Amadou & Mariam 
De lo que carece un sentido, se llena el otro.
El encanto por la música es algo que descubrimos cada día en diversa entonación. Cada disco lo revive a su modo.
Mali es el paraíso actual de la música africana (sino pregúntenle a Damon Albarn – líder de Blur y Gorilaz-; nos ocuparemos después) y Amadou formó parte de la mítica
Les Ambassadeurs, legendaria orquesta panafricana cuyo sonido exploraba melodías tradicionales mandingas, ritmos cubanos y canciones francesas con guitarras eléctricas.
Les Ambassadeurs representó una plataforma de lanzamiento junto a la
Rail Band para numerosos músicos de la época entre los que destaca un viejo conocido y adorado:
Salif Keita. Amadou y Mariam se conocieron hace 25 años en el
Instituto de Jóvenes Ciegos de Mali. Y desde ese día no se separaron. En los años 80 se trasladaron a vivir a la región de Abidjan, donde consiguieron mucho éxito. En los 90 se trasladan como la mayoría de los músicos de su generación a París, donde consiguieron finalmente el éxito merecido. Allí son reconocidos por Manu Chao, un terrible fanático que les propone grabar y producir un disco juntos. Melodía tradicional, blues y pop africano/europeo envuelven el disco. La mano negra y clandestina de Manu Chao es perceptible en varios temas, llenos de frescura y compromiso social. Considérese feliz.
De Mariam poco o nada se puede decir, es una de esas voces sobre la que uno no puede expresarse ni comentar sencillamente, basta oír. De lo que carece un sentido, se llena el otro.
Y en suma, la belleza del disco asoma dimensiones básicas. Superiores.