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Antiguo 17-06-2009 , 11:50:19   #1270
Eddie Vedder
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Predeterminado Respuesta: Ateismo - Topic Oficial

Marx.- Vosotros, los creyentes, habéis explotado esa innata inclinación del hombre a fantasear, a concebir infinitos, eternidades y demás tonterías, para afirmar que tales fantasías constituyen una necesidad grabada en el alma de toda la especie humana, y que tal necesidad implica la existencia real del objeto deseado.

Lutero.- Ese será uno de nuestros argumentos..

Marx.- "Gracias a Dios" (y perdona, pero no lo digo despectivamente), Feuerbach se dio cuenta de la auténtica naturaleza del fenómeno. Una fantasía del hombre, y además una fantasía irrealizable, precisamente por eso, por ser irrealizable, le empuja a proyectarla fuera de sí mismo, con lo cual consigue la ilusión de que sí que existe. Los deseos de inmortalidad que la fantasía le propone, el hombre solamente puede realizarlos proyectándolos sobre otra realidad inexistente e imaginaria. Eso es Dios.

Lutero.- Desde luego, si partes ya de que lo eterno es una fantasía no realizable, no existente, no puede darte otro resultado nada más que ese mismo, que no existe. Mayor perogrullada jamás pudo idear el señor Feuerbach, y de paso menos rigurosa.

Marx.- Los fenómenos de proyección son elementales en Psicología, querido. Lo que el sujeto teme o desea tiende a darlo realidad fuera de sí mismo para justificarlo. Se supone que la ciencia sabe más que tú de eso.

Lutero.- Sabe más, pero lo que sabe lo aplica fatal. Porque también es elemental que, independientemente de que tal fenómeno psicológico se produzca (cosa que nadie niega), esa realidad puede ser que exista de verdad fuera del sujeto; lo uno no es incompatible con lo otro. Que tú imagines una manifestación obrera por las calles de Berlín, no excluye en absoluto que dicha manifestación pueda estar produciéndose de verdad en ese momento. ¿Cuál es la razón para suponer que lo que uno pueda imaginar, si es coherente, no pueda existir de verdad?

Marx.- No empieces a darle vueltas. Si el fenómeno de proyección puede explicar el concepto Dios, no es lógico, por antinatural, inventarse que Dios existe realmente.

Lutero.- Lo que no es lógico ni natural es intentar resolver el problema sespiriano del "ser o no ser" de algo, que es un problema ontológico, por medio de la psicología, que es una ciencia particular. Más que particular, particularísima. Eso es un error de método conocido y llamado reduccionismo. La realidad no se puede reducir a lo que se ve desde una esquina cualquiera, hay que mirarla en conjunto y desde arriba.

Marx.- Las ciencias, eso que tu llamas "esquinas" del conocimiento, es lo único seguro que tenemos.

Lutero.- ¡Segurísimo!. Por eso la ciencia consideraba a la Tierra el centro del Universo. En mi siglo, Copérnico descubrió que dábamos vueltas alrededor del Sol. Dos siglos más tarde, Newton seguía defendiendo la existencia del espacio absoluto. Y otros dos más tarde, Einstein ha descubierto que el movimiento y el espacio son cuestiones sólo de relación. La ciencia, sin duda, es segurísima.

Marx.- Si Feuerbach estaba equivocado, entonces también Sigmund Freud.

Lutero.- No he dicho tal cosa, Karl, no he negado el fenómeno de proyección que invoca Feuerbach, he negado que eso, por sí solo, lo explique todo, he negado la validez de la psicología, que es una reducida parcela del saber, como explicación total de la realidad. Os he acusado de practicar reduccionismo.

Marx.- Pero insisto. En tal caso, es obvio que tampoco vas a admitir las conclusiones del mayor genio de la psicología.

Lutero.- También era judío y era ateo, como tú. ¡Qué lástima, tanta materia gris y tan desaprovechada!

Marx.- ¿Es ése todo el comentario que se te ocurre?

Lutero.- Es que apenas hay nada que comentar. En Freud, como en Feuerbach, el origen es el mismo, el deseo de inmortalidad del hombre; el resultado final el mismo, la invención del Dios eterno; sólo en el mecanismo del proceso difieren, uno habla de proyección y el otro de sublimación del instinto reprimido. Pecata minuta.

Marx.- Pero si a eso unimos la teoría de un tal Marx, ya no se queda tan sola la psicología.

Lutero.- Tu materialismo histórico es tan desafortunado que preferiría no comentarlo. Te he cogido afecto, querido amigo.

Marx.- Yo también a ti, pero no evitarás que lo comente, aunque solamente sea por interés del lector- hizo un breve paréntesis y continuó- Bebí en las obras de Hegel su teoría de la "objetivación del trabajo". Cuando el hombre hace algo, es él mismo el que se objetiva en lo que hace, de tal manera que la manufactura del obrero se convierte en algo más que una "cosa", es también el espíritu del propio obrero convertido en mercancía. Al especular luego el empresario con esa mercancía, también está especulando con el autor del trabajo. Es una alienación del trabajador.

Lutero.- Perdona un momento, porque está claro que yo no soy capaz de escuchar un error y permanecer callado. En esa conocida teoría hay un fallo inicial. No se tiene en cuenta que ese maldito capital que compra el trabajo del obrero no es otra cosa que trabajo a su vez. Lo mismo que la manufactura no es únicamente una cosa, el capital tampoco es únicamente un montón de monedas, es realmente un montón de trabajo ahorrado y acumulado.

Marx no esperaba esa puntualización.

Lutero.- La materia no es una cosa en sí misma, es una acumulación de energía que se hace visible. De igual modo, eso tan etéreo, el trabajo, cuando se acumula se hace visible en capital. ¿No es eso, acaso, el salario del obrero?, ¿no es su trabajo del día convertido en monedas?

Marx.- No es que yo no lo supiera, es que no sé cómo te las arreglas, pero siempre tienes algo que decir. Te encanta destriparlo todo.

Lutero.- Me encanta buscar la verdad. El fondo real de tu problema, por tanto, no es como tú lo planteas, aunque te lo hayan admitido siempre, es que el trabajo acumulado del capitalista es enorme y compra el pequeño trabajo diario del obrero.

Marx.- Dicho de otra manera, el obrero tiene que vender su pequeño trabajo diario para poder subsistir, y el capitalista no porque tiene una enorme reserva de trabajo. ¿Te gusta más así? Lo cual conduce, según la ley de la oferta y la demanda, a que el segundo, que puede esperar, se aprovecha del primero, que tiene urgencia en vender.

Lutero.- Me gusta más porque es lo correcto.

Marx.- Con tu permiso y si no tienes más cositas que decir, voy a continuar. Es esa alienación, producida por el sistema económico, la que ha empujado siempre al trabajador a poner los ojos en el cielo, puesto que en la tierra le va tan mal. En mi teoría, por tanto, la causa del proceso no es ningún deseo espiritual de infinitud, como dicen Feuerbach y Freud, hay sólo un deseo humanísimo de escapar de la miseria, que es cosa muy distinta; si bien el resultado es el mismo: el hombre proyecta ese impulso reprimido de justicia hacia un ideal más allá de las nubes. Eso es todo lo que hay debajo de la religión.

Lutero.- En tu obra no la llamas religión, la llamas "conciencia invertida del mundo"

Marx.- Y seguro que tendrás algo que oponer.

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