Diego Tristán, una lesión y el cambio rotundo
Diego Tristán quien en La Coruña toco el clielo con las manos y luego de un Mundial 2002 para el olvido, se fue apagando hasta llegar al Cádiz.
Hubiese parecido extraño pensar en aquellos momentos donde el hombre triunfaba y metía cuanto gol se imaginara la afición en sus sueños que terminaría de esta manera, deambulando en un equipo de la Liga Adelante, o ni siquiera allí, en
La Playa de la Cortadura tratando, quizás, de encontrar alguna familia con quien compartir una barbacoa en esas tardes noches de sábado.
Parece extraño, pero es cierto, porque la carrera de
Diego Tristán tuvo aquel momento triunfal que duró menos de lo que canta un gallo y fue decayendo su rendimiento a medida que pasaban los años, teniendo un presente que lejos está de su categoría como jugador.
Atacante sin igual, Tristán mezclaba sutilezas, potencia y habilidad, con un poderío de gol asombroso marcando
en su primera temporada en la primera división del Mallorca 18 goles, que lo catapultaron a un preacuerdo con
Lorenzo Sanz y el Real Madrid.
Pero nunca se podría poner la camiseta blanca debido a que Sanz perdió las elecciones y
Florentino Pérez anuló ese preacuerdo por un presunto mal comportamiento extra futbolístico teniendo que ser transferido al
Deportivo de La Coruña, por una suma algo menor.
Y ahí surgió el quiebre. Porque demostró toda su clase, demostró que era un jugador que podía realizar lo que quisiera, que podía encarar a un rival y dejarlo tirado en el campo de juego con sus fintas, sus recortes y luego definir alto, cruzado donde ningún portero llega.
Si todavía recuerdo un golazo marcado frente al Mónaco, sacándose a dos hombres de encima y definiendo por sobre el portero que se estiraba pensando que tenía enfrente a un hombre que no sabía lo que hacía, pero Tristán no era uno de esos, era de los que tenían la sangre fría como pocos. Frialdad que le permitió al Depor llegar a semifinales de Champions. Frialdad que lo llevó al seleccionado de
José Antonio Camacho.
Todo era felicidad para el joven sevillano, aunque en un mal paso todo cambió.
Japón-Corea 2002 lo cambió. En el debut ante
Paraguay, Tristán sufrió una grave lesión y tuvo que mirar el máximo campeonato a nivel selecciones desde el banquillo y sin poder jugar un minuto más.
Ni un minuto más de talento, porque desde allí fueron algunos años en el Depor, nuevamente el
Mallorca, el
Livorno italiano, el
West Ham inglés y el
Cádiz de la Liga Adelante, y nunca más infló redes, nunca jamás pudo ser aquel decisivo en momentos complicados, aquel que cogía el balón se sacaba a dos hombres de encima y empataba o ganaba partidos. Nunca más.
La historia de Diego Tristán forma parte del anecdotario de jugadores que tenían todo para triunfar en un fútbol escaso de atacantes de sus características.
La historia de Diego Tristán dio un giro de 180° luego de aquella semifinal europea ante el
Oporto, o aquella
Copa del Mundo de la Lesión. La historia de
Diego Tristán es una más dentro de los
Cracks que no fueron, teniendo todo en sus manos y escurriéndose como el agua de las playas Gaditanas.