| Staff Retirado Con Honores Denunciante Dorado
| Vagabundo II | -II- La voz se desvanecía, dentro de sí la calma caía como una hoja en un lago, su espíritu estaba aplacado, pero era necesario entender lo que la voz como un canto decían. Haciendo un esfuerzo, lo único que recordaba era “Una pálida estrella solitaria”. Y esa pálida estrella se parecía a la mujer del paradero, la quería volver a ver, inmutable, afrontada a los ditirambos que la invadían, transfigurada a su vez en la realidad común que lo incumbía. Encontró en esa mujer anónima inspiración para caminar las calles nuevamente, imagen de su vida sin ventura, espectro aparente, flor de perfume y oro sin causa, espíritu que paz le podría dar. Pensaba también en aquella “voz” que lo estremecía, ¿de dónde venia? No podía crearla, ni forzarla, ni imitarla, llegaba autentica, enviada por la pasión y el renacer sigiloso de la sangre en los versos, alma bajo la tierra, oculta de la luz que penetrar en ella no alcanza. El hambre le iba pegando la piel a los huesos, la frase cada vez más difusa en su mente que repetía Una pálida estrella solitaria fue creciendo hasta convertirse en el coro que lo alivió como si empezase a necesitarlo, era él parte de ellas y era la mujer del paradero parte de su frenesí. Las voz riendo empezaró su canto: “¡Cuan horrible es vivir de la tristeza, agobiada la sien de pesadumbre, y no sentir jamás la dulcedumbre, que la fe sólo y la esperanza dan! ¡Cuan horrible es amar sin ser oído, que el suspiro entre lágrimas enviado no halle jamás el eco deseado que respondiendo, alivie nuestro afán!.” El hombre se abalanzó sobre las calles solitarias, ¿Qué voz me invade noche y día? -se preguntó, ¿es acaso el fantasma de la locura? Y como pretendiendohallar en la solitaria noche lo que ahuyentara su prudencia, desbocado por su cuerpo, el hombre viejo corría como un ser anónimo, cayéndose en las esquinas orinadas por los perros, buscando en todos los ojos el iris que lo sosegara, sujeto sin nombre al que no veían los demás. Reconoció paradójicamente su falta de cordura y deambuló en medio del olor a diesel, de las paredes rayadas e inconformes, de las cámaras colocadas en los postes de la luz que atravesaban las avenidas principales como torrentes sanguíneos de un animal siempre latente, vivo y lleno de soledad, de voces inexistentes por deseos no satisfechos en ningún cuerpo, como si los besos dejaran de importar por un cigarrillo o una cerveza. Él extrañaba esa mujer de la que no sabía nada y anhelaba que no hubiera muerto victima de la luna inclemente, se preocupaba demasiado por una sombra lánguida y triste que se volvía constantemente un recuerdo agotador, vivido y olvidado. Era pensar en un lugar para hallarla, pensar en donde dormir… “¡Cuan horrible es pensar que yo sucumba al peso irresistible del destino, y divertir con mi clamor continuo el capricho o virtud de una mujer! ¡Cuan horrible es contar mis tristes horas por las horas acerbas de mis penas, y sentir la ponzoña entre mis venas sin probar nunca el cáliz del placer!” 
Última edición por -Damphir-; 31-07-2009 a las 18:32:45 |