| Denunciante Bronce
| Respuesta: Las 50 Obras Maestras de la Pintura ASHER BROWN DURAND “Kindred spirits ("espíritus afines" o "afinidad de espíritu"), 1849 óleo sobre lienzo, 116.5- 91.4 c. – Colección privada  Asher Brown Durand es uno de los pintores más importantes de la llamada Escuela del Río Hudson. Aunque mayor que Cole –el pionero del paisaje americano- se introduce en el paisajismo tras conocer las obras de éste. Más romántico y menos fiel a la realidad que su Cole, sus obras son no obstante más bellas y poéticas, con claras influencias de maestros como Meindert Hobbema o Claudio de Lorena. Es creador de obras tan célebres como "Las hayas" o el "Kindred Spirits" (espíritus afines), una de las obras más famosas y representativas de toda la pintura americana. La escena, aparentemente sencilla, encierra numerosos elementos alegóricos cargados de simbolismo. Vemos dos hombres en lo alto de unas rocas, contemplando un fantástico valle fluvial salpicado de rocas, arbustos y saltos de agua. En primer plano, un majestuoso árbol abraza la escena, como dando cobijo a los dos hombres que dominan el paisaje. Al fondo, dos elementos claramente simbólicos –la cascada y el águila- remarcan una vertical imaginaria que divide y organiza la composición. Todo está en paz, todo es perfecto dentro de la grandiosidad de la Naturalez. FREDERICK EDWIN CHURCH “Above the clouds at sunrise (Por encima de las nubes al amanecer)”, 1849 óleo sobre lienzo, 69.2- 102.2 cm. – The Warner Collection  Frederick Edwin Church es discípulo y admirador de Thomas Cole, pionero del paisaje americano, a quien dedica muchos de sus obras. Church representa la culminación de la Escuela del río Hudson: posee el amor por el paisaje de Cole, el lirismo romántico de Durand y la grandilocuencia de Bierstadt, siendo más valiente y técnicamente más dotado que cualquiera de ellos. Se trata sin duda de uno de los mejores paisajistas de todos los tiempos, tal vez sólo superado por Turner y algunos impresionistas y postimpresionistas de primera linea como Monet o Cézanne. Poco a poco el paisaje americano se le queda corto a Church, y pinta obras maestras exóticas como "Cotopaxi", "Heart of the Andes" o el "Above the clouds at sunrise" aquí mostrado.
Un paisaje sin tierra. O mejor aún, un paisaje aéreo. "Above the clouds at sunrise" es uno de los paisajes más originales y valientes de la historia de la pintura. Church ha representado el amanecer en lo alto de una montaña, “por encima de las nubes”, de tal manera que todo el paisaje situado a una cierta distancia queda sustituido por un mar de nubes. Los elementos naturales situados cerca del observador, además de la rosada niebla del amanecer, enmarcan la vista del horizonte, mientras que uno de los árboles, situado exactamente delante del sol, matiza la potencia de éste sobre la pintura. Church no parece haber optado por representar un paisaje en concreto, sino más bien la luz onírica e increíble del amanecer. PIERRE AUGUSTE RENOIR “Baile en el Moulin de la Galette”, 1876 óleo sobre lienzo, 131- 175 cm. – Paris, Musée d'Orsay  Esta pintura ha sido descrita en ocasiones como “la pintura más bella del siglo XIX”. La escena describe uno de los numerosos bailes que se celebraban en el Molino de la Galette , uno de los locales de diversión más frecuentados del Montmartre de la época y punto de encuentro para bohemios y artistas como Toulouse-Lautrec, van Gogh o el propio Renoir.
Aposentado detrás de su caballete, el pintor ejecutó una obra maestra en la que retrata a muchos de sus amigos –el pintor cubano Pedro Vidal y su pareja, otros pintores franceses como Lamy, Gervex o Codey- pasando una divertida tarde de domingo en el jardín del Moulin. No todos los protagonistas de la pintura son rostros conocidos. El propio Renoir afirmó que varias de las modelos eran damas “de la calle”: “yo tenía miedo de que sus amantes prohibieran a sus “mujeres” la asistencia a mi estudio, pero también ellos eran buenos chicos. Algunos de ellos incluso posaron para mi como modelos” . Artistas, bohemios, prostitutas… todos ellos formando un auténtico “zoo humano” que nos traslada al instante a las tardes de bohemia en el Paris del XIX. VINCENT VAN GOGH “La noche estrellada”, 1889 óleo sobre lienzo, 73.7 – 92.1 cm. – Nueva York, Museum of Modern Art (MOMA)  Una de las obras más famosas y reproducidas de van Gogh, comúnmente asociada a su creciente locura, y que en realidad es resultado de la preocupación del artista por las investigaciones astronómicas del momento. De hecho, en la pintura conviven elementos reales y fantásticos. Por un lado, un estudio realizado por el Griffith Park Observatory demostró que van Gogh representó la Luna , Venus, y varias estrellas en la posición exacta en la que se encontraban aquella noche despejada. Por otro lado, la llamativa espiral que ocupa gran parte de la obra es un elemento claramente fantástico, que bien puede ser una interpretación del artista de las corrientes invisibles que se producen en el firmamento, y que los avances en la astronomía comenzaban a publicar.
Kodera (1990) hace notar el contraste entre la torre de la iglesia y los espectaculares efectos del cielo como una crítica hacia la institución religiosa, que queda empequeñecida cuando se compara con la naturaleza. Más evidente resulta el contraste entre dicha torre y el enorme ciprés –que para van Gogh era símbolo de muerte- del primer plano. WINSLOW HOMER “Summer night (noche de verano)”, 1890 óleo sobre lienzo, 76.7- 102 cm. – Paris, Museo d'Orsay  A menudo se comete el error de considerar el impresionismo como un movimiento exclusivamente francés, cuando algunos pintores norteamericanos merecen figurar al lado de los Monet, Degas, Pisarro… De todos ellos, el más importante es sin duda Winslow Homer, artista original e innovador con un especial talento para la representación del mar ("The Gulf Stream", 1899, Metropolitan Museum of Art) En sus últimos años, Homer se traslada a un pequeño pueblo costero de Nueva Inglaterra, donde comienza a trasladar al lienzo la vida sencilla de los marineros de la región. La espontaneidad con la que el artista representa la magia de una noche de verano hacen de esta pintura una de las cumbres de la pintura norteamericana. CLAUDE MONET "Álamos al borde del Epte, vista de la marisma", 1891óleo sobre lienzo, 88- 93 cm. - colección privada, Estados Unidos  Claude Monet es el pintor impresionista por antonomasia, un genio autor de la célebre serie de La catedral de Rouen –la cumbre del impresionismo- y los Nenúfares, descritos como “la capilla sixtina del impresionismo”, aunque en realidad van más allá, esbozando ya la abstracción. Sin embargo, su mayor cota lírica la alcanza en este cuadro extrañamente irresistible. La composición posee la extraña belleza de un haiku japonés, asimétrica y conmovedora, mientras las hojas de los álamos se desdoblan en una gama de rojos y púrpuras, concluyendo en un azul que haría enrojecer de envidia a Yves Klein. Es, en definitiva, Monet en su máximo esplendor, aquel artista que “quisiera pintar como el pájaro canta”, y que, en obras como esta, lo consigue. EDVARD MUNCH “El grito”, 1895 óleo sobre lienzo, 89- 73.5 cm. – Oslo, Galería Nacional. La obra más famosa de Edgard Munch y una de las pinturas más reconocibles de todo el arte moderno. Su fama se ha visto aumentada en los últimos tiempos al protagonizar, junto con la “Madonna” del mismo autor, uno de los robos de Arte más sonados de los últimos tiempos, felizmente ya resuelto. El robo de ambas obras produjo un escándalo de dimensiones inauditas en el país escandinavo, tanto por la facilidad con la que fueron robadas (arrancadas de las paredes a plena luz del día e introducidas en un coche con el motor en marcha) como por el hecho de que no estuvieran aseguradas
Más allá de polémicas, la pintura es hoy en día un símbolo de la angustia del mundo contemporáneo. La terrible figura cadavérica y los chillones colores del paisaje de fondo, además de la perspectiva forzada, causan una sensación de angustia y ansiedad en el observador. El propio pintor describió esta pintura con estas palabras: “paseando durante un ocaso sentí como un grito en la naturaleza. Me pareció oir un grito. Pinté este cuadro, pinté las nubes como sangre verdadera, los colores gritaban...”
__________________ "Ahora sólo hay una melancolía absoluta. No deseo nada. Dormir. Solamente dormir. Y soñar. Soñar que me quieren".
- Alejandra Pizarnik |