Martín seguía jugando con mi concha hasta que me metió dos dedos en mi abertura vaginal mientras con el dedo pulgar seguía frotándome el clítoris, y con la otra mano me pellizcaba los pezones, su verga ya había crecido de una manera increíble ensanchándose y alargándose, no podía creer lo gruesa que era, con mi mano agarraba el tronco erecto de su pene y no alcanzaba a recorrerlo en toda su circunferencia, se lo tironeaba de manera que parecía que lo estaba ordeñando, hasta que finalmente acabé gracias a las caricias del masajista.
Luego de unos instantes que sirvieron para relajar mis músculos vaginales, Martín me dijo que pasara a recostarme en la cama así estábamos más cómodos para continuar con el masaje, cosa que me alegró de sobremanera porque yo pensé que el servicio había terminado, pero no quería irme sin sentir ese palo caliente bien adentro de mi concha, entonces me recosté boca abajo y Martín se sentó sobre mis piernas acomodando su verga de manera que quedara insertada entre los cachetes de mi cola, de esta forma comenzó nuevamente el masaje con el aceite afrodisíaco por toda mi espalda y cada vez que se inclinaba para masajearme los hombros, sentía como su verga se acomodaba entre mis nalgas y frotaba la entrada de mi ano.
Luego me dijo que me ponga boca arriba, y sentado encima mío en la misma posición de antes comenzó a jugar primero con mis tetas masajeándolas y chupándome los pezones, luego jugaba con su verga en mi conchita dándole pequeños golpecitos, y deslizándola haciendo presión por mi clítoris, de esta manera me abría los labios vaginanles, pero sin llegar a penetrarme, lo que me hizo calentar de una manera sobrehumana, era peor esto que si me estuviera ensartando, me hizo desear fervientemente que me cogiera en ese mismo instante, me quemaba la concha de placer, lo que me hizo provocar nuevos orgasmos, Juanchi que no aguataba más de la calentura, se recostó al lado mío y comenzó a acariciarme y chuparme los pezones.
Luego los tres nos acostamos en la cama poniéndonos de costado y yo quedando en el medio de los dos, mi marido se puso de frente mío y comenzó a besarme con mucha pasión, como si fuera la última noche que estuviéramos juntos, en ese instante Martín me apoyó desde atrás e incrustó su pene que estaba súper duro, entre los muslos de mis piernas, mientras me acariciaba las tetas y los pezones. El muy guacho seguía franeleándome la verga por mis genitales sin penetrarme y yo no aguataba más.
Por suerte en ese momento Martín agarró un forro de su mesita de luz, se lo colocó rápidamente, me untó una gran cantidad de gel en mi concha y sentí como la punta de su verga se alojó en la entrada de mi cuevita, e intentaba penetrarme sin éxito debido a su gran envergadura, entonces tomé las riendas de la penetración, y sabiendo el límite de donde comenzaba mi dolor, empecé a mover mis caderas muy suavemente, Juanchi al notar que sentía un poquito de malestar, me abrió los labios vaginales con sus dedos, para de esta manera ayudar a que Martín me ensartara (luego me confesaría que casi acaba al sentir como semejante verga me abría la concha).
Finalmente logramos que entrara su glande, una vez que conseguí esto, sentí como su verga entró dentro mío hasta casi la mitad de su tronco, luego poco a poco fui intensificando los movimientos hasta que el placer le ganó al dolor, no podía creer que esa verga tan gruesa estuviera abriendo mi conchita, Juanchi seguía besándome con mucha pasión mientras masturbaba mi clítoris con una de sus manos, una vez que mi vagina se adaptó al grosor de su verga por completo, el que empezó con el bombeo fue Martín, sus embestidas fueron subiendo en intensidad, hasta que pude sentir sus más de veinte centímetros de carne rellenar mi hoyito por completo, provocándome innumerable cantidad de orgasmos.
Después de que Martín me estuviera serruchando un rato, me monté encima de él y me senté sobre su pene, el cual agarré con una mano y lo empecé a lubricarlo hasta introducirlo dentro mio, centímetro a centímetro sentía como ese mástil me abría nuevamente, entonces empecé a subir y bajar descontroladamente metiéndome y sacándome ese palo de mi conchita, mientras él se esforzaba por chuparme los pezones de una manera deliciosa.
Después de acabar nuevamente y de llenar de flujo el cuerpo del masajista, volvimos a cambiar de posición, esta vez yo me puse de espaldas en la cama como si fuera la posición del misionero, pero Martín me agarró las piernas, las levantó y las apoyó sobre sus hombros, de esa forma con las patitas levantadas, me penetraba de manera mucho más profunda, su verga entraba hasta los huevos dentro de mi cuerpo, Juanchi aprovechó el momento y puso la suya en mi boca, entonces comencé a chupársela de manera desenfrenada hasta hacerlo acabar y eyacular toda su lechita caliente dentro de mi boca, la cual tragué absolutamente toda sin dejar caer ni una sola gota.
Martín que tenía un aguante increíble y se empecinaba en realizar todas las poses del kamasutra, me dio vuelta nuevamente y me puso en cuatro patas como una perra alzada, apoyó la verga en la entrada de mi vagina, agarró mis caderas y empezó a moverme bruscamente ensartándome hasta el fondo cada vez que llevaba mi cuerpo hacia el suyo, me estaba torturando de placer y llenándome de orgasmos sin ninguna contemplación.
En ese momento Juanchi que seguía besándome y acariciándome me dijo al oído –quiero verte chupándole la verga mi amor-, obviamente que no me hice rogar, sólo me faltaba eso para completar la noche, me senté sobre la cama y me abalancé sobre la verga de Martín que seguía arrodillado, le agarré con una mano la verga, le saqué el preservativo y comencé a lamerle muy suavemente el glande y el tronco de su verga en toda se extensión hasta llegar a los huevos, se los chupé y los metí dentro de mi boca durante un tiempo jugando con mi lengua con ellos, a juzgar por su cara creo que le encantaba.
Luego me metí ese pedazo de carne en la boca y comencé a chupárselo frenéticamente mientras lo pajeaba con las dos manos, no podía creer lo que me costaba metérmelo en la boca, tenía un sabor maravilloso, después mientras le chupaba la verga comencé a acariciarle los testículos, y luego su cola, jugaba con mis dedos en su ano hasta que casi sin querer le inserté uno, me di cuenta que le gustaba y seguí chupándole la verga con un dedo en el culito, cuando observé que estaba a punto de acabar sin dejar de masajear su próstata, le agarré la verga, la apunté a mi cuerpo y logré que derramara una gran cantidad de leche caliente en mis tetas, fue increíble la cantidad de semen calentito que eyaculó.
Martín fue rápidamente a asearse mientras yo me recosté sobre la cama y luego de unos minutos, donde retomé el aire en mis pulmones, le dije a Juanchi que me estaba acariciando el pelo muy tiernamente -gracias mi amor, por cumplir mi fantasía-.
Después de asearme y mientras Juanchi le pago el precio convenido a Martín, nos fuimos al hotel a descansar. A partir de ese momento nuestra vida de pareja cambió en un 100% para bien y hasta el día de la fecha seguimos recordando esa noche como la del inicio de nuestra vida sexual libre de complejos y de tabúes. Después llegaron muchas historias más que serán contadas en nuevos relatos.
Autor: Ivanna01