Otro Poco de Ayuda...
Tanto la infidelidad sexual como la mayor agresividad de los hombres se debe a una herencia hormonal animal. En los primates superiores, las funciones sociales e instintivas de machos y hembras están bien caracterizadas. Las hembras cuidan de la prole, recolectan alimentos en el territorio y se relacionan y protegen mutuamente, creando el núcleo social coherente del grupo. Los machos cazan o recolectan en el exterior, colonizan nuevos territorios, mantienen a raya a los intrusos, protegen al grupo de depredadores, y compiten entre sí por el liderazgo y el favor de las hembras.
Por otro lado, los primates no suelen ser monógamos. Su forma sexual de vida es completamente promiscua, y los machos suelen perseguir al mayor número de hembras posible, con el fin de asegurar su herencia genética.
Todas estas tareas requieren una dosis alta de agresividad y violencia, que se impulsa, entre otras cosas, a través de un alto índice de testosterona.
Todo esto hace que, por naturaleza, y como herencia, nos sea más difícil controlar nuestros impulsos sexuales, así como nuestra agresividad.
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