarme. No hay más que cuerpos mutilados, despedazados, cortados… me levanto con dificultad y recorro la sala. A mi izquierda una mujer abierta por la mitad de forma violenta, con signos de dolor, un cuchillo de carnicero aun insertado en la frágil carne. A mi derecha una pierna cuelga de un gancho, mutilada por motosierra quizás, el hecho es que el corte es terrible.
La iluminación es mayor, mis ojos se acostumbran. Algo me espía, un escalofrío recorre mi espalda al ver un ser todo tapado de negro. Se acerca despacio hacia mí, no lo dudo al correr en dirección contraria. Torsos cruelmente cortados, cabezas ya sin ojos, sin lengua, sin nada, solo eso me rodea.
Una sola puerta se revela ante mí, al cruzarla más hombres de negro, haciendo su trabajo. Uno de ellos, con un hacha ataca violentamente al hombre, que se encuentra atado en el altar, su pecho explota en un mar de rojo y su grito se apaga, la sangre que sale de su boca no lo deja gritar. El sádico ser no se detiene y comienza a arrancar violentamente sus miembros uno por uno, dolor y agonía, muerte y sangre, que mierda es este lugar.
Nota mi presencia y corro en otra dirección, no había notado que me encontraba desnudo, hasta que los vidrios rotos en el suelo se insertan sin piedad en mis pies. Caigo solo para sentir más dolor, estoy bañado de rojo pero no interrumpe mi escape más tiempo.
La sombra de la que escapaba me atrapa violentamente, soy golpeado sin piedad contra la pared al mismo tiempo que una daga separa lentamente mi piel, siguiendo por mi carne y dañando mis órganos… ¡qué suerte la mía! ¿Porque he de estar aquí? Veo a mi asesino para descubrir que es una mujer, hermosa, de cabellos negros como una noche sin luna, ojos azules como el cielo más claro. Quizás más joven que yo, sus macabros ojos me ven con deseo, con la daga aun dañando mi estomago, comienza a besar mi cuello, despacio, sin vergüenza, y no nota que lentamente estoy sacando de su cinturón la otra daga. Mi sangre baña a ambos ya… sé que no saldré vivo, pero no me iré solo.
Esta hermosa mujer, portadora de mi muerte, me ve a los ojos una vez antes de atacar mi cuello con sus mismísimos dientes, mordida mortal, el beso de la muerte. Sin más retraso, sin más espera, uso mi último aliento para abrir su estomago en dos, sus órganos en mis brazos, se aleja rápidamente. Veo mi sangre en sus labios, que rápidamente se mezcla con la de ella, mientras ve aterrorizada su muerte.
Caigo rendido al suelo, ya veo mi muerte acercarse lentamente… eterna espera, cinco segundos se transforman en cinco décadas, mi alma comienza a abandonar el mundo, la obscuridad gobierna mi visión…