Ella me apartó a un lado y comenzó a pasar las fotos una a una, estudiándolas con calma en silencio. Yo detrás de ella las miraba también aunque ya casi me las sabía de memoria de tanto haberlas mirado. Aunque verlas con Raquel la verdad es que tenía un morbo especial y no podía negar que me comenzaba a invadir cierta excitación.
- ¿Y esta carpeta que tienes aquí que dice fotocorridas? –me preguntó girándose para mirarme.
- Son pajas que me he hecho sobre fotos de Andrea. Imprimo una de sus fotos y me masturbo sobre ella hasta correrme mientras le digo cosas para calentarla. Todo esto grabado en vídeo.
- ¿Puedo verlas?
Yo asentí y ella abrió el primer archivo. Era una foto de la cara de Andrea con una enorme mancha de semen sobre ella y un primer plano de mi polla todavía tiesa. Observé la cara de estupor de Raquel al verme de aquella manera y por la forma en que se acarició los mechones de pelo de la nuca supe que estaba excitada. Pasó al siguiente archivo, un video corto en el que se veía un primer plano de mi mano agarrada a mi polla y meneándola sobre otra foto de Andrea mientras la llamaba zorra y puta y le decía que me encantaría follarla. Luego venía otro video en el que se me veía derramar borbotones de semen sobre la lengua de Andrea y se me escuchaba gemir fuertemente. Y luego otro video, y otro, y otro más. Así hasta llegar hasta veinte. Raquel los miró todos en silencio y veía como su cara iba cambiando con cada nueva corrida mía. Cuando llegó al último, se giró y me miró.
- Joder, Javier, deberías haberme enseñado esto antes. ¿Tienes idea de cómo me he puesto? La zorra esta tiene que estar más caliente que el horno de una panadería. ¿En serio te has hecho todas esas pajas para ella? –Y el brillo de sus ojos me decía que no mentía al afirmar que estaba excitada.
- Sí. Y todas las que no he podido grabar. Piensa que no siempre tenía la cámara a mano para inmortalizarlas para ella. Ya te digo que últimamente es una especie de obsesión y solo pienso en follármela.
- Eso es algo enfermizo, ¿no? Tampoco me parece a mí que esté tan buena. Bueno, para cuarenta y pico años tampoco está mal, pero no acabo de entender esa obsesión tuya.
- Creo que más que por su cuerpo es por las guarradas que dice y promete. Cuenta que su marido está loco por verla con otro hombre y a ella la idea la excita mucho, tanto que tarde o temprano está dispuesta a probarlo. Y aquí es donde llega la parte chunga, en la que más esfuerzo me ha costado resistirme a la tentación.
- ¿…? –me miró sorprendida arqueando las cejas en señal de interrogación.
- Hace un par de semanas Andrea me escribió un correo diciéndome que Juan y ella tienen ganas de verme y que han pensado en mí para hacer realidad su fantasía. Primero quieren conocerme, dicen, y si la cosa va bien les gustaría intentarlo conmigo.
- ¿Y qué les dijiste?
- Quedé con ellos pero luego me eché atrás.
- ¿En serio quedaste con ellos? No me lo puedo creer. –Se quedó meditando unos instantes antes de preguntarme con pasmosa naturalidad-. ¿Y por qué no vuelves a quedar con ellos? A mí también me gustaría conocerles.
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Raquel gemía tumbada sobre la cama mientras frotaba el consolador sobre su sexo apenas cubierto por una finísima braga que marcaba claramente sus carnosos labios mientras yo giraba a su alrededor con la cámara en la mano dándole indicaciones.
- Así, Raquel, muy bien. Separa un poco más las piernas para que se vea bien. Perfecto. Y ahora aparta un poco la braga para que se te vea el coño. Así. No dejes de gemir, lo haces muy bien…
Me sentía como un director de cine porno rodando una película en la que mi mujer era la protagonista. Hacía tan solo una semana que le había confesado lo de mis fantasías a través de la red y estaba sorprendido de lo rápido que ella se había adaptado a esa nueva realidad. Al principio, cuando empecé a contárselo temí que ella se enfadara por haber yo llevado esa vida secreta durante tantos meses, y en efecto no puedo negar que estaba algo mosca conmigo por eso. Pero por otro lado yo se lo había contado a raíz de la confesión de infidelidad por su parte, así que tampoco podía mostrarse demasiado enojada ya que a fin de cuentas era ella la que había consumado la infidelidad, y no yo. Pero cuando terminé de contarle todo y una vez hubo visto la página de internet en la que colgaba las fotos y tras ver a Juan y a Andrea, me sorprendió, como otras tantas veces ha hecho, animándome a llamarles y a quedar con ellos. Estaba claro que estábamos rompiendo el pacto de no acostarnos con nadie más, así que en el fondo yo no podía más que alegrarme de su pequeño desliz que a tan placenteros caminos nos llevaba. La proposición de ella fue muy clara. Ella me había puesto los cuernos con un desconocido y como compensación yo me podría tirar a Andrea si es que la cosa iba bien con la condición de que ella pudiera estar ahí para verlo. Imaginad como me sentí al escucharla decir eso. Llevaba ya unos meses deseando a aquella mujer y soñando con ella y con su marido, y ahora por fin podría cumplir mi fantasía con el beneplácito de mi mujer.
Una de las primeras cosas que hicimos fue registrar a Raquel en la red, para lo cual saqué unas fotos suyas en ropa interior y las colgué para que los internautas las vieran y las comentaran. Ella no parecía muy convencida de que esas fotos fueran a gustar a nadie.
- ¿A quien voy a gustar? –me decía mirando las fotos que le acababa de hacer-. Mira, estoy feísima.
- Tranquila, Raquel, seguro que encantarás a todos. ¿Es que no conoces a los hombres? Nos ponen dos tetas delante y no nos fijamos en otra cosa. Ya verás mañana cuando las colguemos en internet los comentarios que pone la gente. Además, ¿Cómo resistirse a este cuerpazo?
Y en efecto al día siguiente al abrir la página había más de veinte mensajes para ella todos más o menos del mismo tipo: "vaya pedazo de tetas tienes", "me encantaría meterte la polla hasta reventar", "pero qué buena que estás, zorra",… Ella los leyó todos sin terminar de creerse que estuvieran dirigidos a ella, y a medida que iba avanzando en la lista veía como su cara iba variando de expresión pasando de la incredulidad a la fascinación. Cuando apartó la vista del monitor tras leerlos todos una chispa especial brillaba en sus ojos.
- Esto es fabuloso, Javier. Yo quiero más. Me encantaría ver cómo alguien se corre sobre una de mis fotos.
- Eso es fácil. Te hago unas fotos un poco más sugerentes, las cuelgas y pides lo que quieres. Seguro que hay más de uno dispuesto a complacerte. Esto funciona así, cuanto más les des tú más te darán ellos.
La segunda sesión de fotos fue mucho mejor que la primera. Raquel estaba más desinhibida viendo los resultados que ya había conseguido y se mostró más lanzada. Se desnudó delante de la cámara y mi dedo no daba tregua al disparador. En aquella sesión hice más de doscientas fotos aunque luego a la hora de pasarlas al ordenador se quedaron en apenas unas cincuenta ya que el resto eran de mala calidad. Fotografié cada rincón de ella, planos generales de su cuerpo desnudo sobre la cama, primeros planos de su sexo, vistas de su culo y de sus tetas, un primer plano de sus labios lanzando un beso al objetivo, otro de uno de sus pezones sobresaliendo de la suave piel de su pecho, una hermosa vista de sus dedos abriendo el coño ante la cámara para mostrar el sonrosado y jugoso interior,… Y mientras yo hacía foto tras foto, ella no hacía más que repetir lo excitante que era masturbarse frente al objetivo de la cámara haciéndola sentir una guarra.
Fuimos colgando las nuevas fotos en varias tandas y los resultados no tardaron en llegar. Si había bastado una imagen de mi mujer en ropa interior para excitar a los internautas, imaginaos cómo se pusieron al ver aquellos perfectos primeros planos de su sexo abierto para ellos. Puta, zorra, me encantaría follarte, qué buena estás, tu marido tiene que ser un cornudo, esos eran algunos de los comentarios que recibía cada día. Y pronto empezaron a enviarle fotos de pollas tiesas diciéndole que estaban así por ella. Yo leía todos los mensajes junto a ella y advertía claramente la enorme excitación que la invadía cada vez que nos conectábamos, y escuchaba con satisfacción los comentarios morbosos que hacía de cada nueva imagen que recibía.
- Joder, vaya polla tiene este,… -la escuchaba decir babeando ante la visión de una hermosa verga-. Y mira este cabrón que dice que me la metería en el culo, es pequeñita pero preciosa. ¿Y esta? ¿Has visto esta? Joder, qué ganas dan de chuparla,…
Si ella se excitaba viendo todo aquello yo no era menos. Me encantaba verla de aquella manera suspirando por las pollas de unos cuantos desconocidos y más de una vez nos fue imposible ver todos los mensajes seguidos sin tener que interrumpir la lectura para echar un polvo o masturbarnos mutuamente.