CARACAS.- El gasto de Venezuela en armas creció más de 4000 millones de dólares en los últimos dos años, lo que convirtió a esta nación en el mayor comprador de armas de América latina y la colocó delante de otros grandes compradores internacionales de armas, como Paquistán e Irán.
Oficiales de las fuerzas armadas y el gobierno de Venezuela afirman que las adquisiciones de armas, que incluyen decenas de aviones caza y helicópteros de combate, así como 100.000 rifles de asalto Kalashnikov, son necesarias para eludir una prohibición por parte de Estados Unidos sobre las ventas de armamento estadounidense a ese país.
Además, argumentan que Venezuela debe fortalecer sus defensas para contrarrestar una potencial agresión militar de Estados Unidos.
"Washington ha intentado paralizar nuestro poderío aéreo", dijo el general Alberto Muller Rojas, integrante del gabinete del presidente Hugo Chávez, al citar un reciente esfuerzo por parte del gobierno de George W. Bush enfocado a impedir que Venezuela adquiriera repuestos para aviones F-16, comprados en los años 80. "Nos sentimos amenazados y, como cualquier nación soberana, estamos tomando medidas para reforzar nuestra defensa territorial."
La reorganización de la estrategia militar de Venezuela, que incluye la creación de una enorme fuerza de reservistas civiles y ayuda militar a sus aliados, como Bolivia, se inscribe en el marco de una relación con Estados Unidos en constante deterioro.
El gobierno de Bush niega que tenga un plan para atacar Venezuela, que es una de las mayores fuentes de petróleo de Estados Unidos. Sin embargo, aquí persiste cierta desconfianza, luego de que el gobierno norteamericano apoyara tácitamente el golpe militar que, en 2002, removió brevemente a Chávez del poder.
La escalada en el gasto en armas por parte de Venezuela, que registró un aumento de 12,5% en 2006, generó severas críticas por parte del gobierno de Bush, que dice que es un problema con potencial desestabilizador en América del Sur y que es mucho más de lo que haría falta tan sólo para la defensa interna.
El gasto también desató un feroz debate dentro del país, con respecto a si Venezuela necesita invertir miles de millones de dólares provenientes de su venta de crudo en armas cuando la pobreza y la creciente tasa de homicidios aún son problemas urgentes. También creció la inquietud entre los vecinos de Venezuela, que temen que sus compras de armas alteren los equilibrios regionales de poder o den origen a un nuevo tráfico ilícito de armas a lo largo de las porosas fronteras de ese país.