En el cielo y para el cielo,
No tan dichoso, ¡ay de mí!
Ha sido el hombre creado:
Vive en pugna y en error,
Él no es el predestinado.
Sin saber lo que está viendo:
En su fuente van vertiendo
Y con éste, Dios lo ha escrito,
¿Y quién la depura? ¿quién
La vuelve a su manantial?
¿Quién esa fuente del mal
Y ¡ah! con la balanza traidora
El mal lo palpa y lo apura,
El bien lo sueña… o lo llora:
Cuando uno es feliz lo ignora,
Cuando infeliz, bien lo prueba,
Parece que Dios nos lleva
Dándonos íntegro el daño,
Para que el bien se nos deba.
El mal es piedra que cae,
Niágara que se desprende;
El hombre no lo suspende,
Que él es nuestro fin preciso,
Sobre este infierno, hacia él
Ley que condenarnos quiso.
La tempestad nos presenta
Un rayo de luz los trajo,
Así en la eterna tormenta
A una pulsación nos vino,
Y huye en otra pulsación.
Siempre el mal va acompañado
De algo indeleble y eterno,
Y él tiene más de infierno
Que del cielo al bien se ha dado:
El bien como que es prestado;
Más ¡ay! Bien propio es el mal,
Y aún las veces que el mortal
Más verdad que el bien real.
Es el dolor de su ausencia
Y nos duele en su presencia
Un bien que no ha de volver
No diese treguas al pecho,
Dios en el recuerdo ha hecho
Mientras que el mal es sobrado,
Y el mal hace desgraciado,
Pero un bien feliz no hace;
Cuando no halla qué llorar.
De angustia i risa despojos,
Y cuando libres de enojos
Bien nos dice que mentimos
El llanto que hay en los ojos.