Respuesta: Cosas que me gustan …Lo más difícil de vivir con un perro no es lo que crees.
No es salir con él bajo la lluvia, en el frío, cuando estás cansado y todo te duele.
No es renunciar a viajes, a planes, escuchando: «Ven sin él».
No es el pelo en todas partes — en la cama, en la comida, en los labios.
No es limpiar una y otra vez, sabiendo que pronto volverá a estar sucio.
No son las facturas del veterinario ni el miedo de perder algo importante.
No es la libertad perdida — porque ahora la libertad se llama «nosotros».
Y no es que tu corazón ya no te pertenezca.
Todo eso es amor. Todo eso es vida. Todo eso es tu elección.
Lo más difícil llega despacio, como un dolor antiguo, como el frío que se mete en los huesos.
Un día simplemente ves: ya no puede.
Lo intenta, pero no puede. Corre hacia ti, pero más despacio.
Los ojos son los mismos, pero en ellos brilla un «Estoy aquí, pero me cuesta».
Y recuerdas cómo era. Y cómo se volvió — todo tuyo, fiel hasta el final.
Siempre creyó que estarías allí, que lo ayudarías, que lo salvarías.
Y lo hiciste. Pero ahora no puedes salvarlo de la vejez.
Lo más duro es saber que para ti fue luz,
pero para él tú eras todo su universo.
Vivió por ti, respiró por ti, te amó con todo su ser.
Y tú no estás listo. No estás listo para dejarlo ir.
Luego llega el silencio.
La almohada vacía. El cuenco que nadie lamerá.
Y tu corazón — herido.
Sales de nuevo — pero sin él.
Y te descubres diciendo al vacío: «Vamos, mi buen amigo».
Pero si pudieras volver atrás en el tiempo — lo elegirías otra vez.
Con todo el dolor, con todo el cansancio, con todo el amor.
Porque es verdadero.
Tener un perro en tu vida es dejar entrar el fuego,
que te calentará para siempre. Incluso cuando se apague. |