“Jajajaja – rio Mario- Que pasa Luis, ni siquiera puedes parar esos 10 cms?... No te preocupes que ya casi acabo aquí cornudo de mierda”. Mando sus brazos hacia abajo, tomando a Mónica por las nalgas, y siguió bombeándola mientras la besaba en la boca. No podía creer lo que veían mis ojos, El bello cuerpo de mi mujer, ese que me volvía loco, aquel que cuando entrábamos a cualquier sitio despertaba las miradas más obscenas, estaba siendo poseído de forma magistral por un gañan que nunca habíamos visto antes. Los senos de Mónica estaban hinchados de placer, sus pezones erectos, sus piernas rígidas y fuertes que tantas veces había observado extasiado mientras se ponía sus medias veladas estaban abrazando el cuerpo de otro tipo. Y yo, ahí parado como un imbécil, observándolo todo y con mi verguita flácida y pequeña. Mónica seguía besando su pecho, luego su cuello, y luego le decía “Vamos mi machote, más hondo que me vuelvo a venir, dame vergota, métemela para que mi marido vea como se complace a una hembra. Así papito ricooooo, así mi semental, dame, dame papi, dame papito, dame guevón, que rico, rico papi así, rico. Mira Luisito, mira como lo excito, así querías que lo excitara?, mira que ya está a punto de venirse él también, mira esos brazos, esas piernas musculosas, esa verga que se introduce en mi huequito para darse placer”. De pronto Mónica se vino como una cerda, con un grito descomunal: “Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh” los dedos de sus pies se separaron en el aire, yo sabía que esa reacción involuntaria solo la tenía cuando recibía un gran placer, se aferraba fuerte a su macho arañándole suavemente la espalda, y un suspiro final selló mis cuernos para siempre.
Mario le sacó la verga, pero solo para introducirla por el ano de Mónica. Para esto se la mojó con saliva, y abrió las piernas de mi mujer. “Ahora por aquí” – le dijo – Y se la fue empujando lentamente haciéndola jadear. Fue entonces cuando empecé a sentir nuevamente erecta mi verga, se me había parado al ver a Mónica venirse de esa forma. Comencé a masturbarme viendo a mi mujer clavada por el culo. Mario se la introdujo sin lastimarla, si es que cabe decir dado el tamaño de su tranca. “Ahora si gran puta, me voy a venir dentro de tu culo”. Yo nunca le había metido mi verga por el culo a Mónica, y era increíble verme masturbándome con la imagen que veía. Mario la embestía ahora fuertemente mientras ella se abría aún más las piernas y lo miraba a la cara. “Vente macho, vente como se supone que lo debía hacer el cornudo de mi marido”. Mario aumentó el ritmo de bombeo, y se vino brutalmente agarrándose de los pezones de mi mujer y estrujándolos como a un par de limones: “Ahhhhhhrrrgggggg... que ricooooooo, que deliciaaaaaaa”.
Se dieron un apasionado beso, y luego se quedaron mirándome como yo me jalaba mi verga buscando un orgasmo desesperadamente. Mientras se vestían y yo me seguía masturbando escuché que Mario le preguntó a mi mujer: “No lo vas a atender?”; a lo que ella respondió: “No, ...que se atienda solo, para que quede completo el plan que él mismo ideó, pero al revés!!!!”