Respuesta: mi madre y yo de vacaciones parte 1
Mamá se gira y sigue cepillando su pelo mojado de camino a su habitación, al tiempo que mi mente calenturienta no deja de imaginar en despojarla de su albornoz y acariciar todo su cuerpo desnudo y poder admirarla así, reflejada en el espejo de su armario, soñando con sus enormes pechos, sus fuertes y rotundos muslos. Con tan solo imaginar esto tengo otra erección monumental. Me acaricio sobre el pantalón del pijama. Nunca la he visto desnuda, pero casi no me hace falta, mi imaginación ha hecho el resto para tenerla grabada a fuego en mi mente como si fuera en pelotas por la casa cada día.Mi madre, como supongo digan todos los hijos, es la persona más importante de mi vida y alguien a quien amas y que te ama por encima de todas las cosas, esto está claro, sin embargo, de un tiempo a esta parte, por no decir los últimos seis años, mi madre ha pasado a formar parte de algo mucho más especial para mí, algo más que un amor y que rebasa con creces esa frontera materno-filial. Todo lo que veo en ella, además de esa parte, es la de una mujer preciosa que me atrae sexualmente por los cuatro costados.A sus 42 tacos, mamá está especialmente buena y puede que esto no sea objetivo viniendo de mi parte, claro, pero puedo jurar que se conserva a las mil maravillas. Guarda una figura excepcional, con un cuerpo estilizado y armonioso. No es excesivamente delgada, porque creo que una mujer debe tener carne y curvas... muchas curvas. Así es mi madre, poseedora de armoniosas redondeces y en su justa medida, como tiene que ser... y ¡ojo! no sólo lo pienso yo, ya que despierta atracción por donde quiera que va. Su pelo negro largo, sus ojos color miel, su boca de labios gruesos, su pecho de talla 105, una cintura que sin ser aquella de cuando yo nací, sigue manteniendo esa proporción perfecta con respecto a su pecho y caderas.
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