El Procesador
Es el cerebro de nuestro computador por ponerlo de una forma. Actualmente es quién ejecuta la gran mayoría de los procesos que conforman el sistema operativo (hay unos pocos que están a cargo del chip de video). Es por esto que su importancia no es menor, ya que de no disponer un procesador adecuado al sistema operativo que estemos usando (como por ejemplo usar un procesador que salió hace 6 años atrás para correr el sistema operativo más actual) podremos observar que la experiencia de uso de nuestra máquina se degrada bastante.
Actualmente para el mercado de computadores de escritorio existen tres grandes fabricantes de procesadores para equipos de escritorio: AMD, Intel y VIA.
Por un lado tenemos a AMD e Intel enfocados principalmente en lo que son productos de alto rendimiento, mientras que VIA se dedica exclusivamente a lo que son CPU de bajo consumo, ideales para minicomputadores tipo HTPC o cosas de ese tipo (Intel y AMD también tienen procesadores para esos propósitos también).
Empecemos derribando un gran mito: la velocidad “bruta” (es decir, la frecuencia o ese número que va delante de “Megahertz” o “Gigahertz”) NO lo es todo, de hecho se puede dar (y ha ocurrido) que un procesador por ejemplo de 3GHz sea en realidad más lento que otro de 2,4GHz.
Esto se debe a que lo que determina el rendimiento de un procesador es su arquitectura, que en palabras sencillas es como están dispuestos y relacionados todos los circuitos dentro del CPU para poder procesar las instrucciones que reciban. Poniéndolo de manera más gráfica, es como si para entregar el mismo paquete a un cierto punto, dispusiéramos de un automóvil por un lado y de una bicicleta por otro: mientras que la bicicleta puede pasar por callejones y otros pasos angostos y puede describir una línea relativamente recta para llegar a destino, el automóvil tiene que seguir el trazado de las calles y la dirección que estas tengan, siendo ésta en algunos casos una ruta más larga que la descrita por la bicicleta, lo que implicará que puede existir el caso en que la bicicleta cumplirá antes con el recorrido a pesar de tener una velocidad “bruta” a la del automóvil.
Por otro lado también tenemos procesadores de más de un núcleo (core en inglés, no confundir con la marca Core de Intel), siendo el máximo disponible al momento los CPU con 4 núcleos dentro de ellos.
Esto opera en la práctica de una manera muy similar a lo que es tener dos procesadores “físicos” en nuestra computadora (como ocurre muchas veces en el caso de los servidores o estaciones de trabajo profesionales). Ahora también tenemos que derribar otro mito bien común respecto a estos procesadores de más de un núcleo: el que un procesador corra a 2GHz pero tenga 2 núcleos no significa que esto equivalga a un procesador de un núcleo con una velocidad de 4GHz.
Esto es porque todo depende de como esté hecho el software que aproveche al procesador. Imagínense que tenemos a nuestro cargo dos trabajadores en una construcción y les tenemos que decir que tarea realizar. Tenemos dos posibilidades: decirles a los dos que hagan la misma tarea (como por ejemplo pegar ladrillos para hacer un muro) o decirles a los dos que hagan tareas diferentes. En el primer ejemplo, idealmente los dos trabajadores se demorarán cerca de la mitad de lo que se demoraría uno solo en hacer la pared; en el segundo, el primer trabajador se demorará lo mismo en armar la pared (no mejorará su velocidad) pero verá que al terminar la pared también están instaladas las cañerías (en lo que trabajó el segundo personaje). Esto finalmente significa que el comportamiento de un procesador de dos o más núcleos dependerá de como estén hechos los programas (software). Algunos programas saben darle instrucciones a los varios núcleos por lo que su rendimiento mejora mucho con un procesador de esas características; otros programas saben darle instrucciones que aprovechan sólo un poco estas características (con lo que el rendimiento mejora pero sólo un poquito) y otros lisa y llanamente no aprovechan para nada tener varios núcleos disponibles por lo que un procesador de 1, 2, 3 o 4 núcleos no hará ninguna diferencia en cuanto a rendimiento.
De todas maneras, en lo que siempre ayudará tener varios núcleos es en la “simultaneidad”: aunque un programa sólo sepa usar un núcleo del procesador, los otros quedarán disponibles para que simultáneamente yo pueda correr otros programas, sin que el computador se me pegue tanto como cuando hago algo así en un equipo que tenga un procesador con sólo un núcleo. ¿Alguien ha visto que pasaba en un computador muy muy antiguo (de un sólo núcleo) cuando tratabas de hacer un archivo zip y al mismo tiempo correr el antivirus y navegar por internet? El rendimiento se caía al suelo, andando todo muy lento y causando a veces que incluso el computador se pegara, siendo necesario que lo apagáramos y lo volviéramos a encender. Esto ya no sucede tanto con procesadores de varios núcleos, bajando el rendimiento un poco pero manteniéndose dentro de un margen muy aceptable.
Otra cosa con la que uno se encuentra en la descripción de un procesador es la llamada memoria Cache. Esta no es más que una memoria de muy alta velocidad (mucho más rápida que la memoria RAM de la que hablaremos unas páginas más adelante), la cual viene distribuida en varios niveles, dos por lo general, L1 y L2 (Level 1 y Level 2 respectivamente), que sirven para almacenar datos que el procesador ocupa frecuentemente con lo que se evita ir a buscar ese dato a la memoria RAM o al disco duro (que son mucho más lentos) a cada rato. Su importancia es esencial, pero no debemos guiarnos por la cantidad de memoria cache exclusivamente para elegir un procesador, ya que uno que tenga 2MB de cache no andará a la mitad de la velocidad que uno de 4MB y éste no andará mucho más lento que uno de 6MB. El rendimiento cambia pero no de manera drástica y no en todos los programas, ya que algunos dependen mucho del cache y otros casi nada o nada.