Es curioso, ¿no?
Es curioso notar cómo la música va con la cultura. Mira la Primera Guerra Mundial, había una música. Recuerda la época de nuestros abuelos: tenían otra música. ¿Con qué crecimos nosotros? Ah, sí: con música.
Puede sonar absurdo pero la música es más importante que lo que parece, nos vuelve partícipes de unas ideas y sentimientos del momento. Si antes habían canciones de idilio y fidelidad, se respiraba un ambiente de idilio y fidelidad: el trabajo del campo, la sencillez y hermosura de las mujeres, la nobleza de los hombres... Ahora escucha cualquier canción: si no imploran perdón buscan compartir el lecho aunque sea por una noche.
Mi punto es que las y los cantantes deberían de dejar de cantarle al despecho y al perdón. "Ah, pero si es la realidad..." dirá la mayoría de personas, pero ¿qué dices tú? ¿la realidad no tiene derecho a ser cambiada? ¿tenemos que conformarnos con estas ideas de celos, depresión e infidelidad? ¿así criaremos a nuestros hijos?
La música nos identifica, nos etiqueta y, si las letras son sobre unicornios con el tiempo podremos ver caballos alados. ¿Y cómo los veremos? Con naturalidad, claro... ya estaremos acostumbrados.