Al despertar, con la cabeza más fría, estaba preparándome para la regañada monumental que me harían mis tíos. Tal vez me corrieran de la casa, esta vez la había cagado, por cachondo, me iban a correr y con qué cara iba a regresar con mis padres. Al desayunar, nada dijeron, mi tía estaba sonriente y muy platicadora, al igual que mi tío. Poco a poco me tranquilicé ya que estaba muy inquieto pensando lo peor.
-Querido. –Le dijo mi tía a su esposo-. No crees que ya es tiempo de mandar a Paco a que tomé el curso de primeros auxilios. Le tengo más confianza a él que a la pobre de Tomaza.
-Si así lo deseas, -Le contestó mi tío con una sonrisa-. Ya sabes, que yo haría por ti, cualquier cosa, amor. Vas a ver que Paco va a ser muy buen trabajo cuando te desmayes.
El curso de primeros auxilios, no tuvo nada de especial, fue un curso normal, primeros auxilios básicos. Pero yo sabía que la aplicación de los primeros auxilios a mi tía eran completamente diferentes a los que me enseñaron en el curso, los mejores maestros los tuve el día que observé como lo aplicaban los hermanos de José y el viejo Tobías.
Cuando les enseñé orgulloso el diploma que me acreditaba a poder aplicarle a mi tía los primeros auxilios, me aplaudieron felices.
-Necesito hablar contigo muy seriamente –me dijo, mi tío-. Vamos a mi oficina.
-Esta bien tío. –Le contesté un poco asustado-.
Ese día me contó la fabulosa historia de su vida y de su matrimonio, de lo mucho que quería a mi tía Lucia y es por eso que me había enviado a tomar el curso, porqué quería lo mejor para ella.
No tarde mucho en poner en práctica lo aprendido, esa misma tarde mi tía se desmayó dentro de la casa. La tome entre mis brazos y cargándola, la lleve a mi recamara. Poco a poco, sin prisas, desabroche cada uno de sus botones, le quite la blusa y su falda, desabroche su sujetador y le bajé sus diminutos calzones, sacándolos por sus lindos piecesitos. Me desnude. La contemplé extasiado, era tan hermosa, al fin, después de tantos años, sería mía, completamente mía. Me la comí a besos, desde la punta de sus cabellos hasta la punta de sus pies, me entretuve con sus bellos labios, su aliento era excitante, no hubo rincón sin explorar y sin besar. Cuando chupe con deleite su panochita, le vino un orgasmo espectacular, me sujetó la nuca fuertemente queriendo introducirse mi cabeza en su entrepierna, todo su cuerpo saltaba inundándome con sus jugos mi boca. Imite al viejo Tobías en el arte de la lengua, incruste mi rostro en medio de sus montañas de carne y metí la lengua hasta lo mas profundo de su culito.
Cuando me puse de pie, mi tía miraba fijamente mi garrote, me pele la verga y se la pasé por sus labios, embarrándole el líquido preseminal.
-Es tan grande y hermosa mi niño –Me dijo mi tía-. Fernando mi niño, te voy a ser la mejor mamada de tu vida.
Abrió su dulce boquita y se introdujo mi culebrón hasta que topó en su garganta. Todavía quedaba más de la mitad afuera. Sacaba y metía mi verga de su jugosa boca, pasaba su lengua por todo mi garrote hasta llegar a mis testículos y chuparlos con desesperación, volvía a pasar su lengua por todo el tronco proporcionándole pequeñas y suaves mordidas y volvía a meterse la cabezota en su boquita.
-¡Oh! Tía, que rico mamas la verga, te voy a aventar los mecos.
Con una manita me acariciaba los pesados guevos y con la otra sujetaba el tronco de mi poderosa verga, mis pelos se enrollaban entre sus deditos, me besaba el garrote, lo olía, lo contemplaba, se cacheteaba ella sola con él, introducía la punta de la lengua en el orificio de la cabeza y nuevamente la mamaba prodigiosamente. Mi verga escupió una gran cantidad de leche, la boca se le llenó rápidamente de semen, la despegue de sus labios y meneándola con frenesí seguía lanzando chisguetes a diestra y siniestra, unos se estrellaron en su nariz, otros en sus bellos ojos.
-¡Ay! Mi niño, cuanta leche –me dijo mi tía, haciendo su cara hacia atrás y cerrando los ojos-.
Mi verga seguía escupiendo esperma, le llené la frente y su cabello y sus enormes chichotas. Cuando acabó de aventar el último chorro, mi tía se la introdujo a la boca nuevamente y me la mamó hasta dejarle completamente limpia. Se miraba tan hermosa, su frente , nariz y pelo cubiertos por mis mecos, sus grandes ojos verdes mirándome de abajo hacia arriba, sus mejillas blancas y suaves cubiertas de mis bellos púbicos y su linda boquita engullendo mis peludos guevos. Me agaché y la besé con dulzura, saboreando el extraño sabor de mi semen en sus labios.
Por fin después de tan larga espera, mi garrote se iba abriendo paso por las paredes vaginales de mi tía. Su piel se estiraba dificultándole el paso al monstruoso invasor. Sentía que mi miembro estaba hecho de fuego, y su calor derretía las entrañas de mi querida tía, encharcando su cuevita de forma indescriptible, mientras yo arqueaba la espalda y paraba las nalgas para tomar mas vuelo y con potencia empujaba mi garrote hasta el interior de su devoradora panocha, mis testículos chocaron con sus bellas nalgas, quería meterlos también, pero era imposible. Con movimientos cadenciosos al principio y frenéticos después sacaba y metía mi pistón de su raja. Cambiamos de posición, acostados de lado, los dos en la cama, coloqué sus torneadas piernotas en mis hombros y poco a poco se la metí hasta el fondo de su panochita. En esa posición sentía como su clítoris besaba con amor mi duro garrote. Abrazado a sus piernotas mi instrumento sin compasión taladraba velozmente su chorreante raja. Me mordí los labios mientras temblaba de excitación. Sentí como mi pene explotaba lanzando poderosos chorros de semen, sentía riquísimo, como lanzaba con potencia mi semen en el interior de sus paredes vaginales, y con fuerza le llegaban hasta el útero. Mi verga seguía escupiendo gran cantidad de leche y permanecía firme en lo profundo de su vagina.
Al mirar a mi tía, fue algo alucinante. Estaba con los ojos en blanco, su boca mordía fuertemente su labio inferior, temblaba de pies a cabeza, produciéndome un sabroso cosquilleo en la punta de la verga mientras me bañaba con sus jugos, producidos por el orgasmo que tenía, mientras al mismo tiempo, recibía toda mi descarga con gran placer. Deje que descansará, sin sacar mi garrote duro de su interior, mientras la besaba tiernamente y mamaba sus pechos.
Después la arrodille en la cama y le sujeté su cabeza hasta ponerla al ras de la cama, con su culo en pompa, me separé un poco para contemplarla, era una vista maravillosa, unas nalgotas hermosas, un portento de mujer, algo fuera de este mundo. Le separé sus esculturales piernas, me metí entre ellas y le metí el garrote en el ojete de su culo.
-¡Ay! No mi niño, no seas brusco, que me desgarras con tu vergota, ponle aceite para que resbale mejor.