La habilidad musical
Lo que podríamos denominar 'habilidad musical' no es en realidad un concepto unitario. Se trata, en realidad, de un conjunto de habilidades y aptitudes musicales concretas que incluyen elementos perceptivos, ejecutivos y de memoria, tanto sensoriomotora como de memoria tonal, o imaginería auditiva. Dentro de las aptitudes concretas podríamos mencionar las relativas al tono, timbre, ritmo, intensidad o armonía, tanto en sus aspectos perceptivos como ejecutivos. Tales aptitudes concretas pueden ser específicas o aparecer de forma conjunta en un mismo individuo
Elementos perceptivos
La audición es la función básica y fundamental de la conducta musical. El sonido es un fenómeno puramente mecánico producido por vibraciones físicas. Sin embargo, posee unos parámetros fundamentales: tono, timbre e intensidad, cuya discriminación requiere una complejísima organización neuroanatómica. Las ondas sonoras son recogidas por un conducto en cuyo extremo se halla una pequeña membrana interna, el tímpano. Las vibraciones del aire hacen que el tímpano vibre. Esta vibración del tímpano en respuesta a cambios de presión es solamente el inicio de una larga cadena de acontecimientos que, en última instancia, dan lugar a la percepción del sonido. La vibración del tímpano se transmite, aún en un proceso puramente mecánico, a través de tres pequeños huesecillos del oído medio hasta otra membrana, la ventana oval, una abertura ósea situada en la pared de la cóclea. Esto provoca la vibración de la membrana basilar, que traduce el estímulo mecánico en impulsos eléctricos. Estos impulsos eléctricos viajan a través de diversos haces de vías nerviosas (conjuntos de axones) hasta la corteza auditiva, donde es interpretado. Sin embargo, la discriminación auditiva permite diferenciar elementos concretos del estímulo sonoro organizado. Los tonos, por ejemplo, se reconocen porque estimulan regiones anatómicas diferentes en el oído interno y esta organización se mantiene a lo largo del recorrido del nervio auditivo que, a su vez, sinapta con áreas específicas de la corteza auditiva, en lo que denominamos una organización tonotópica. Actualmente, se admite que existe una corteza auditiva de procesamiento 'grosero' del estímulo auditivo, cuya misión es categorizar el estímulo sonoro y otra más especializada, responsable de la integración de la sensación auditiva con conceptos e ideas almacenadas en la memoria, permitiendo, por comparación con experiencias previas, la interpretación de esta sensación en el marco de cánones estéticos, culturales o personales.
Esta percepción categórica auditiva nos permite reconocer múltiples variaciones de una misma señal, agrupándolas en unidades mayores. Esta habilidad es lo que nos permite reconocer las sílabas o las notas musicales. Así, la modalidad sensorial auditiva incluye dos procesos cognitivos cualitativamente diferentes: lingüísticos y musicales. Existe, de hecho, una relación estrecha entre música y lenguaje en el nivel perceptual, de forma que ambos sistemas pueden ser considerados como sistemas formales elaborados, capaces de transmitir una información concreta, pero también unos valores culturales, sociales, emocionales e intelectuales
El estudio de diversos casos de lesión cerebral ha demostrado que el hemisferio derecho produce una discapacidad específica para el reconocimiento de la información musical. Por el contrario, lesiones en el hemisferio izquierdo producen alteraciones en tareas de memoria musical (Ayotte y col., 2000). Por otra parte, en diferentes estudios en los que se han empleado técnicas de imaginería cerebral, se ha podido demostrar que los músicos establecen una percepción categórica para los tonos similar a la que se establece para las consonantes en el lenguaje. Para ello, la información musical se lateraliza de forma diferente en los profesionales de la música que en aquellas personas cuya relación con la experiencia musical es meramente recreativa, de forma que la información musical es interpretada en los primeros por el hemisferio izquierdo, estableciendo un nivel profundo de análisis, mientras que en los segundos la información se dirige hacia el hemisferio derecho, en el que únicamente se capta el contorno melódico, sin penetrar en un nivel analítico profundo. Así, podemos concluir que el sonido musical organizado se articula en diversos parámetros, cuya discriminación y análisis son realizados por el sistema auditivo. La integración y reelaboración de esta información depende de la habilidad tonal innata y de la experiencia previa de cada individuo.
En lo que se refiere al procesamiento cognitivo de la experiencia musical, existen pocos trabajos que aborden esta cuestión de forma sistemática. Uno de ellos evalúa las variaciones en la actividad eléctrica cerebral ante el estímulo musical. En concreto, investiga la influencia de un precontexto musical sobre el procesamiento de la información en músicos y en personas no dedicadas profesionalmente a esta actividad. En el estudio se introdujeron en secuencias de acordes elementos sonoros no esperados. Estos sonidos provocaban una activación básicamente en el hemisferio derecho, que se correlacionaba directamente con la experiencia musical o el contexto armónico previo (Koelsch y col., 2000).
Existen, dentro del sistema cerebral de percepción auditiva, otros elementos interesantes que constituyen lo que denominamos 'habilidades tonales' específicas. Así, somos capaces, por ejemplo, de establecer una audición selectiva. Es decir, podemos ignorar determinados estímulos sonoros y esto se consigue, desde el punto de vista biológico, impidiendo la transmisión del impulso nervioso a través de los haces de axones. Una de las habilidades tonales más apreciadas es lo que se denomina tono u oído absoluto. Se trata de la capacidad de producir a voluntad una frecuencia concreta, sin un sonido de referencia. Esta habilidad, que en algunos ámbitos culturales ha sido considerada como indispensable para poder realizar estudios musicales, se traduciría, a nivel biológico, en una representación cerebral estable del tono. Se ha discutido largamente acerca del innatismo de esta cualidad, sin embargo, no se ha podido establecer con claridad si aparece de forma congénita o es algo adquirido a través de la experiencia auditiva temprana. Actualmente sabemos que los músicos que lo poseen presentan una asimetría en una de las regiones cerebrales más relacionadas con el lenguaje, el planum temporale. Muchos aspectos del procesamiento melódico dependen de la integridad de las cortezas temporal superior y frontal y, más específicamente, las regiones de corteza auditiva situadas en el giro temporal superior derecho se encuentran implicadas en el análisis del tono y el timbre. De igual forma, la memoria de trabajo para los tonos musicales depende de la interacción entre las cortezas temporal y frontal. Al contrario que el oído absoluto, la habilidad armónica y el sentido del centro tonal, van aumentando con la edad y son fenómenos básicamente culturales, de forma que las preferencias por la consonancia o la disonancia no son en absoluto transculturales.
Otro elemento que condiciona de forma muy importante el tipo de habilidad musical es la memoria tonal, o memoria para configuraciones secuenciales de tonos. Esta memoria va aumentando con la edad, pero no con el grado de experiencia musical, si bien esta habilidad se pierde más fácilmente en individuos con una experiencia musical limitada. Más aún, niveles elevados de experiencia musical en personas de edad avanzada atenúan el efecto negativo de la edad sobre la memoria y la velocidad de percepción (Meinz, 2000). Relacionada con esta cualidad está la imaginería auditiva, entendida como la representación auditiva musical en ausencia de sonido físico. Ambas son muy apreciadas entre determinados sectores de músicos profesionales, como los directores o los compositores.