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Flébil
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Predeterminado Respuesta: Las 50 Obras Maestras de la Pintura

PAUL GAUGUIN
“¿De donde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?”, 1897 oleo sobre lienzo, 139- 375 cm. - Boston, Museum of Fine Arts
El mismo Gauguin afirmó que tras pintar el “¿De donde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?” había intentado suicidarse. Sea esto cierto o no, lo cierto es que meses antes de pintar su obra maestra, las cosas se torcieron de tal manera que todo hacía presagiar un trágico final que sin embargo tardaría un lustro en llegar: su situación económica se vuelve prácticamente insostenible –lo cual no le impediría, sin embargo, rechazar una asignación del Ministerio francés por considerarlo una “limosna”- y la sífilis y el alcoholismo convierten su estado físico en una tortura. No obstante, el más duro golpe le llegó literalmente por correo: en la primavera de 1897, una carta le informaba de la muerte, con apenas 21 años, de su hija Aline. Esta muerte supuso no sólo la ruptura del artista con su esposa, a la que acusó irracionalmente de la pérdida de su hija, sino con la Fe que aún podía conservar. En una devastadora carta fechada ese mismo año, Gauguin afirma: “Mi hija ha muerto. Ya no quiero a Dios.” En este estado mental Gauguin emprende la titánica tarea de pintar su testamento artístico, la obra que reúne en si misma todas las demás obras del artista: “¿Quienes somos? ¿De donde venimos? ¿A dónde vamos?” no es simplemente la obra más colosal que Gauguin pintó vida (139- 375 cm.) sino que desarrolla por completo la doctrina filosófica y pictórica del artista. Con un formato llamativamente horizontal, el lienzo sigue una evolución cronológica inversa, comenzando en su extremo izquierdo con la desoladora figura de una momia que, en posición fetal, tapa sus oídos como intentando mantenerse ajena a toda la escena; mientras que en el extremo izquierdo, un bebé, símbolo de la inocencia y la vida, es cuidado por tres jóvenes tahitianas. En el centro, la figura del hombre que coge un fruto simboliza la tentación y caída del hombre. Estructurando el cuadro en un sentido cronológico inverso, Gauguin parece señalar lo primitivo, lo inocente, como único camino a seguir por el artista

WASSILY KANDINSKY
“Der Blaue Reiter (el jinete azul)”, 1903 óleo sobre lienzo, 55- 65 cm. – Zurich, colección particular
Kandinsky es uno de los nombres propios de la pintura del siglo XX, ya que tradicionalmente se le considera el creador de la abstracción. No obstante, sus primeras obras, como la aquí comentada, son tremendamente interesantes por constituir un puente entre el postimpresionismo y el expresionismo. De hecho, Kandinsky siempre se sintió impresionado por la obra de Claude Monet. Contemplando uno de sus "almiares" en una exposición en Moscú, comentaría: "Y de pronto, por primera vez, vi un cuadro. Leí en el catálogo que se trataba de un montón de heno, pero yo no podía reconocerlo (…) Me di cuenta de que faltaba el objeto del cuadro (…) Lo que tenía perfectamente presente era la insospechada y hasta entonces oculta fuerza de la paleta” “El jinete azul” es, además de una obra extraordinaria por el manejo de la luz y el color, y la simpleza con la que se consigue el contraste entre el movimiento del jinete y el estático paisaje de fondo, el nombre de una editorial que agrupaba a alguno de los principales pintores expresionistas como Franz Marc o el propio Kandinsky. “El jinete azul” no era ni un movimiento ni una escuela. Más bien se trataba del punto de encuentro de varios artistas descontentos con el devenir del movimiento “Die Bruke” (El Puente). “El Jinete Azul… La suerte está echada”, escribiría Franz Marc. Una suerte que concluiría cuando la Primera Guerra Mundial dispersaría a sus protagonistas.

PAUL CÉZANNE
La Montaña Sainte-Victoire vista desde Lauves”, 1904-1906 óleo sobre lienzo, 60- 72 cm. – Basilea, Kunstmuseum
“Cezanne fue mi solo y único maestro (…) Él fue la madre de todos nosotros”, afirmó Picasso refiriéndose a Paul Cézanne, uno de los artistas más innovadores de la historia del Arte, y por derecho propio uno de los creadores de la pintura moderna. Aunque a menudo su nombre se asocia con el impresionismo, y a menudo expuso con éstos, su obra va mucho más allá de los logros impresionistas, y entronca de manera evidente con muchas de las vanguardias pictóricas de comienzos del siglo XX. Esta es una de las versiones más desarrolladas de las numerosas vistas que Paul Cézanne pintó de la Montaña Sainte-Victoire en las cercanías de Aix-en-Provence. Es una obra que podríamos denominar cubista antes del cubismo: la montaña triangular y los elementos de la pradera –tanto geográficos como edificatorios- adquieren volumen no gracias a la perspectiva, sino a la superposición de planos cromáticos. A diferencia de otras pinturas de la misma montaña, Cézanne ha introducido elementos vegetales en primer plano, delimitando y enfatizando la vista de la montaña y la pradera.

PABLO PICASSO
“Les demoiselles d'Avignon”, 1907 óleo sobre tela, 243.9 – 233.7 cm. – Nueva York, Museo de Arte Moderno (MOMA)
Estamos ante la que es posiblemente la pintura más importante del siglo XX, por ser considerada la pintura que inició el cubismo propiamente dicho –ya hemos visto el antecedente Cezánne- y a su vez considerarse éste como la base de toda la pintura moderna y contemporánea. Esta pintura impresionó profundamente a Georges Braque e inició la amistad entre ambos. Como ocurre con casi todas las pinturas capitales de la historia del Arte, “Las señoritas de Avignon” ha tenido infinidad de interpretaciones, algunas de ellas contradictorias. En cualquier caso, muchos críticos han coincidido en señalar esta pintura como una réplica a “La alegría de vivir” de Henri Matisse, en la que Picasso sustituye el paisaje exterior por el oscuro interior de un burdel, a las alegres figuras femeninas de Matisse por prostitutas, y, en general, la alegría de vivir por una sensación oscura y perturbadora. La paleta de colores es heredera del periodo rosa de Picasso, a la que añade algunos trazos oscuros, por lo que muchos críticos hablan de un periodo negro de la obra picassiana. Sea como sea, es una de las obras claves del Arte universal.

HENRI ROUSSEAU
“El sueño”, 1910 óleo sobre lienzo, 204.5- 298.5 cm. - Nueva York, Museum of Modern Art (MOMA)
Atemporal e increíblemente sugestiva, “El sueño ” es una pintura sensacional que reúne en si misma toda la magia y fantasía del arte del Aduanero Rousseau, pintor descrito como naif, primitivista, salvaje... En definitiva, un artista inclasificable, quizás el más personal y desinhibido de todos los artistas surgidos inmediatamente después del ocaso del impresionismo, que explicaría la obra con este sugerente discurso: “La mujer en el sofá sueña que ha sido trasladada a este bosque y escucha el sonido de la encantadora de serpientes...” Las fuentes de las que beben estas obras fantásticamente exóticas son tan complejas que nos obligarían a un viaje imposible dentro de la mente del Aduanero Rousseau, habitada por la admiración por “Las flores del mal” de Baudelaire, las poesías de su amigo Apollinaire, y la fascinación por la naturaleza salvaje tan típica de los artistas bohemios de finales del siglo XIX.

MARC CHAGALL
“Paris a través de la ventana”, 1913 óleo sobre lienzo, 135.8- 141.4 cm. – Nueva York, Guggenheim Museum.
Criado en una humilde familia judía en Rusia, Marc Chagall siempre se sintió en Paris como un extraño, un extranjero “impresionado por la luz”. Pese a coincidir con los principales artistas de la época, con quienes expuso en el “Salón de los Independientes”, Chagall siempre se mantuvo fiel a su peculiar estilo, un estilo, según sus propias palabras, “poético sin poetización, místico sin misticismo”. Quizás por esta obstinación, durante sus últimos años su producción es bastante irregular, pero en sus primeros años en Paris pintó auténticas obras maestras llenas de misterio como ésta. Con sus brillantes colores, extrañas figuras e inusual composición, esta obra de Marc Chagall nos habla de un Paris misterioso e indescifrable en la que nada –ni nadie- es realmente lo que creemos que es.

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"Ahora sólo hay una melancolía absoluta. No deseo nada. Dormir. Solamente dormir. Y soñar. Soñar que me quieren".
- Alejandra Pizarnik


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