Lo cierto es que la imagen de mamá a través de la mampara translúcida de la ducha no permite ver mucho que digamos, sino que me hace emplear bastante la imaginación, pero siempre que ella permanece ahí, al otro lado de ese cristal blanco, puedo descubrir e intuir su cuerpo desnudo, sus enormes tetas, sus armoniosas caderas, su cintura… es verdad que pueden ser sombras borrosas de un cuerpo más bien indefinido, pero que a mí resulta todavía aún más morboso. Me encanta observarla, ver cómo se mueve tras ese cristal mientras se la oye canturrear y el agua cae sobre su cuerpo, momento que aprovecho para masturbarme imaginándome dentro del cubículo con ella, abrazándola, sintiendo como las gotas de agua caerían sobre nuestros cuerpos desnudos abrazados, imaginarla así despelotada y sin mampara, es una delicia, casi puedo palparla, ver sus curvas sin nada de ropa, disfrutar de su cuerpo entero para mí, sentir que está cachonda, tanto como yo.El grifo se apaga de repente y salgo pitando del baño, intentando meter mi polla lo antes posible dentro del pijama a duras penas. Me siento en el sofá y disimulo leyendo una revista como si nada hubiera pasado. Me tapo con el cojín la entrepierna.Mamá sale de la ducha envuelta en su pequeño albornoz, que apenas enseña nada, es cierto, pero que a mí me parece estar viendo a una obra escultural… Su pelo moreno mojado, el escote que deja entrever el inicio de sus senos y sus piernas morenas asomando por abajo son imágenes que me trastornan, que despiertan mi instinto más animal.¿Estás seguro de poder quedarte solo unos días, cariño? - me pregunta con su cabeza ladeada y cepillando su cabello todo lo largo que es. Esa pose me parece la más erótica del mundo.
¡Que nooo, mamá, que estoy bien, que ya soy mayorcito…! - respondo yo con la cantinela de siempre.