Título mundial de Martín Emilio Rodríguez
El apodo de "Cochise" se lo puso él mismo. No se perdía ninguna película en la que el gran héroe era un indio apache que se hacía llamar así. Martín Emilio Rodríguez copió de su ídolo la garra con que había que luchar y en vez de flechas utilizó la bicicleta para convertirse en el mejor del mundo. En Varese (Italia), en 1971, a base del pedaleo sobre la máquina de piñón fijo, el colombiano venció al suizo Joseph Fush y se quedó con el título mundial de los 4.000 metros persecución individual. Dicharachero y mamador de gallo, hoy, "Cochise" Rodríguez está en todas las carreras del ciclismo colombiano pregonando su principal defecto: "No preocuparme por nada de nada".
El 1-2 en el Tour de Francia
Lans en Vercors es una estación invernal famosa en los Alpes franceses. La nieve y las bajas temperaturas son tradicionales a final de año. Pero el 10 de julio de 1985, los casi 40 grados centígrados fueron grandes aliados de Fabio Parra y Luis Herrera. El primero de ellos se fugó luego de tres arrancadas que fueron respondidas por el lote. Sin embargo, cuando faltaban cinco kilómetros para el arribo, el grupo le pisaba los talones. La gasolina se le había acabado y pagaba caro el esfuerzo. Al pasar por la pancarta de tres kilómetros para la meta, se asustó. Vio que se aproximaba una sombra, pero se calmó cuando se dio cuenta de que era Herrera el que llegaba a darle una mano. El apoyo fue clave y la diferencia se aumentó. "Lucho" tuvo tiempo para acomodarse la gorra, dejó que Parra cruzara la meta en el primer lugar y Colombia obtuvo su primer y único 1-2 en el Tour de Francia.
Pole de Roberto Guerrero en Indianápolis
Sufrir. Ese fue el verbo que siempre conjugó el piloto colombiano Roberto José Guerrero en su trayectoria profesional. En 1992 tuvo que esperar dos días para ratificar que saldría comandando la grilla de las 500 millas de Indianápolis, la carrera en óvalo más famosa del mundo. El sábado 9 de mayo, Guerrero salió a clasificar a las 5.45 de la tarde, hizo el mejor tiempo, pero la sesión abortó 45 minutos más tarde sin que todos los pilotos lucharan por un cupo en la grilla. Las series de clasificación se reanudaron al día siguiente. Guerrero sufría en su camerino. Impotente, trataba de calmarse caminando por el pasillo. Sin embargo, sus rivales no pudieron superar su tiempo de 2 m 34 s 851 mil. y el sueño de partir de primero en la carrera se había cumplido.
Guerrero se queda sin gasolina en la meta
Roberto José Guerrero tuvo en dos ocasiones la oportunidad de ganar las 500 millas de Indianápolis, la carrera en óvalo más importante del mundo. La de más recordación fue la prueba de 1987. La competencia entró en su parte definitiva. Al Unser y Guerrero peleaban la punta. El colombiano aceleraba a fondo, pero Unser no lo dejaba pasar. Cuando faltaban veinte vueltas para el final, ambos entraron a los pits y salieron de inmediato en busca de la gloria. Con llantas nuevas sobre el asfalto, Unser veía cada vez más cerca al colombiano, que en varias ocasiones estuvo a punto de pasarlo. A dos vueltas de la conclusión y cuando pocos centímetros lo separaban del carro de Unser, Guerrero se dio cuenta de que el combustible se acababa y tuvo que desacelerar. No podía creer que la mala suerte lo hubiera acompañado ese día. Unos giros antes, una llanta de su auto salió disparada y mató al aficionado Lyle Kurtenbach. En ese momento veía cómo el auto de su rival pasaba por el frente de una bandera a cuadros, que se agitaba recibiendo al campeón.
Los héroes de la pelota caliente
Ese 16 de diciembre de 1947, Cartagena y Colombia estaban metidas en el béisbol. El "equipo de los chiflidos", como se llamaba al seleccionado nacional dirigido por el cubano Pelayo Chacón y comandado por el lanzador Carlos "Petaca" Rodríguez y el tercera base Pedro "Chita" Miranda, ganaba el título mundial de béisbol frente a Puerto Rico, 5-0. El estadio Once de Noviembre, de Cartagena, fue el escenario de aquella fiesta que aún muchos abuelos recuerdan, incluyendo los cuatro peloteros sobrevivientes: "Kiki" Hernández, "Flaco" Herrera, "Jiquí" Redondo y "Ronquecito" López. Colombia celebró por años su primer título mundial en cualquier deporte.
La medalla de bronce regresa a casa
Cuando le dan ganas de llorar, a María Luisa Calle no le salen lágrimas porque las derramó todas durante los 14 meses que duró su lucha por demostrar que no se dopó en la prueba por puntos en Atenas-2004, donde obtuvo una medalla de bronce que más tarde le quitaron luego de dar positivo por heptaminol. Tuvo que entregar la presea, el diploma y los reconocimientos, pero desde ese instante comenzó a pedalear en la carrera más dura de su vida. Tocó todas las puertas y llegó hasta el Tribunal de Arbitramento del Deporte (TAS), que fue al único que le logró comprobar que el heptaminol llegó a su muestra en un tubo de ensayo y que no fue producido en su cuerpo. El 23 de noviembre de 2005, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, le devolvió la medalla. Ese día trató de llorar, pero comprobó que las lágrimas se le habían acabado.
Santiago Botero, campeón mundial contrarreloj
En los Mundiales de Ciclismo de 2002, celebrados en Zolder (Bélgica), Santiago Botero, que más parece un europeo por su pelo mono y sus ojos azules, pero que al oírlo hablar uno se da cuenta de que es paisa de pura cepa, tenía en mente sacarse una espina que se le había metido un año antes en Portugal, cuando en la prueba contrarreloj el alemán Jan Ullrich y el británico David Millar se le atravesaron y lo dejaron con el bronce en el cuello. Botero se acomodó en su máquina, agachó la cabeza, estiró los brazos y con una relación promedio de 55 x 11, una prueba de su fuerza descomunal, comenzó a recorrer los 40 kilómetros del trazado. En los pasos intermedios pulverizó los relojes. En la meta rompió los cronómetros y con tiempo de 48 m 8 s ganó el oro y se enfundó la camiseta arco iris, para convertirse en el primer colombiano en obtener el metal dorado en esta clase de pruebas.
El 9-0
En el Preolímpico del 2000, Colombia enfrentaba a Brasil con la "ventaja" de poder perder hasta por seis goles para clasificar a la fase final. El 29 de enero, un día antes del partido, el DT Javier Álvarez veía por TV el juego entre Uruguay y Argentina. A los argentinos les expulsaron dos jugadores y Álvarez, que hasta ese día había trabajado con todos los titulares para enfrentar a Brasil, entró en pánico y en el último entrenamiento sacó a cinco titulares. Brasil nos hizo nueve goles y Chile, que ya había mandado la utilería a Santiago, entró al cuadrangular final, fue a Sydney y se colgó la medalla de bronce.
La Vuelta a España
Sólo 49 segundos separaban a Luis Herrera de la gloria. El alemán Raimond Dietzen era el portador de la camisa amarilla, pero la jornada montañosa favorecía las condiciones del escalador colombiano. La etapa, que había partido de Santander, entraba en sus 13 kilómetros definitivos. La carretera comenzó a empinarse y los pedalistas nacionales se apoderaron del frente del lote grande. Nadie podía salir, la autorización era sólo para Herrera, que faltando siete kilómetros lanzó su feroz ataque. A sus rivales, los dejó hablando solos. Nadie le pudo seguir el paso: su ritmo era insoportable. Pedaleaba como si la vida se le fuera. La camiseta roja que portaba el cundinamarqués, del líder de la montaña, abría el paso de la caravana. Cada rato se subía las mangas blancas que lo protegían del frío. Coronó el premio de montaña y se lanzó en busca de la meta. "Luchito" impulsó la bicicleta, levantó por segundos los brazos y de inmediato se encontró con la pared de fotógrafos que lo esperaba detrás de la línea de sentencia en los Lagos de Covadonga. Como si se tratara de una contrarreloj, el reloj comenzó a ser el juez. Los segundos pasaron y Herrera se regaló el triunfo y el liderato de la ronda ibérica: era el día de su cumpleaños número 26.
San Silvestre
Tachado de malgeniado, mala gente y de imprudente, a Víctor Manuel Mora García nadie le puede quitar el rótulo de ser un campeón "callejero". Sus victorias más importantes las logró en las pruebas de calle, sobre el duro asfalto por el cual hoy ya ni corre como aficionado, porque tiene desgastada la cabeza del fémur de su pierna derecha. En 1981 ganó su cuarta Carrera de San Silvestre, la que se realiza todos los 31 de diciembre en São Paulo. Libró una lucha cerrada con sus rivales y los venció en la raya de sentencia después de superar los 8.900 metros de recorrido con 23 m 30 s, a sus 37 años y portando el número 4661.
Real Madrid vs. Millonarios
Para festejar sus Bodas de Oro, el 30 de marzo de 1952, el Real Madrid invitó a
Millonarios. Hoy puede parecer una fantasía, pero así fue. En aquella época, el equipo español ya era uno de los más importantes de Europa y el colombiano, uno de los mejores de América y al que llamaban "El ballet azul" por su forma histriónica de jugar. Tenía "actores" de primerísimo nivel, traídos de Argentina para aprovechar la huelga del fútbol en ese país. Para el partido del festejo jugaron Alfredo Di Stéfano, Adolfo Pedernera, Néstor Rossi, Alfredo Castillo, Antonio Báez, Raúl Pini, Reynaldo Mourín y Julio Cozzi. ¡Ocho argentinos! El onceno lo completaron el peruano Ismael Soria, el paraguayo Julio César Ramírez y un colombiano: Francisco "Cobo" Zuluaga. El escenario fue el estadio Chamartín, con 70.000 espectadores a bordo. Millonarios ofreció una magnífica obra, le hizo honor a su sobrenombre. En el primer tiempo ganaba 3-0 y al final se impuso 4-2. Los goles fueron de Di Stéfano (2), Castillo y Báez. Cobró $5.000 por aquella presentación. Los españoles quedaron maravillados con Di Stéfano y un año más tarde lo contrataron. También terminaron encantados con el fútbol que jugaba Millonarios. Tanto, que se enfrentaron otras cinco veces entre ese año y 1959, y el Real Madrid nunca le pudo ganar.