El día del cumpleaños de Nagiko, su padre, un calígrafo de Kyoto, escribe en la cara de su hija su nombre, mientras recita una fórmula que se antoja un versículo del Génesis. Luego escribe su propio nombre en el cogote de la chiquilla, para darle vida, como hiciera Dios.
"Cuando Dios modeló con arcilla al primer ser humano le pintó los ojos, los labios y el sexo. Luego escribió el nombre de la persona para que no lo olvidara..."