No sé si por la moral o por la religión se suelen asociar las "tentaciones" al demonio, como si esta fuera su única arma de seducción: las cosas bonitas o los momentos que prometen cualquier tipo de placer. Mi idea no está tan lejana de ello: cuando morimos empezamos a extrañar las cosas que no volveremos a vivir y recordamos aquellas que nos dieron cierto placer, así que esta imagen del demonio, con forma de tentación, tiene sentido, porque nos dice que no hay necesidad de espiritualidad sino de satisfacer deseos como los animalitos, como seres irracionales, que no pueden ejercitar ningún tipo de espiritualidad.
Para mí, la otra cara del "demonio" (de la que casi no se habla) es esa serie de vocecitas que nos hacen sentir derrotados, tristes e incapaces. Cuando nos invade la tristeza, la violencia llama a nuestra mente para hospedarse por un momento... y es en un momento en el que suceden muchas catástrofes, irreparables y altamente dañinas.
Si se tiene templanza, hay que orar en los momentos de tentación; pero si hay alegría, hay que reír a carcajadas con los pensamientos de tristeza o dolor... al "diablo" no le gustan las personas alegres.
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Inaportante (adj.) no existe;
Inaporte (n.), tampoco.