Chávez entró al fin en guerra con los gringos, pero como él era muy valiente jamás mostró temor ante el Imperio, él mismo se encargaría de dirigir su ejército bolivariano a la victoria. Llega la primera batalla, viene un pelotón gringo a atacarlo a su posición, y sus soldados enloquecieron de terror. Pero el comandante gritó:
- ¡Traigan mi camisa Roja!
Llevándola puesta instigó a sus hombres al ataque. Vencieron a los gringos. Unos días más tarde, el vigía vio que esta vez venían 3 aviones gringos. El comandante pidió nuevamente su camisa roja y la victoria volvió a ser suya. Esa noche, sus hombres le preguntaron por qué pedía la camisa roja antes de entrar en combate y Chávez contestó:
- Si soy herido en combate, la camisa roja no deja ver mi sangre y mis soldados continuarán peleando sin miedo.
Todos los hombres quedaron en silencio, maravillados por el coraje de su comandante. Al amanecer del día siguiente, el vigía no vio ni infantería, ni dos, ni tres aviones... si no 40 AVIONES F-22 y 4 batallones que se acercaban con todo. Todos su hombres dirigieron en silencio sus ojos al comandante, quien con voz potente, sin demostrar miedo gritó:
- ¡¡¡Tráigan mis pantalones marrones!!!