En un desierto estaban perdidos un burro y un monito. Pasaron los días y le dijo el monito al burro:
- Oye ya hemos pasado unas semanas aquí y a mi me hace falta una mona pero como no hay te tendré que usar a ti.
Dice el burro:
- Está bien pero luego yo a ti también.
Se ponen de acuerdo y se sube el monito en el burro, cuando ya termina le dice el burro:
- Me toca a mi...
Y no hacía dos minutos que empezó y grita el mono:
- ¡Hundime las bolas, hundime las bolas!
A lo que responde el burro:
- ¡Pero si ya te las metí bien adentro!
Y contesta el mono:
- ¡La de los ojos, que me las estás sacando...!