“Lo haces muy bien” le dijo Mario, y mirándome a mi me dijo “créeme que te envidio, tienes una excelente mamadora. Lástima que ese pitico tuyo no le llene toda la boca” – agregó. De pronto de levantó y se fue al baño. Mónica me dijo “Pero que es lo que estás pensando Luis – me dijo – Por que quisiste que te hiciera eso delante de ese tipo?”. “Es que quiero mostrarle como me haces gozar, quiero que se excite viéndote sin poderte poseer, me entiendes?”. “Y para que? – me preguntó- de todas formas el sabe bien que solo a ti te hago esas cosas, porque soy tu mujer”. “Hazme caso, quiero que se excite mucho con tigo
-le dije- y que luego tenga que hacerse una paja para desfogar sus ímpetus, cuando me vea comiendote. Tu sígueme la cuerda, verás que es divertido que otro nos vea tirar delante suyo”. Mónica solo resóndió que no sabía en que iba a parar todo esto.
Cuando Mario volvió se quitó su camiseta “Que calor hace” – dijo – y dejó al descubiero su pecho fornido y velludo. Mónica de nuevo cayó en la tentación de mirarlo, y me miró a mi de reojo para ver si me había dado cuenta. El juego continuó. Perdió Mario, la prueba la ponía yo, así que le dije “He notado que a ti te gusta mi mujer, verdad? El asintió con la cabeza y miró a Mónica con ojos de deseo. El muy maldito no tenía el más mínimo interés en disimular. “Esta prueba te va a gustar, pero debes seguir las reglas al pie de la letra, - le dije- Quiero que te masturbes mirando como ella se desnuda frente a mi. Sé que te gustará verla, pero ni por un segundo pienses en intentar tocarla. Puedes pajearte viéndola, pero nada más!” La última condición de la prueba es que no podrás tocarle ni un pelo en toda la noche, así que las siguientes pruebas no podrán incluir situaciones en las que puedas tu tocarla a ella”. Mario se quedó pensando un instante, y vi su cara de perversión tal vez al imaginarse el ver a Mónica desnuda. “Acepto” – dijo – y se acomodó en su sillón para apreciar el espectáculo. Mónica asumió su papel totalmente desinhibida, puso música y empezó a desabrocharse la pijama mirándome a los ojos. Yo le hice un guiño y me dedique a mirar su cuerpo a medida que lo iba descubriendo. Mario mientras tanto se sacó su erecta verga nuevamente y empezó a sóbrasela suavemente. Cuando Mónica descubrió sus ricas tetas empezó a tocarse sus pezones y a pellizcárselos logrando que se pusieran erectos. Yo ya me había sacado mi verga también, y me preciaba de que aquel macho viera lo que yo me comería más tarde con la que tenía en mi mano. Mónica deslizó su pijama hasta la cintura contoneándose como una perra en celo. La siguió bajando lentamente, y noté como Mario aceleraba el ritmo de su paja. De pronto la pijama cayó al suelo, dejando ver a Mario su espectacular culo vestido con un hilo dental, así como sus largas y bien formadas piernas que hacían delirar a cualquiera. Mónica se quitó su hilo dental con movimientos lentos y bien calculados, dejando ver a Mario todo cuanto quería porque se abrió de piernas permitiéndole ver su rajita afeitada – cosa que yo por estar frente a ella no podía ver -.
“Que rica que estas” –dijo Mario acelerando aún más su paja – y fue entonces cuando Mónica se inclinó hacia mi diciéndome en voz baja “De verdad quieres que lo excite?”. “Si” le dije... excítalo, pero no permitas que te toque. Hazle lo que quieras pero no dejes que te disfrute, porque ese privilegio es solo mío”. “Lo haré, -me respondió- pero solo porque tu me lo pides.... Voy a excitarlo hasta que esté a punto de explotar, y luego me comes delante de él, para que vea como goza una hembra”. Yo no lo podía creer, mi hermosa mujer iba a usar todo su poder para excitar a aquel tipo con el único objeto de dejarlo a punto, y enseguida venir a mi lado para hacerme lo que el quisiera disfrutar.
Mónica se paró frente a Mario y comenzó a masajearse las tetas en círculo, yo me senté cerca para disfrutar del show. “No quiero que te vengas – le dijo Mónica a Mario – solo obsérvame y disfruta lo que es de mi maridito”. La verdad es que mi mujercita parecía una artista de cabaret, se movía al ritmo de la suave música con maestría, se tocaba su cuerpo como acariciando una seda, y no tardó mucho en comenzar a jugar con sus dedos alrededor de su vagina. Se abría de piernas lentamente dejando entrever los pliegues de su cuquita, sobándolos, frotando su clítoris e introduciendo poco a poco cada uno de sus dedos en su rico hueco. De pronto al ver su cara vi que miraba fijamente aquella verga de Mario, y sacaba la lengua a intervalos como diciéndole “quiero comerme eso que tienes ahí”. Yo sentía mucho morbo, estaba viendo a mi mujer frente a un perfecto desconocido, mostrándole todo lo que él se podría comer, diciéndole con la mirada que lo deseaba, y finalmente iba a ser solo para mi.