No sabía bien por dónde empezar. Raquel sentada a mi lado me miraba expectante y yo no podía menos que reconocer el enorme valor que había demostrado ella al confesarme su infidelidad. No tenía más que fijarme, ahí estaba yo que ni siquiera le había puesto todavía los cuernos y me daba vergüenza reconocer ante ella lo que había hecho. Y es que en cierta manera me sentía culpable como si realmente lo hubiese hecho, ya que había actuado a escondidas.
- Tú sabes lo mucho que me impactó verte en la fiesta de Madrid con aquellos hombres, ¿verdad? –empecé.
- Claro que lo sé Javier. Todavía recuerdo cómo te pusiste.
- Pues bien, después de la charla que tuvimos en la que te pedí perdón por lo que te había dicho intenté borrar aquella imagen de mi cabeza. Traté por todos los medios de olvidar lo que había visto pero me fue imposible. Cada vez que cerraba los ojos te veía a ti arrodillada frente a aquellos desconocidos implorando por su semen y sentía mis tripas revolverse en mi interior. Pero ya sabes el dicho ese de que el tiempo todo lo cura, ¿no? Conmigo funcionó, porque a medida que iban pasando los días notaba como cada vez me dolía menos pensar en ello aunque me fuera imposible dejar de hacerlo. Tras el paso de los días llegué a aceptar incluso tu forma de actuar que antes tanto me había escandalizado. Poco a poco me iba dando cuenta de que en el fondo tampoco habías actuado tan mal, sino que simplemente habías dado rienda suelta a tu fantasía, sin tabús ni complejos. Más bien al contrario, era yo el que estaba equivocado por juzgarte de aquella manera. Así que cada día que pasaba aceptaba más lo sucedido. Y no solo lo aceptaba, sino que cada día lo deseaba un poco más. Y llegó un día en el que soñando de nuevo con aquello me levanté excitado. Deseaba volver a contemplarte en brazos de desconocidos.
- ¿En serio? Pues ya ves que lo conseguiste. Bueno, verlo no… -me dijo ella avergonzada.
- Era normal, Raquel. Después de todas las experiencias que hemos vivido, ¿cómo pretendíamos olvidarnos de ellas como si nunca hubiesen sucedido? Estoy seguro que si tú hubieses conocido a ese tío hace un par de años, antes de que empezáramos con todo esto, tú no te habrías acostado con él.
- Tal vez tengas razón. Cuando le llamé para quedar me sentía igual que aquel día en Madrid, y creo que fue ese recuerdo lo que me animó a hacerlo.
- Pues a mí me ocurría lo mismo. No podía dejar de pensar en Paz. Ni en Fran. Ni en tu amiga Sonia. Ni en aquella fiesta. Recuerdos que se amontonaban en el fondo de mi mente para gritarme que existe un mundo más allá, un mundo lleno de nuevas experiencias para vivirlas. Recuerdos que me decían que estábamos desaprovechando nuestras vidas al limitarnos a nosotros solos. Quería algo más, y sabes que me refiero sólo al aspecto sexual. A ti no te cambiaría por nada del mundo. Y a medida que mi mente se liberaba crecía mi temor. No me atrevía a contarte nada de lo que me estaba pasando por temor a que te enfadaras conmigo. Habíamos decidido dejarlo y ahora ¿cómo iba a ir a decirte que no me apetecía, que quería volver a verte follar con otros tíos? Me daba miedo que me enviaras a la mierda.
- Deberíamos habérmelo dicho.
- Sí, por eso me siento culpable. El caso es que no podía huir de lo que sentía y como no me atrevía a acudir a ti, acudí a internet. Me conectaba cuando tú no estabas en casa a páginas pornográficas y me bajaba fotos, especialmente las de tríos bisexuales, con las que me masturbaba cambiando en mi mente a los protagonistas de la imagen para sustituirlos por nosotros con algún conocido. Pero pronto las fotos me acabaron cansando. Ya sabes, cuando ves muchas luego todas se parecen y pierden su morbo. Deseaba algo más real. Y un día encontré una página amateur en la que te podías registrar y colgar fotos propias para que los demás usuarios las vieran y comentaran. Había registrados como podrás imaginar un montón de tíos. Pero había también una sección para parejas, en las que se colgaban fotos de eso, de parejas. Algunos se limitaban a poner una foto de ambos desnudos. Otros más atrevidos, colgaban fotos en las que se les veía follar. Y otros, mucho más atrevidos, o tal vez debería decir liberados, ponían fotos suyas haciendo tríos. Y estas eran las que más me calentaban. Sobre todo porque era gente de lo más normal, nada parecido a las páginas de porno en las que todas las tías son esculturales modelos sin un solo gramo de grasa de más y que siempre acaban recibiendo una copiosa corrida sobre su cara. Ahí podía ver a parejas que bien podrían ser nuestros vecinos mantener relaciones sexuales. Había mujeres jóvenes y viejas, flacas y gordas, rubias y morenas. Pero todas naturales. Aunque por lo general la media de edad rondaba sobre los cuarenta y los cincuenta.
- ¿Y te registraste en la página? –preguntó con curiosidad.
- Sí, lo hice. Y comencé a colgar fotos mías, sin mostrar la cara en ninguna, por supuesto. Al principio me daba corte y colgaba fotos en calzoncillos, pero enseguida perdí la vergüenza y empecé a colgar fotos desnudo con la polla tiesa. No puedes ni imaginarte cómo se sube el ego cuando cuelgas una foto de estas y recibes comentarios de otras mujeres diciéndote lo rico que estás. Empecé a fantasear con las mujeres que me enviaban mensajes a pesar de que de algunas de ellas no tenía ni siquiera fotos. Otras me enviaban fotos suyas, en diversas poses. Unas, más tímidas, me enviaban una sola foto en ropa interior, y otras me enviaban colecciones enteras de instantáneas de su coño. Algunas incluso me enviaban vídeos en los que se veía cómo se masturbaban y las oía gemir. Y pronto empecé yo también a grabarme con la cámara mientras me masturbaba, y luego lo enviaba a las que más me gustaban.
- Joder, qué fuerte. ¿Durante cuánto tiempo has estado haciendo esto? -me preguntó con una expresión que no supe distinguir si era de enfado o de sorpresa.
- Hará ya unos cuatro meses. Entiéndelo, Raquel, era una forma de desahogarme.
- Qué cabrón. Desahogarte, dices. Sabes que nunca me ha importado que te hagas pajas siempre y cuando no me des de lado a mí. ¿Pero esto? ¿No es un poco enfermizo?
- Es una forma de fantasear. Digamos simplemente que me masturbaba con la pequeña ayuda de una desconocida. ¿Acaso no sueñas tú con mantener relaciones con otras personas? Son solo eso, fantasías. –Me miró con cara de resignación dándose cuenta de que mi argumento en el fondo no estaba tan falto de razón-. El caso es que tras un tiempo haciendo eso empiezas a hablar más a menudo con algunas. Hay mujeres que pasaban, me saludaban, dejaban un mensaje y no volvía a saber más de ellas. En cambio, con otras mantenía conversaciones más largas, más íntimas, en las que ellas me contaban sus fantasías y yo las mías. De esta manera nos excitábamos mutuamente y ambos salíamos ganando.
- Ganabais vosotros. ¿Y yo? –me preguntó sin demasiada convicción.
- Tú también ganabas, cariño, porque te aseguro que tras cada paja que me hacía con esas mujeres más ganas me daban de abrazarte y hacerte el amor. Es una forma fea de decirlo, pero digamos que esas mujeres hacían el precalentamiento. Y cuando follaba contigo pensaba en ellas y en la suerte que tengo de tenerte. Bueno, el caso es que en la sección de parejas de aquella página conocí a un matrimonio de unos cuarenta y cinco años más o menos que se encuentran en la misma situación en la que tú y yo estábamos hace un par de años. Andan fantaseando con la posibilidad de organizar un trío. Enseguida conecté con Andrea, que es como se llama ella. Bueno, imagino que será un mote. Ella es de las más lanzadas, de las que cuelga fotos suyas haciendo el amor con Juan, su marido. Fotos en las que se ve el semen sobre sus labios o cómo se traga la polla de él hasta el fondo. Fotos en las que se ve como él le da por culo. Raquel, ni te imaginas lo excitantes que pueden llegar a ser esas fotos, mil veces más que cualquier peli porno. Tanto que creo que me he obsesionado con ellas y ahora sólo sueño con follarme a Andrea.
- ¿Puedo verlas? –me preguntó.
Yo asentí con la cabeza y traje el portátil. Raquel no apartaba su mirada de mí con una expresión rara en su cara mientras lo encendía y esperaba a que abriera la carpeta en la que guardaba todas las fotos guarras. Finalmente tras una larga espera gracias a mi antiguo ordenador apareció en pantalla la primera de las fotos, un primer plano de un coño depilado con un enorme vibrador metido dentro.
- ¿Esta es Andrea? –me dijo estudiando la foto con atención.
- No, esta no recuerdo cómo se llamaba. Las de Andrea las tengo en una carpeta diferente. Espera. –Y con unos pocos clics de ratón abrí una nueva carpeta-. Esta de aquí es Andrea.
CONTINUARA........