Una mañana, mientras tomaban café y Mariela se disponía a marcharse hacia la universidad, Juan se acerca a Doña Leticia y le dice que le había traído un obsequio, pero que se lo daría una vez que no estuviera Mariela, al marcharse Mariela, la curiosidad de Doña Leticia no se contuvo y pidió a Juan el obsequio, este se lo entregó, se trataba de un juego de ropa interior blanco de encaje, las braguitas un hilo dental, Doña Leticia se sonrojó y miró a Juan como ofendida, este se apresuró en disculparse y suplicó a Doña Leticia que no se ofendiera, que por favor en la intimidad de su habitación se las probara y en la mañana siguiente le hiciera sus comentarios y se marchó.
Al llegar la noche Doña Leticia estaba en su habitación acostada y mirando el conjunto de ropa interior, pensando en voz alta dijo: “y quien carajos lo va a saber”, se levantó, se despojó de la bata que tenía puesta, se quitó el brassier y las pantaletas o más bien calzones, tomó la bolsa con el juego, primero se colocó el brassier y luego poco a poco las braguitas, sintió como el hilo de atrás se introducía entre sus nalgas, se acercó al espejo, se contempló como nunca antes lo había hecho, recorrió con la vista, palmo a palmo, cada parte de su cuerpo, vio la figura de una hermosa mujer, se dio vuelta para observar la parte trasera de su cuerpo.
Le gustó lo que veía, un par de nalgas firmes, separadas por el hilo de las bragas, como alguna vez había visto en las revistas de moda, se volteó y se vio de frente al espejo, contempló la parte de su vulva, el minúsculo triangulo de tela le separaba los labios superiores, instintivamente pasó su dedo por el centro de su raja, pudo sentir cierta humedad, viró su vista hacia sus tetas, pudo comprobar la firmeza de estas y pudo ver sus pezones apuntando hacia el espejo como queriendo atravesar la tela del sostén, estaba excitada, disfrutaba al contemplar su esbelta figura, nunca antes había reparado en su cuerpo, pero notó que había algo que rompía la estética de la prenda que lucía, por supuesto, la mata de vello púbico que salía por los lados de la braguita, no iba con la minúscula prenda.
Al día siguiente, se levantó un poco alterada por la excitación de la noche anterior, Juan no había llegado como lo hacía regularmente, Mariela se retiró a clases, Doña Leticia caminaba de un lado a otro, la tardanza de Juan la inquietaba, pensaba que quizás se había apenado por el obsequio y no vendría, hasta que por fin sonó el timbre, Doña Leticia casi corrió a abrir la puerta, al abrir estaba el buen Juanito, haciendo su papel de chico arrepentido, pidiendo disculpas, estas que por supuesto fueron aceptadas por Doña Leticia, una vez dentro Doña Leticia lo convidó a la cocina a tomar café, Juanito la observaba pensando si se habría probado la ropa interior.
Doña Leticia como si le hubiere leído el pensamiento le contó que se había probado el conjunto, pero que eso no era para ella, Juan le repostó que al contrario, que imaginaba que se le debe haber visto espectacular, a lo que ella le dijo que eran muy chicas y el vello se le salía por los lados, Juan inmediatamente le contestó que eso no era problema, para eso las mujeres se recortaban los pelos del coño, Doña Leticia sonrojada le dice que ella nunca lo había hecho y no sabía cómo hacerlo, Juan vio una gran oportunidad de dar otro paso a la ejecución de su plan de cacería, con cara apenada se ofreció a efectuar el “sacrificio” de recortar la pelambre del coño de Doña Leticia, debido a su experiencia al afeitarse.
Doña Leticia se queda pensativa y responde, que pena, que iba a pensar él de ella, Juan muy serio le dice, que para que se tenían confianza, que si el alguna vez requería de su ayuda no dudaría en acudir a ella, Doña Leticia sentía un hormigueo en su barriguita y una calentura en su entrepiernas, pudo más su vagina que su cerebro y accedió, Juan raudo y veloz corrió a comprar los implementos necesarios para efectuar un corte de pelos vaginal.
No transcurrieron ni 5 minutos cuando Juan con cara de profesional de alta o mejor dicho de baja peluquería, giraba instrucciones a Doña Leticia, colocó una toalla encima de la cama, le pidió que se acostara y se levantara la bata, se despojara de las bragas, al ver este los calzones de Doña Leticia casi suelta la carcajada, parecían los de su abuela, Doña Leticia se acuesta y levanta su bata con la que se cubre el rostro y descubre su coño peludo, Juan le separa y dobla las piernas dejando a la vista el objeto de su deseo.
Juan está al tope lucha por controlarse, comienza a ejecutar su obra como el mejor especialista de corte de pelo vaginal, con unas tijeras recorta el pelo, toma una toalla húmeda con agua tibia y moja el coñito de Doña Leticia, embarra sus dedos de gel para afeitar y lo pasa por la vellos recortados, una vez que hace espuma con la máquina de afeitar va repasando lo que queda de vello púbico, Doña Leticia siente el roce de la afeitadora sobre su coñito y este comienza a humedecerse, sus pezones están a reventar, trata de hacerse la desentendida, como que si Juan no supiese o intuyere lo que sucedía.