A Portillo no lo dejaron brillar bajo el cielo de Madrid
El joven Javier portillo pintaba para ser el sucesor de Raúl, pero culpa de malas decisiones deportivas y políticas lo pusieron lejos del pedestal en la que se encuentra el ángel del gol.
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Le apagaron la luz. En unos de esos raptos de decisiones discutibles y poco claras le dijeron buena suerte y hasta luego. Buena suerte y hasta luego porque quizás no tenía el mismo carisma que otros ídolos o fue victima de tener que estar a la sombra de
Raúl González Blanco, otro referente madridista.
El desprecio que recibió Javier Portilloes uno más de esos extraños casos que uno nunca comprenderá. Era el indicado para ser uno de esos jugadores canteranos que llegan a la primera división y, luego de un tiempo determinado, triunfan, ganan todo y son ídolos en cada una de las calles de la ciudad.
Pero lejos de que los chavales jueguen en las plazas gritando gol de Portillo, el atacante pasó por la primera división del
Real Madrid sin pena ni gloria. De hecho, estuvo más cerca de ser penoso que glorioso, no por sus actuaciones, sino por lo que prometía y no dio.
O no lo dejaron ser. Por ser el crack que no fue. 
Javier Portillo tenía un prontuario más que esperanzador. Los 700 goles en divisiones inferiores le daban el respaldo necesario para ser el compañero ideal de ataque de Raúl, otro canterano que por estos días y por aquellos también, era el máximo referente del primer equipo madridista.
De hecho, en la primera temporada que subió al primer equipo, en la Liga todo lo que tocaba era gol y en la Champions debutó marcando ante
Panathinaikos y parecía ser el humilde que triunfa en un cielo plagado de estrellas.
Ser la solución a los problemas ofensivos que tenía el Madrid en aquellos tiempos.
Pero eso quedó lejos. Quedó lejos porque luego de un par de temporadas de navegar en el banquillo y entrar solo un par de minutos fue cedido a la
Fiorentina de Italia. Esa Fiorentina que extrañaba de sobremanera al argentino
Gabriel Batistuta y que no podía esperar a un jugador que necesitaba adaptarse y ser querido. Y no pudo. Aunque lo intento no pudo, porque un par de lesiones lo dejaron al margen y porque tampoco se lo valoró como tenía que ser valorado.

Como tampoco se lo valoró en su regreso a la
Casa Blanca de la mano del entrenador brasileño
Vanderlei Luxemburgo y se marchó, se tuvo que ir una vez más, esta vez con rumbo belga, al Brujas más precisamente, donde tampoco encontró su lugar.
Luego pasó al
Gimnastic de Tarragona, donde si tuvo los minutos que necesitaba, donde sí lo valoraron, lo cual pagó con goles, 11 en 30 partidos.
El
Osasuna es su casa actual y la realidad es que no pasa por sus mejores días. Luego de una temporada entrando en varias oportunidades desde el banquillo, el entrenador
José Antonio Camacho no lo tiene en cuenta y parece que una vez más en el próximo mercado de invierno será negociado, por lo que habrá que ver cual es el nuevo destino en el que se tiene que posicionar Portillo.
Un caso extraño. Uno más en el fútbol competitivo que poco sabe de sentimientos. Sentimientos que seguramente tuvo, tiene y tendrá
Javier Portillo y los cuales se vieron directamente afectados por una comisión directiva que no quería otro ídolo de la cantera, por los entrenadores que no supieron esperar a un jugador que obtuvo el record de goles en divisiones inferiores y
que por estar a la sombra de Raúl, no solo no pudo vivir bajo el cielo de Madrid, sino fue cedido al infierno de la intrascendencia. 