Lutero.- Nada en cuanto a que la religión defiende el amor y la paz, y en el mundo, efectivamente, lo que hay es lo contrario. En eso sí es una conciencia invertida. Pero no estoy de acuerdo en cuanto a que todo ello se inicie y se quede ahí abajo, en la tierra, en vez de llegar inspirada desde el cielo.
Marx.- Esos son precisamente los mitos, "el cielo", "el más allá", "el más arriba", "la ultratumba"..... En mi teoría no hay más realidad que la económica, y todo lo demás, religión, moral, arte, política, todo, constituyen una superestructura, un conjunto de manifestaciones de la realidad económica. A medida y en función de lo que la estructura económica varía, así va cambiando de signo toda la superestructura en cada época. Desde la religión hasta el arte, todo depende del sistema económico de cada momento.
Lutero.- Lo sé, lo sé. Y el día en el que se imponga el nuevo orden económico, el comunismo, al cesar la alienación del hombre desaparecerá la sed de justicia, y con la sed de justicia desaparecerá la imagen proyectada de una eternidad y un dios justiciero. Se acabará la religión. Lo sé...... Lo malo es que resulta que el Sr. Lenin ya puso en marcha tus ideas y no dieron resultado ninguno. Tu teoría del materialismo "histórico" se ha hundido por falta precisamente de eso, de resultado "histórico" ninguno. Ha sido un fracaso monumental.
Marx.- Sobre todo si el capitalismo le pone cerco. Al pueblo es muy fácil seducirlo desde fuera.
Lutero.- Más fácil es hundirlo en la miseria desde dentro. Ni trajiste ningún edén a la tierra ni tampoco acabaste con la religión. ¡En qué cabeza cabe que esta miseria que es el mundo pueda convertirse en un paraíso! ¡Qué iluso, Karl, qué iluso!
Marx.- Dificilísimo, lo comprendo. Pero mirando hacia arriba, hacia ese cielo beatífico por si cae maná, sólo se puede sacar ceguera y dolor de cuello.
Lutero.- Te he dejado hablar, pero en tu teoría hay un error que la invalida desde el principio y para siempre. Todo eso del capital, la alienación del trabajador, el ansia de emancipación y todo lo que tú quieras, será desde que aparecieron las clases sociales, que es cuando surgió ese problema. ¿Y qué tiene eso que ver con Dios, que es tan antiguo en el pensamiento del hombre como el hombre mismo? ¿Cómo puede ser lo divino invento de una organización social clasista que todavía no existía?
Marx.- Siempre ha existido algún tipo de organización y explotación entre los hombres, por incipiente que fuera. En todo caso, no me niegues que ha sido desde que el hombre ha dejado de mirar hacia arriba y ha bajado la mirada a sus asuntos, cuando ha comenzado a progresar.
Lutero.- Según a lo que tú llames progreso.
Marx.- La historia de las revoluciones industrial, científica y tecnológica, la historia del progreso, va de la mano de la historia del ateísmo y la indiferencia religiosa. No habrá triunfado el comunismo como sistema político concreto, pero sí ha triunfado la desacralización, la filosofía materialista.
Lutero.- En eso tengo que darte toda la razón. No es que corran malos vientos para la fe, es que corre un aliento fétido.
Marx.- ¿Y qué es eso, sino la prueba de mi materialismo histórico? A medida de que ha cedido la explotación del hombre por el hombre y se ha socializado la economía, a medida de que van borrándose las fronteras de la injusticia en Occidente, Occidente va olvidándose de vuestro Dios. Ya no le quedan más que los suburbios, el tercer mundo. La superestructura de la religión solamente funciona donde la estructura económica es miserable.
Lutero.- Supongo que sabes que la primera de las acciones de un misionero no es predicar, es dar de comer.
Marx quizás no acertó con el sentido de las palabras de su oponente y nada dijo.
Lutero.- Desgraciadamente, el hombre comprende con el estómago. Si el misionero me alimenta es que el misionero es Dios. Si el progreso me alimenta, es que el progreso es Dios.
Marx.- Pero tú, claro, no estás de acuerdo. Porque con eso, la célebre "necesidad de Dios" se reduce a un simple problema de estómago. Dios es aquél que me lo llena. Y si no me lo llena nadie, entonces es que me lo llenará un Dios que hay después de esta vida.
Lutero.- Haces una descripción perfecta de la zafiedad del hombre. Lo malo es que la verdad existe, y por encima de que el hombre satisfecho del primer mundo se olvide de Dios y el hambriento del tercer mundo le implore, Dios existe.
Marx.- Más bien hemos llegado a la conclusión contraria: aunque el hombre insatisfecho del tercer mundo se invente a Dios, Dios no existe, es una mera consecuencia de su estómago vacío.
Lutero.- No tengo otro remedio que comunicarte, por si no lo sabes, que el hombre, el célebre homo sapiens sapiens, no es únicamente estómago. Comprendo que esto es una verdad demasiado fuerte, pero te aseguro que es así. También tiene otras cosas: vello, dentadura, vasos sanguíneos..... Y además, ¡cosa insólita!, memoria, entendimiento, voluntad...... Tiene alma. De las discrepancias entre el alma y el estómago, no pretendas sacar la peregrina conclusión de que únicamente existe uno de los dos y el otro es inventado.
Marx.- A veces te pasas con tu sentido del humor.
Lutero.- A veces te olvidas de lo único noble que hay en el hombre. Lo que quería decirte es que no solamente existe el estómago vacío y la sensación de injusticia que empuja al hombre a inventarse a Dios, también existe el alma angustiada y la sensación de vacío porque le falta Dios.
Marx.- Puede ser que también el alma se lo invente, como el estómago.
Lutero.- No es que se lo invente, es que "el alma ha sido hecha por Dios, y está inquieta hasta que descanse en Dios".
Marx.- Firmado: San Agustín.
Lutero.- Da igual quién lo ha firmado. No es sólo una sentencia, es una verdad.
Marx.- En todo caso, será cuestión de prioridades, por lo que se ve. Si antes de predicar hay que dar de comer, debes reconocer que el hombre es más animal que espiritual.
Lutero.- "Más", no, "antes". Lo que tú quieres decir es que antes que nada es animal, porque las necesidades materiales son perentorias, inaplazables. Pero que sean "antes" no significa que sean "más". Lo admirable del hombre no es el estómago, es el espíritu, aunque las cosas del espíritu puedan esperar.
Marx.- Lo último que tengo que decirte es que os habéis pasado la vida predicando un Dios eterno que ha inventado al hombre. Nietzsche tuvo la osadía de matarlo. Pero Nietzsche llegó tarde, porque antes Feuerbach había descubierto que no existe, que es el hombre mundano el que ha inventado a Dios, y no al contrario.
Resumen:
Ateos.- La psicología puede explicar perfectamente la existencia de Dios. El miedo del hombre ante la muerte, su angustia ante la desaparición total, su anhelo irreprimible de inmortalidad, le empujan a proyectar ese anhelo, o a sublimar esa angustia, en otra hipotética realidad existente en el más allá. Son las explicaciones dadas por Feuerbach y por Sigmund Freud.
La explicación dada por Karl Marx en su materialismo histórico, es que todo lo llamado espiritual es una superestructura creada por la única realidad existente, lo material. La religión no es otra cosa que el intento del hombre por escapar de la alienación y sufrimiento provocados por un orden económico injusto y explotador.
Teístas.- Pretender que ramas concretas y limitadas de la ciencia, como son la psicología o la economía, puedan servir para explicar la vasta y compleja realidad de la existencia, es un error conocido y bautizado como reduccionismo. Por otra parte, Marx olvida que la religión es tan antigua como el hombre, y la lucha de clases sociales en que basa su teoría no.
El error en que incurren las tres teorías es típico de la ciencia: la confusión entre los diferentes ámbitos de la realidad. Basándose en que existen los fenómenos psicológicos de proyección (Feuerbach), sublimación (Freud) y anhelo de escapar de la alienación económica (Marx), no puede deducirse que lo trascendente existe sólo en el ámbito psicológico, pero no en las demás esferas de la realidad. Que el pensamiento del hombre sea capaz de imaginar algo no empece que ese algo exista también fuera del pensamiento del hombre.