Un joven, después de mucho ahorrar, llega a comprarse la moto de sus sueños. El vendedor le recomienda que, por lo menos durante los primeros meses, la cuide. "Cuando ves que esta por llover, unta las partes cromadas y las de cuero con vaselina; cómprate un tarro y llévalo a todas partes".
Dos días después, su novia le dice que sus padres quieren conocerlo, y lo invita a su casa a comer. Y va para allá, por la autopista, al máximo de velocidad que da la moto.
El joven llega a la casa, se sienta, comen: la velada transcurre con total cordialidad. Pero poco antes de terminar la cena, su novia le dice que (por una estricta tradición familiar) el primero que habla después de la comida, lava los platos.
Terminan de cenar, y se produce un silencio que se corta con un cuchillo; nadie habla durante casi una hora. Cansado, el joven (para provocar una reacción verbal) comienza a acariciar a su novia; una cosa lleva a la otra, y terminan haciendo el amor desaforadamente encima de la mesa. Pero todos siguen en silencio. Poco después hace lo mismo con la hermana de su novia, con igual resultado. Sorprendido, intenta con la madre, y nadie habla. En ese momento, se escucha un trueno.
Recordando el consejo del vendedor, el joven toma de su bolso el tarro de vaselina. El padre se para y grita:
- ¡¡¡No jodás hombre... está bien, lavo yo !!!