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| Los Angeles caídos... Serenata de profesías para Medallín Dentro de los cientos de escritos realizados por miembros de los grupos, muchas veces personas que solo participaron pocas veces, se creo un panel destinado a exponer las denuncias desde el punto de vista de los cuentos, relatos, historias, poemas (rimas más bien), historias de la via real, como esta, tejida desde hace más de una decada... Por favor tengan en cuenta, que a veces el dolor es tan fuete y la impotencia tan enorme que se pueen herir suceptibilidades sabiendo verdades. Disculpen en todo caso si a alguien pudieran ofender estos textos (para Colombia hay varios de diversa índole), pero hace parte de la historia de la pedofília en nuestro país. __________________________________________ Los Angeles caídos... Serenata de profecías para Medellín Seguía las huellas de un ángel caído... Se detuvo en la vitrina, recostando su cabecita bien rapada en el vitral, precisé que pensaba...
Cuantas alegrías pudiera lograrse y cuantas tristezas evitaría si a su lado estuviera un ejemplar padre...
Sonríe, quizá si leí su pensamiento, mira para todos lados de la calle, cruza la acera varias veces, creo que quiere perder el tiempo...
Como es físicamente?
De altura, es hasta mi oreja, de su peso podría decirse que no más de cuarenta kilos; tiene una sudadera verde, como siempre, una camiseta sin mangas no muy fina, un arete en su orejita izquierda, y en sus dedos anillos de cobre, acero y otros de carey seguramente. Y seguramente también sus alhajas e siempre, sus manillitas del “Verde” y en la billetera imitación Totto las fotos de sus jugadores favoritos, una hojita de marihuana reseca recuerdo de alguno de sus “parceros” de la comuna, la foto de una amiguita, un relicario miniatura y la estampa de la “virgencita”... Y en su tobillo, una piola roja con negro y verde de la cual penden traviesas la figurita del divino niño y la de la virgen María, ya con los cristales tan opacos que no se diferencian cual es poderoso o la virgen... Santísima confusión divina...
En su brazo izquierdo bronceado, reluciente, el tatuaje que le hice, en letras chinas, no se si lo recuerde... Lloraba pero apretando un pañuelo entre sus dientes duró tres horas mientras le marcaba su piel con la maquinita que me inventé para dejarle mi rastro para siempre... Tinta vegetal negra, labrado en letras chinas quedó en su piel mi huella...
Su cabello escaso deja una colita de pelo por detrás, la acicala cada diez pasos, se pasa su mano por la frente, sigue su camino y yo le sigo, silente y curioso...
Se detiene ante una venta de buñuelos, fritos y refrescos callejeros... Mira a su dueña, mujer paisa, de trenzas, limpia y pulcra, regordeta... Saca de una cazuela unos pasteles...
Angel parece hambriento. La mujer le mira y le guiña su ojo izquierdo...
- se le ofrece?
Angel, sonríe, sigue su camino, se cubre el cuello para que nadie perciba que pasó saliva... A su doce lustros primaverales oscilantes... Aguantando hambre callejera.
Quise llamarlo y ofrecerle, pero soy discreto y además quiero seguirle viendo sus rumbos desconocidos... Presiento que no ha cambiado mucho.
Llega al Parque, se detiene, sube la butaca y se sienta en el recostadero, las piernas bronceadas cubiertas hasta la pantorrilla, tiene arremangada la sudadera verde, como siempre...
Se rasca la pierna izquierda, pone su quijada en la mano derecha que tiene recostado su codo en la otra pierna, bosteza...
Me acerco para verle sus ojos, presumo tristes...
Lo están... Desdén me acompaña en estos casos, cuando salgo en solitario siguiendo los pasos de ángeles caídos.
Y él, no habla con nadie. Tiene de seguro su cuerpo adolorido, dormir en las calles no es tan bueno! Mucho menos en camastros y menos aún acompañados de degenerados amantes... Se nota su cansancio, no se ve mal alimentado pero su cuerpo parece que ha sufrido, las ojeras de color violeta y gris me lo dicen...
Se rasca la cabeza, se levanta con pereza y se dirige de nuevo al asfalto... Pregunta de forma pícara a un vecino que horas tiene, se mete los dedos en la boca, zarandea su cabeza, le pide una moneda y quien se la niega?
Le da quinientos pesos... Acaricia la moneda, la tira al aire a dar unas vueltas como queriendo que se le multiplique... Se le cae, la recoge, le mira la fecha. Se detiene, hace cuentas con los dedos, se toca la boca y sonríe...
Camina con ligereza, menea su cuerpo como si bailara al acordarse de algo bueno, ahora brinca en tres pasitos y luego corre ligerito atravesando la calle; se ven los teatros, un restaurante gigante, unos video juegos, la heladería...
Pienso, que bien que invierta su dinero, aunque poco en algo de comida, si le alcanza me digo...
Pero no, su rumbo no es de ordinario... Se va enfilando curiosamente mirando hacia “las maquinitas”, los video juegos...
Maldito vicio me digo... Entra en el local y cambia su moneda por dos fichos. Las guarda como si fueran de oro puro; es extraño si fuese comida no las saborearía con tanto gusto...
Sale de nuevo de “las Maquinitas”... Se para al frente, pareciera que buscara a alguien...
Se da vuelta, mira como juegan otros niños, como él, también hambrientos de seguro...
Se saluda con algunos; extrañamente observo que todos tiene sus alitas invisibles, todos ellos son ángeles caídos...
- Mono vení!
Le grita un pequeñito delgaducho... Y se saludan de un medio abrazo de amigos. Se dicen cosas al oído, se ríen, miran otros niños y hablan de sus intimidades...
Saca el flacuchito un bombón de su bolsillo, ya está chupado pero tiene el papelito de su original envoltura. Se lo ofrece. “Mono” lo recibe sin reparo, lo desenvuelve y se lo pega en los labios, cierra los ojos y doblando su cabecita rapada dice como sensualmente:
- mmmm que rico!
Cont
__________________ Full screen Toda la noche, todo el día, acunando la vergüenza, enseñando al odio a vivir sin ofender a quien más amo… En un rincón privado para las almas buenas, yace solitaria mi prisionera pena… La sangre cubre mi condena... |