Silvestre, el pollo mono Silvestre, el pollo mono
Explorando en el histórico ayer del festival vallenato podemos encontrar algunos episodios que han marcado sus diferentes etapas con la notoriedad alcanzada por protagonistas de renombre, principalmente estrellas del canto y el acordeón que subieron a la hoy relegada tarima Francisco el hombre en pos de un galardón.
Fue el primero de ellos Jorge Oñate cuando en el año 1972 con su melodiosa y potente voz y tocando la guacharaca con altanería le dió el soporte necesario a Miguel López para vencer aunque por estrecho margen al juglar de la sabana Andrés Landero.
Es indudable que jorge fue la pieza clave para el triunfo de Miguel, ya que en ese momento los hermanos López con Oñate representaban el más resonante canal de penetración del vallenato en todo el territorio nacional, aunque personalmente he pensado siempre que en el festival referido, Migue sin Oñate igualmente saldría vencedor, puesto que en ese momento fue el mejor ejecutante de todos.
Pasado este polémico capitulo, ninguno de los cantantes que disputaban fama y aplausos con Oñate se atrevió blandiendo una guacharaca a participar en el festival como acompañante de un aspirante a rey profesional del acordeón. Solo veinte años después, aprovechando que sin saber como, cuando, ni donde los organizadores del evento permitieron un cuarto integrante el cantante para el caso, Jorge Oñate repito la hazaña y con otro López, Alvarito el hijo de Miguel, constituyéndose este hecho en el primer caso en la historia del festival de padre e hijo luciendo sendas coronas.
Muchos años han transcurrido y lo cierto es que a los cantantes de fama les ha faltado agallas para empuñar “la caña de lata” que todos saben pulsar y lucirse en cualquier concurso y así compartir honores al lado de un soberano del acordeón.
Pero para el 2010, dieciséis años después de la segunda subido de Oñate al podio de los vencedores ya nos ha confirmado el sorprendente y revolucionario “pollo mono” del canto vallenato Silvestre Dangond, que esgrimiendo una guacharaca estará al lado del Juancho de la Espriella enfrentando los curtidos contendores que en los últimos años vienen subiendo de nivel haciéndose notar como futuros reyes del festival.
Lo cierto es que aquello será un suceso que marcará un hito en nuestra historia musical ya que este explosivo y fulgurante ídolo de multitudes es hoy por hoy la primera figura que tiene el vallenato y es casi seguro que su intrepidez y osadía servirá de acicate para que otras estrellas del canto guacharaca en mano, traten de seguir la trocha directo a la cima que el se propone abrir y que ofrecerá un espacio importante para los vocalistas de prestigios en los festivales vallenatos.
Silvestre y juancho paralelamente a su frenética “nueva ola” han venido en cada trabajo musical haciéndole honores al vallenato tradicional de los viejos juglares como una forma de ambientar un proyecto que la gente pide a gritos de grabar un CD con obras que en el pasado dejaron una bonita huella en el sentimiento del pueblo y así cautivar a todos los públicos con cantos de ayer pero con el sabor de hoy.
El hijo del “palomo” toca muy bien la guacharaca y si es capaz de friccionarla imprimiéndole esas ráfagas de metralla que suelta del brazo cuando en forma vibrante se agiganta en la tarima, De la Espriella tendrá el mejor acompañante con la mejor voz a su lado, esa que cautiva masas y seduce corazones por su poder natural de transmitir sentimientos ya sean parranderos, sentimentales o románticos. A su vez, el don Juan de Sincelejo que ya en la brillante interpretación del paseo “Carmen Gómez” y el merengue “Mi fama” ha mostrado sin reservas que es poseedor de la artillería suficiente para disputar una corona, podrá con el espaldarazo del maestro Memo Granados en la caja, realizar una faena de campeonato.
Que se alisten los gallos de todas las cuerdas porque desde ya Juancho de la Espriella y el “Pollo Mono” han programado su preparación para el próximo festival en el que sin dudas con este par de ídolos populares en la tarima se escribirá una página gloriosa de nuestra gesta folclórica.
Julio Oñate Martínez |