30-01-2010
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| Denunciante Plata
| Respuesta: Animales Sensores Vamos por partes. Las investigaciones de geólogos y zoólogos han coincidido en ciertas explicaciones. De acuerdo a lo que plantean, en primer lugar, se producen cambios en el equilibrio eléctrico del aire cuando los movimientos tectónicos liberan cargas eléctricas por la flexión de los minerales. En segundo lugar, el movimiento y la fractura de la corteza terrestre producen gran cantidad de ruido; ondas sonoras de muy baja intensidad que se adelantan al sismo como aviso de la ruptura. Más ejemplos de animales que presienten el peligro - Los gatos son los primeros en huir ante las vibraciones, ya que poseen un elevado sentido de la vibración. - Las aves migratorias echan a volar si el magnetismo se altera. - Los peces gato saltan y nadan como enloquecidos, ya que perciben las pequeñas corrientes eléctricas que circulan por los sustratos del suelo en el momento previo al terremoto. - Los tiburones se alejan hacia el fondo del mar ante cambios de presión que anteceden a un huracán. - Los perros aullan antes del sismo. Unas horas antes de que se produzca un sismo se muestran inquietos, empiezan a moverse de forma nerviosa y ladran incansablemente. Después, emprenden la huida definitiva. Después, hay un afloramiento de gases subterráneos, especialmente de gas radón, que permanece en el subsuelo antes de los grandes terremotos. En cuarto lugar, cuando el calor generado por la fricción y la ruptura de las rocas alcanza las aguas subterráneas, se genera un vapor que escapa a la atmósfera formando nubes serpentiformes. Por último, la actividad sísmica origina cambios en el magnetismo terrestre. Todo lo anterior provoca variaciones eléctricas, magnéticas, sonoras, visuales y olfativas. Y todas son perceptibles por los sentidos, siempre y cuando éstas sean lo suficientemente agudas. Pero es ahí justamente donde los animales nos toman ventaja. De todas estas variaciones, los hombres sólo percibimos las visuales, pero las nubes de los terremotos no siempre se producen y, en caso de que así fuera, habría que saber interpretarlas. El resto de las señales se nos escapan. El oído humano es sensible a las ondas sonoras entre 1.000 y 4.000 ciclos por segundo (CPS), mientras que los infrasonidos previos a un sismo suelen ser de unos 100 cps. No obstante, para algunos animales, como los elefantes, estos infrasonidos están dentro de su rango auditivo y son de uso diario. Además, para los animales también es tarea fácil detectar el olor de los gases emitidos por la corteza terrestre. Mientras nosotros tenemos cinco millones de células nerviosas olfativas, un perro posee unos ¡220 millones!. Y la capacidad de percepción de cada una de ellas es muy superior a las nuestras, tanto, que los científicos estiman que el olfato de un perro ¡es un millón de veces superior al humano!. Con los cambios en las condiciones electromagnéticas de la superficie pasa exactamente lo mismo. Las aves migratorias se guían por estos campos de energía y, algunas, como las marinas, detectan ínfimos cambios en el magnetismo terrestre. Y como si esto fuera poco, los sismos generan vibraciones que se trasmiten por el suelo y el agua a miles de kilómetros de distancia. Y ciertos animales las perciben y diferencian, por su frecuencia e intensidad, de las miles de vibraciones diarias. En resumen: El hombre es sensible a las ondas entre 1.000 y 4.000 ciclos por segundo y los sonidos que provoca la corteza terrestre al fracturarse no alcanzan ese umbral. Respecto del olfato, en el ser humano es un millón de veces menos preciso que en un perro y no nos permite detectar la liberación de gases previos a los sismos. Esto, combinado a un aparato fonador limitado, impide a los humanos comunicarse a distancia. De hecho, la tecnología ejerce hoy esa función. Tampoco percibimos los cambios en el magnetismo terrestre que se producen en un sismo porque el cuerpo no puede procesar esas señales. Y por último, no captamos las vibraciones que se trasmiten por el suelo y que los demás animales recogen a través de las patas. |
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