Denunciante Épico
| Nos gobierna un charlatán
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5,00 | Cita: Nos gobierna un charlatán El charlatán político siempre actúa igual: promete el cielo, culpa al pasado, concentra el poder y destruye la meritocracia. Luis Felipe Henao En tres años, Colombia ha sido tomada por un modelo ideológico que ha vaciado la cultura democrática. Prometieron justicia social y terminaron imponiendo un proyecto autoritario, totalitario y profundamente intolerante. No es un mal gobierno más: es la instauración de un totalitarismo de izquierda y radical, que ha convertido la política en un espectáculo de palabras huecas.
Como advirtió Gretel de Francesco en ‘Il potere del ciarlatano’ (1937), hay líderes que hacen del discurso un fin, no un medio. Son brujos promeseros que seducen con palabras y, una vez hipnotizada la multitud, la conducen hacia el abismo que siempre tuvieron planeado. No gobiernan: encandilan, distraen, engañan. Y el resultado es un pueblo marchando feliz... hacia su propia ruina.
La paz que multiplicó la guerra. En diciembre de 2024, la Defensoría del Pueblo advirtió sobre la presencia de grupos armados en 790 municipios; en 430 de ellos, disidencias, Eln y ‘clan del Golfo’ ejercen control territorial. Esto es un aumento del 45 % en solo tres años. La llamada ‘paz total’ se convirtió en un salvavidas para los ilegales: ceses del fuego que sirvieron para expandirse, estrategias de “regionalización” que incentivaron nuevos grupos armados y más de 1.000 niños reclutados, según Unicef.
La bancarrota como bandera. En 2024, el déficit fiscal fue el más alto en dos décadas (6,8 %) y este año se proyecta al 9 %. La deuda externa creció un 10 % y llegó a 201.136 millones de dólares, un récord histórico. El populismo repite el libreto: gastar sin producir, endeudar para sobrevivir e hipotecar el futuro. Vargas Llosa lo resumió bien: “El populismo es la máscara democrática del autoritarismo”.
Diplomacia degradada. Durante la campaña, Petro prometió profesionalizar el servicio exterior, pero en la práctica lo convirtió en botín político, eliminando requisitos claves como el inglés y nombrando por afinidad ideológica. Peor aún, se avecinan sanciones de EE. UU. por el aumento complaciente de las hectáreas de droga y por el apoyo a narcodictaduras como la venezolana. Por eso, y como cortina de humo, se están inventando un conflicto distractor con Perú para esconder la crisis. "No es un mal gobierno más: es la instauración de un totalitarismo de izquierda y radical, que ha convertido la política en un espectáculo de palabras huecas"
Salud: la lenta agonía de un sistema. En junio, la Contraloría reportó deudas por 32,9 billones de pesos con las EPS. La Defensoría señala que las quejas por acceso a salud aumentaron un 75,7 % en solo dos años. Esto no es un colapso accidental: es asfixia deliberada. El famoso Shu, shu, shu se cumplió.
Institucionalidad bajo ataque. Petro no respeta la independencia de la justicia. Solo salió a ‘respaldarla’ cuando la juez 44 emitió una sentencia –injusta y cuestionada– contra su principal rival político. El resto del tiempo, ataca a las cortes y acusa a la justicia de ser responsable de un supuesto golpe blando.
La relación con el Congreso se ha reducido a confrontaciones personales y acusaciones de traición por no apoyar sus reformas. La separación de poderes está siendo dinamitada desde el corazón mismo del Estado.
Corrupción sin freno. Es claro que la campaña presidencial de Petro fue financiada ilegalmente. El llamado “pacto de La Picota” fue una estrategia para que, a través de delincuentes condenados, se asegurara un caudal de votos para llegar al poder. Después vinieron los escándalos: el caso de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, con 200.000 millones de pesos comprometidos y 7 congresistas, 5 ministros, un exdirector de inteligencia, el exdirector del Dapre y el de Función Pública investigados. Sin mencionar los contratos fantasma y el abuso en la utilización de los aviones de Juliana Guerrero.
El peligro que persiste. El charlatán político siempre actúa igual: promete el cielo, culpa al pasado, concentra el poder y destruye la meritocracia. Chávez comenzó con un relato seductor y terminó con una democracia vacía.
Hoy, Colombia vive ese libreto, el cambio fue en reversa estos tres años. |
Fuente: El Tiempo  |