Un pastuso recién casado se va con la mujer de luna de miel a San Andrés. Cuando están en plena noche de bodas ella le dice a él:
- Cariño tengo que comentarte algo, ¡soy virgen!
El marido se quedó sin aliento, se puso de rodillas y se puso a llorar. Pasados dos días el hijo vuelve a casa de su madre y la madre viendo que su mujer no venía con él, le dijo:
- ¿Hijo dónde esta mi nuera?
- Mira mamá nos hemos separado, pues.
- ¿Tan pronto?
- Sí mamá, ¡me dijo en la noche de bodas que era virgen!
La madre llena de mala leche le dice:
- Muy bien mijo, lo que no ha querido nadie que no sea tampoco para ti.