La Historia Sin Fin
Autora: Flébil
Capítulo 1: El Eco en la Pantalla
El reloj de la pared marcaba las 3:14 AM. El silencio en el apartamento era tan denso que el suave zumbido del ventilador de la computadora sonaba como el motor de una turbina. Elena no podía dormir; la luz azul del monitor era su única compañía, proyectando sombras alargadas sobre las paredes desnudas.
Entró en L’Inconnue, un foro de acceso restringido donde los hilos de conversación no tenían títulos, solo coordenadas geográficas que cambiaban cada hora. No buscaba romance, buscaba una distracción para el vacío.
De pronto, una notificación parpadeó en la esquina inferior:
Usuario: Orion_9
-“¿Alguna vez has sentido que estás leyendo un libro que no tiene última página?”
Elena detuvo el cursor. Sus dedos dudaron sobre las teclas, pero la curiosidad, esa vieja chispa peligrosa, fue más fuerte.
Usuario: Selene_V
-“Todo el tiempo. Pero la mayoría de la gente se asusta cuando se da cuenta de que el final no existe. Prefieren la seguridad de un punto final.”
Orion_9:
-“Yo prefiero el abismo. Hay una elegancia en lo inacabado. Dime, Selene… si supieras que este hilo nunca va a cerrarse, ¿qué sería lo primero que me confesarías?”
Elena sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura de la habitación. Había algo en la cadencia de sus palabras, una seguridad casi física que traspasaba la frialdad de los pixeles. No era la típica charla de un extraño en la red; era una invitación a un juego donde las reglas se escribían sobre la marcha.
El Encuentro de las Sombras
Al otro lado de la ciudad, o quizás del mundo —en la red las distancias son una ilusión—, Julián observaba la respuesta de Selene. Bebió un sorbo de café frío, sus ojos fijos en la pantalla. La mayoría de los usuarios en ese foro buscaban secretos oscuros o transacciones ilegales, pero ella… ella respondía con una melancolía que le resultaba familiar.
Selene_V:
-“Te confesaría que odio el sonido del silencio después de las tres de la mañana. Se siente como si alguien estuviera escuchando mis pensamientos.”
Orion_9:
-“Tal vez lo estoy haciendo. Puedo imaginarte ahora: la luz del monitor reflejada en tus ojos, la duda en tus labios antes de enviar cada mensaje. Estás sola, pero te gusta la idea de que, por un segundo, yo esté ahí contigo.”
La respiración de Elena se agitó. La descripción era demasiado precisa, demasiado íntima. La sensualidad del anonimato empezaba a mezclarse con una inquietud creciente. ¿Quién era este hombre que parecía conocer la textura de su soledad?
La Primera Pista
Antes de que pudiera responder, Orion_9 envió un enlace. No era una imagen, ni un video. Era un archivo de audio de apenas cinco segundos. Elena conectó los auriculares y presionó play.
Lo que escuchó no fue una voz, sino el sonido de una respiración pausada y, de fondo, el repique de una campana de bronce, un sonido antiguo, pesado. Un sonido que ella reconoció de inmediato.
Era la campana de la catedral de la plaza vieja, a solo tres calles de su casa.
Orion_9:
-“El misterio no es quién soy, Selene. El misterio es por qué ambos estamos buscando lo mismo en el lugar equivocado. Mañana, cuando la campana suene a mediodía, deja de leer y empieza a observar.”
La conexión se cortó. El hilo desapareció. El foro L’Inconnue se actualizó, borrando cada rastro de la conversación. Elena se quedó mirando el reflejo de su propio rostro en la pantalla negra, con el corazón latiendo desbocado y la extraña sensación de que la historia, efectivamente, acababa de empezar.