La primera carrera, disputada el domingo en el circuito de Sakhir, ha despejado las dudas sobre la competitividad de equipos y pilotos y ahora ya se puede afirmar que ni el alemán Michael Schumacher (Ferrari), ni el finlandés Kimi Raikkonen (McLaren-Mercedes) le van a hacer la vida fácil al asturiano.
Fernando Alonso volvió a mostrar su solidez y luchó de principio a fin de la carrera con Michael Schumacher. Las diferencias entre ambos nunca fueron superiores a los cinco segundos y cuando ambos se emparejaron al final de recta, tras la segunda parada del español, éste volvió a salir vencedor de la contienda y le ganó el asalto al alemán como el año pasado en el Gran Premio de San Marino.
Alonso es claro aspirante a renovar el título mundial, pero mucho dependerá de cómo evolucione el R26. En los entrenamientos invernales parecía superior al resto, pero en Bahrein otros tres coches han demostrado estar a su altura: los Ferrari, los McLaren y los Honda.
Ferrari y Michael Schumacher han vuelto por sus fueros. Durante todo el fin de semana estuvieron entre los más rápidos, y los neumáticos Bridgestone que calza su coche se han mostrado a la altura de los Michelín de Renault.
Después del infierno de la pasada temporada Michael Schumacher mantiene intactas sus ansias de victoria, aunque haya sufrida una nueva derrota frente a Alonso. Y si sigue así parece difícil que decida retirarse a final de temporada.
El finlandés Kimi Raikkonen (Mclaren-Mercedes) continúa con su gafe, y de no ser por la rotura de la suspensión trasera derecha en la sesión de clasificación, que le relegó al último puesto de la formación de salida, al que parece abonado -sale más veces desde el fondo que desde la primera fila-, podría haber ganado perfectamente la carrera.
Su ascenso al tercer puesto, su única parada para repostar y cambiar neumáticos, en contra de la lógica, y el cruzar la línea de meta a sólo 19 segundos del vencedor, le hacen de nuevo temible, sobre todo cuando el coche sea fiable.