Un hombre va por el campo a caballo, un día terrible de sol.
Acompañado con su fiel perro que va trotando a su lado. El caballo jadea cada vez más y de golpe se frena, se da vuelta y dice con esa voz ronca que deben tener los caballos:
- ¡Tengo Sed!
Imagínense el susto que se pega el tipo que saltando al piso sale corriendo como alma que lleva el diablo. El perro, fiel, trota a su lado. Llegan a una laguna junto a una arboleda, donde el campesino se refresca y se recupera. No le queda nada por decir cuando el perro lo mira y le dice, con voz de perro:
- ¡Qué susto nos pegó ese hijueputa!